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miércoles, 5 de agosto de 2009

Griñán en Mojácar

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/


Sierra Cabrera está amojonada por cinco términos municipales, Mojácar, Turre, Bédar, Sorbas y Carboneras, pero son los dos primeros los que comparten la mayor parte de la titularidad y, por consiguiente, quienes más han sufrido los incendios de este verano. Ante un incendio, sea forestal o de otro tipo, las medidas prioritarias están escritas: la primera, poner a salvo a la población; la segunda, extinguirlo cuanto antes, y la tercera, adoptar las medidas necesarias para compensar a quienes han resultado perjudicados. Lo demás (estudio y análisis de las causas, reforzamiento de medidas para evitar otros siniestros, investigaciones judiciales, etc.) no es prioritario. En los dos incendios de este verano, el trabajo realizado para evitar víctimas humanas ha sido impecable. La segunda actuación, la referida a la extinción, posiblemente se haya realizado bien, pero el resultado no se puede decir que haya sido el que hubiéramos deseado. Y queda la tercera, la de la actuación administrativa para paliar los daños producidos. A eso ha venido Griñán.

Tras el primer fuego vinieron por la zona, que yo recuerde, tres consejeros de la Junta de Andalucía (Medio Ambiente, Innovación y Presidencia) y el jefe de la oposición, Javier Arenas. Los populares criticaron a los socialistas la ausencia de Griñán en contraste con la presencia de Arenas. En este último fuego, a la sierra han vuelto otros tres consejeros (Medio Ambiente, Innovación y Turismo) y el presidente, pero no Arenas. Desconozco si se ha producido ya la equivalente crítica socialista de recordar a los populares que mientras Griñán ha ido a Mojácar Arenas no ha aparecido.

Alumbrar intereses políticos en hechos trágicos es muy peligroso y la ciudadanía debe de rechazar a quienes intentan plantear debates de esa naturaleza. Mojácar y Turre no necesitan fotos de balconada. No digo que no las quieran o rechacen, digo que no es lo que necesitan, aunque es de bien nacidos agradecer la presencia de quienes quieren compartir con sus habitantes el dolor de la tragedia y la de quienes quieren mostrarle su solidaridad. Tampoco necesitan reacciones extemporáneas denunciando ante la humanidad la situación catastrófica que nos ha venido. Porque no es cierto. Ni en Turre ni en Mojácar se ha producida una catástrofe. Hablemos de daños, de perjuicios, pero no de catástrofes. La sierra Cabrera es la que es y el daño producido es el que es. No me atrevo a calificarlo ni a cuantificarlo, porque cualquier apreciación mía sería tildada de antipatriota por no sumirla en la exageración que nos invade. Quien haya anulado sus vacaciones ha sido porque le ha dado la gana, no porque la calidad de vida de la zona se haya visto diezmada. Las playas de Mojácar, y las de Garrucha y Carboneras, siguen tan hermosas como siempre. El maldito fuego nos ha dejado algunas vistas paisajísticas que invitan a cerrar los ojos, es cierto, pero sin exagerar, eh, sin exagerar. A la vuelta de dos o tres años, la hermosa sierra de Cabrera, esa que se extiende ante mí a la hora de escribir estas líneas, volverá a estar tan guapa como siempre. Y si la historia se repite, como tantas otras veces se ha repetido, hasta es posible que las llamas vuelvan a aparecer. Cabrera es así de traviesa. Algún día sentará la cabeza.