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domingo, 16 de agosto de 2009

Sí, bueno, ¿no?


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


No está escrito en ningún tratado que la capacidad deportiva de un futbolista tiene que ser directamente proporcional a su incultura o a sus escasas dotes para la expresión oral. Digo esto porque acabo de ver en televisión una entrevista a un futbolista almeriense de 1ª División, y, de verdad, da pena el chico. No me pregunten, por favor, de qué jugador se trata porque me complicarían la vida; solo puedo aclarar que he dicho futbolista almeriense, no que sea del Almería, que puede ser o no. Más datos, cero. Cada vez que le oigo unas declaraciones casi siento vergüenza ajena. Es incapaz de pronunciar una oración simple medianamente ordenada y sin tener que recurrir a latiguillos, muletillas y demás bandurrias propias de quien no ha superado el 3º de E. G. B.

Dicen los futboleros compungidos, esos que no conocen otro periódico de cabecera que no sea el “Marca” o el “As”, que a un futbolista solamente hay que juzgarlo por lo que hace sobre el césped. Hay que juzgarlo principalmente por eso, es cierto, pero dice mucho de él, y no precisamente en negativo, su nivel cultural, su forma de expresarse; su formación extradeportiva, en definitiva. La mayoría de estos jóvenes dejan pronto los estudios para entregarse al balón y su mundo. Para llegar a ser un deportista de élite tienen que sacrificar mucho en sus vidas y no es fácil compatibilizar estudios y deporte. Eso lo sabemos. No obstante, el mundo está lleno de deportistas de éxito que tienen en su haber un título universitario.

Quienes abandonaron sus estudios en las etapas iniciales, como este futbolista del que hablo, no tienen por qué dejar su formación enclaustrada en la escuela de la que salieron. El fútbol les exige dedicación, pero no les ocupa las veinticuatro horas del día. Hay días de descanso, vacaciones, largos desplazamientos, concentraciones, horas de asueto… ¿Por qué no ocupan una parte de este tiempo en leer un libro, o una buena revista, o en ver una buena película o escuchar una entrevista interesante? La formación no solamente se puede conseguir en un aula, la vida diaria también forma si somos selectivos en nuestras actividades de ocio. ¿Se acuerdan del “bueno, sí, ¿no?” de Raúl González? Óiganlo ahora. Y fuera del fútbol, ¿recuerdan a Bisbal cuando era alumno de la academia de Operación Triunfo y no era capaz de articular tres palabras seguidas? Su deficiencia, él mismo la reconoció y de él salió el empeño de formarse aceleradamente. Hoy, oímos a Raúl y a Bisbal y no es que oigamos a Valdano y a Guardiola, pero el ridículo ya no lo hacen. No hay que pretender, como recuerda Josep Perarnau, que los futbolistas sean “intelectuales en pantalón corto, ni oradores dándole patadas al balón, ni sesudos estudiantes o melancólicos opositores…”, no; solo les pedimos “que su formación supere la altura de la hierba del estadio”.

No me resisto a dejar sin mencionar una entrevista que le hicieron a Vladimir Nabokov cuando era portero de fútbol. Pretendía el periodista hacer un repaso de su vida deportiva y le preguntó: “En sus muchos años como profesional del fútbol, habrá vivido momentos buenos y momentos malos, ¿o no?”. Y respondió Nabokov: “Sin duda tuve mis días brillantes, de grandes estímulos: el agradable olor del pasto, el famoso delantero del Universidad que, driblando, se acercaba cada vez más a mí, la nueva pelota leonada sobre sus dedos centelleantes; luego, el disparo quemante, el afortunado salvamento, el estremecimiento prolongado que producía. Pero hubo otros días más memorables, más esotéricos, bajo cielos deprimentes, con el área de gol convertida en una masa de lodo negro, la pelota tan grasosa como un budín de ciruelas…”. Me pongo nervioso con tan solo pensar qué hubiera respondido nuestro paisano a semejante pregunta.

Por cierto, en el Almería hay varios jugadores que no hablan mal: Corona, Soriano, Esteban, Juanma Ortiz… Otros, sí, bueno, ¿no?