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sábado, 29 de agosto de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/


En mi innato empeño de no dejarme embaucar por los productos que la mercadotecnia nos quiere imponer logré sobrevivir al boom de La Catedral del Mar sin llegar a tener en mis manos el dichoso librito. Miento, lo he tenido en mis manos en alguna que otra librería de algún que otro aeropuerto, pero, al final, siempre ha predominado mi resistencia al marketing ante el trámite final de pasar por caja. Así que no lo he leído. Y creo que ya no lo leeré, por más que el libro de Ildefonso Falcones siga ocupando uno de los lugares preferentes de las listas de ventas, por encima incluso de su segundo best seller, La mano de Fátima.

A lo que no he podido sucumbir es al huracán de Stieg Larsson, y no por deseo propio, sino porque una pesada que vive en mi misma casa se encarga cada día de dejar la trilogía Millenium, que ella está leyendo –va por el segundo, La chica que soñaba…-, encima de la mesa del despacho. Tantas veces veía al cabo del día a la escuálida –¿porque es ella, no?- Lisbeth Salander en la portada del libro, que al final, sin darme cuente, me encontré imbuido por su inteligencia.

He terminado con Los hombres que no amaban a las mujeres y, definitivamente, los otros dos van a ir directamente a los estantes sin dedicarles un solo minuto. Mucha intriga, sí, fácil de leer, misterio, te engancha, te atornillas a sus páginas, pero eso lo puedes obtener también con una buena película. Comprendo que haya mucha gente que descubra ahora lo que es un hacker y que haya quienes caigan en la cuenta de que la violencia machista no está ausente en las sociedades desarrolladas. A buenas horas. Al libro le sobra morbosa violencia y sadismo y no caben en un saco la cantidad de personajes estereotipados (joven antisocial inteligente, psicópatas hechos desde las páginas de la Biblia, guerras familiares…) de los que el autor echa mano. Su lectura se termina sin hallar en él una frase original o una bella descripción. Literariamente, muy simple. Un libro estilo ikea, en definitiva.