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lunes, 23 de marzo de 2009

Agua que no has de beber…


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Los redactores de la Constitución de 1.978 –es decir, Abril Martorell y Alfonso Guerra, que eran los que repartían el bacalao; los demás eran unos mandados, incluidos los llamados Padres de la Patria- dedicaron poco rato a determinar cómo se iba a regular la participación de los ciudadanos en la política. Tenían diversas fórmulas para elegir, algunas tan antiguas como la propia humanidad, pero fueron a lo práctico y moderno. Siguiendo las tendencias del constitucionalismo contemporáneo establecieron que los mediadores entre la ciudadanía y el poder serían los partidos políticos. Y así quedó el artículo 6 de nuestra Carta Magna: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político –aquí podían haber evitado la redundancia-, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”. Más claro, el agua.

Con estos mimbres, las posturas individualistas y egoístas tienen corto recorrido porque tienen que someterse a fórmulas unificadoras, elaboradas, eso sí, por procedimientos democráticos. También lo dice la Consti.

Algunas veces los partidos políticos eluden esta responsabilidad, casi siempre porque temen que determinado pronunciamiento les otorgue un rédito electoral negativo. Y dejan el cuerpo muerto, que decimos por aquí. Es el caso del trasvase Tajo-Segura. PP y PSOE están de acuerdo en que el mantenimiento de esta infraestructura hidráulica es beneficiosa para el interés general. Sin embargo, cualificados dirigentes de estos partidos en Castilla-La Mancha van por libre y defienden intereses localistas pretendiendo la demolición de las obras con una excavadora llamada Estatuto de Autonomía. Y nadie les llaman al orden. Eso no es serio.