_______________________________________________________________________________________________

jueves, 7 de mayo de 2009

Agur, Ibarretxe


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
http://www.emilioruiz.es/


Dice Patxi López, en su primera entrevista radiofónica, realizada a Carles Francino, de la Ser, tras ser elegido lehendakari del País Vasco, que, inexplicablemente, pudo contener las lágrimas de emoción en ese momento. Lo mismo nos pasó a muchos ciudadanos que pudimos seguir el acto a través de la televisión autonómica vasca en Digital+. Momentos emotivos se han visto en política, pero como éste, pocos.

Emoción de ver cómo la Cámara era presidida por una joven, una joven del PP, el mismo partido de Miguel Ángel Blanco y de otros muchos héroes vascos de igual militancia cuyas vidas se han visto truncadas por la sola razón de querer pensar y vivir en libertad. Emoción al contemplar la mirada de Arantza Quiroga, la presidenta, una mirada limpia y generosa exenta de cualquier signo de maldad.

Emoción de ver cómo la Cámara elegía presidente del gobierno a un joven del PSOE, el mismo partido de Enrique Casas y otros muchos héroes socialistas cuyas vidas han sido deshechas por querer servir a la democracia, a la libertad, a su propia patria. Emoción de ver a Patxi López desplegar ante sus adversarios una mirada de generosidad, un gesto de mano tendida, exento de rencor, de resentimiento, de revancha.

Y rabia, sentimos mucha rabia de ver a quien quiso conducir al pueblo vasco por el camino del abismo, a quien ni siquiera en el momento del adiós quiso tener una palabra de tolerancia, de comprensión. Cómo se puede acumular tanto odio en una sola persona, en una sola mirada. Se libra al fin el pueblo vasco de un radical enrabietado, de un lehendakari prepotente, de un aniquilador de la diversidad y la discrepancia.

También él apenas pudo contener las lágrimas. Pero no eran lágrimas ni de agradecimiento ni de emoción. Permítanme que no las califique ahora. Agur, Ibarretxe, agur.