_______________________________________________________________________________________________

sábado, 5 de septiembre de 2009

Escopetas


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Que me perdonen mis amigos cazadores, pero no son precisamente, quienes dedican una parte de su tiempo libre a la actividad cinegética, quienes gozan de mi mayor consideración social y personal. Y mira que lo siento, pues en innumerables ocasiones han intentado instruirme en las bondades de esta práctica, y en algunas de ellas incluso han estado a punto de convencerme. Pero no, cuando vuelvo al cuarto de la meditación, retorno por mis fueros y saco de mis adentros mi vena solidaria con los pobres animales. Seguro que vivo en el error. Lo mismo me pasa con los toros. He ido a alguna que otra corrida, y, lo siento, no puedo evitar las náuseas ni taparme de forma instintiva los ojos ante tanta escena macabra. Creo que la llamada fiesta nacional no dignifica al ser humano, del mismo modo que considero una actividad casi tribal esa que tiene por objeto maltratar a un pobre animal en la plaza pública del pueblo. Conozco a ilustres defensores y practicantes de cada una de estas actividades. Miguel Delibes ha sido cazador toda su vida. Recientemente nos hemos enterado también de que el juez Garzón y el exministro Fernández Bermejo practican la caza mayor. Incluyo Cayo Lara, el coordinador general de IU, dice que es cazador. De los aficionados a los toros, qué voy a decir, se cuentan por miles, por cientos de miles. Mi consuelo es que las jóvenes generaciones no comulgan mucho con el tema. Y defensores a ultranza de esas primitivas fiestas callejeras con animales tampoco faltan. Hasta la tele pública nos las ofrece en directo. Todo el mundo no puede ser cruel, el cruel seré yo por dejarme llevar por los impulsos de mis propios prejuicios, pero ya, a mis años, no puedo cambiar.

Independientemente de esta actitud mía hacia la caza, nunca he llegado a comprender lo sencillo que resulta en este país hacerse de una escopeta. Conozco mucha gente que tiene escopeta y no me cabe la más mínima duda de que el uso que le dan y le pueden dar no es otro que el propio de la actividad que practican. Pero conozco también a gente que, cuando la veo con un arma de esas en la mano, me echo a temblar. El asesinato de Vélez Rubio y otros muchos que de la misma forma se suceden cada día nos deben hacer pensar si procede entregar una escopeta a cualquiera que la pide. Como ahora.