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viernes, 1 de mayo de 2009

El partido del canguelo


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Esta tarde, a las ocho (hora peninsular española), ochenta mil ciudadanos afortunados vamos a ser testigos presenciales de uno de los mayores espectáculos deportivos de los que puede disfrutar la humanidad, un Real Madrid-Barcelona, de la Liga de fúbol profesional. A través de otros medios, cerca de diez millones de españoles y más de mil millones de ciudadanos del mundo seguirán el acontecimiento. Es el triunfo y el poder del indiscutible deporte-rey, el fútbol, conjugados con el dominio de los nuevos cauces de transmisión de sonido e imagen, que van a hacer posible que lo que dentro de un rato va a suceder en el Paseo de la Castellana de Madrid sea apreciado a lo largo y ancho del planeta.

Frente a frente, dos equipos históricos y un objetivo común: doblegar al eterno rival, al rival por antonomasia. Uno, el F. C. Barcelona, adornado con una calidad técnica desbordante que maravilla a medio mundo; y otro, el Real Madrid, C. F., fabricando un fútbol tosco estimulado con el recurso del orgullo, del amor propio, del espíritu de Juanito, analgésico eficaz contra la depresión. Hace unas cuantas semanas sería éste un partido de guante blanco por mor de las diferencias clasificatorias. La fortuna ha querido que no sea así, y nadie sabe ahora, a ciencia cierta, en qué va a quedar esta semana de pasión azulgrana –Chelsea, Madrid y Chelsea, Champion y Liga en siete días-, si en muerte o resurrección. Hay apuestas para todos los gustos. Era el partido del paseíllo, pero es, ahora, el partido del canguelo.

Fútbol es fútbol, dijo Boskov. No siempre. Un Real Madrid-Barcelona es fútbol… y mucho más. Es espectáculo, es pasión, es sentimiento, es orgullo, es dolor, es… ¡es arte! ¿He dicho arte? Sí, he dicho arte. Pasen, señores, vean, oigan y disfruten.