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sábado, 17 de octubre de 2009

Adiós, Andrés, jugón

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/

“No os obsesionéis por la permanencia, trabajad por ella, que en la misma situación que vosotros está media liga española”, fue lo que me dijo cuando le comenté lo difícil que iba a resultar mantener al Almería varias temporadas en Primera. Fue en un encuentro casual, en Valencia. Estaba, en el hall del hotel, en uno de esos ratos que no se sabe qué hacer, leyendo la prensa del día. Se sentó cerca de mí con el mismo propósito. El diálogo fue casi inevitable, por la cercanía. Incluso desviamos la conversación hacia asuntos ajenos al deporte. Me sorprendió su visión de la situación económica y del mundo de las finanzas, cuestiones que me dio a entender que le interesaban mucho. “No es Estados Unidos quien tiene la llave de la crisis, es China”, donde parece que tenía algo. Sobre su peculiar forma de narrar los partidos, se lo dije: “Sabes que media España te adora y la otra media no te soporta”. “¿Y tú en qué parte estás?”. “Yo, en la segunda –creí que la conversación había alcanzado un grado de sinceridad suficiente como para evitar los cinismos-, pero tengo en mi casa uno que te ha convertido en su fans número uno”. Y le dije la verdad. Al poco rato bajó de la habitación, el junior, y se enfundó con él en un fuerte abrazo. “Eres genial, tío”. Me dio a entender que estaba retransmitiendo partidos por pura circunstancia, que su afición andaba por otro lado, pero que se había subido al carro futbolero porque no en vano era el deporte que despertaba “pasión de multitudes”.

Era un tipo que estaba ya de vuelta de muchas cosas. Eso parecía, al menos. Incluso creo que, en el fondo, despreciaba a quienes pierden un rato de sueño por sufrir los colores de un equipo. Ahora he sabido que libraba una dura batalla por su salud. No pasará a la posteridad como un narrador anodino. En las retransmisiones de baloncesto pocos le podían superar. En las futbolísticas marcó estilo, y posiblemente fue eso lo que le devoró.

Se nos acaba de ir. No se puede decir que ha pasado por este mundo televisivo sin pena ni gloria. Todo lo contrario: Ha pasado con pena y con gloria. Y con personalidad y criterio propios. No es poco. Es mucho para un lugar en el que abundan los que te dejan indiferente.