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domingo, 24 de mayo de 2009

Comprarse un coche

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/


En este país somos muy dados a enrevesar cuestiones simples. Llega el debate del Estado de la Nación y dice Zapatero: Señores, el Gobierno va a incentivar la adquisición de coches nuevos, y a quien compre uno le vamos a dar 500 euros y vamos a pedir a los fabricantes que ellos rebajen otros 1.000 y a las comunidades autónomas que pongan 500. Los fabricantes, deseosos de darle salida a su enorme stock, aceptaron de buen grado la propuesta. En los gobiernos autonómicos, la respuesta ha sido dispar, y mientras unos, como Andalucía, han dicho sí de inmediato, otros se han desmarcado, como Cataluña, o han establecido su propio plan de ayuda, como Madrid.

¿Y esto quiere decir que un coche puede variar de precio según se adquiera en un lugar u otro? Pues, sí, señor. Pero no por ello hay que rasgarse las vestiduras ni echar mano al socorrido artículo 14 de la Constitución (ése que habla de la igualdad ante la ley), que lo mismo utilizamos para un roto que para un descosido. Entre otras razones porque nunca los coches han valido lo mismo en todas partes. Los fabricantes establecen un PVR (Precio de Venta Recomendado), pero el precio final depende de muchos factores: La flexibilidad del concesionario a la hora de establecer sus márgenes, la habilidad del comprador (el regateo forma parte de nuestra idiosincrasia), la cuantía del impuesto municipal de circulación (que es muy distinto según el municipio donde el vehículo se “empadrona”), los gastos de gestoría (a veces si matricula el comprador sale más barato que si matricula el concesionario), el transporte desde fábrica al punto de entrega, etc., etc. No es difícil comprar un coche de 30.000 euros por poco más de 28.000 euros. ¡Señores, que un coche no es como una bombona de butano, cuyo precio lo establece el BOE!