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jueves, 19 de febrero de 2009

Un cateto en Arco


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Los catetos tenemos cada vez más dificultades para conservar nuestra idiosincrasia. La globalidad, las nuevas tecnologías, el internet, la tdt, los satélites, los paquetes turísticos, los vuelos baratos… todo eso proyecta sobre nuestros sentidos tal avalancha de modernidad que, aún en contra de nuestra voluntad, resulta imposible preservar las esencias raíces. Antaño, uno iba a Madrid y deseaba pernoctar allí con tal de disfrutar con Juanito Navarro y Florinda Chico. Luego, los programas se fueron sofisticando: Café de Chinitas, Corral de la Morería… hasta Joy Eslava y Pachá. Mi último viaje a la capital del reino ha sido de escándalo: Nadie sabe cómo ni por qué, pero me vi en Arco, la feria de arte contemporáneo.
Del resultado de mi visita no sé qué decir. No logro descifrar si Arco es un timo monumental, un culto a la estupidez, una convención de genios o la imaginación administrada por cretinos. Hace un par de años, casi todos los elogios se los llevó una figurita de Cristo con un misil en la mano. “¡Oh…!”, decía todo el mundo. Este año no sé cuál ha sido la estrella. He visto en televisión preguntar a un galerista por la joya de su catálogo. Señaló un óleo con un rectángulo dividido en dos mitades, la superior pintada de marrón y la inferior gris.
Un amigo galerista de Almería tuvo un día el detalle de regalarme un cuadro abstracto. Es pequeñito, y lo tengo en casa en un lugar bastante visible. Las visitas me preguntan qué es. Como no lo sé revierto la pregunta al preguntador. Cada uno interpreta lo que quiere, y yo, para no desagradar, digo que ésa es también mi visión. Hay días que miro el cuadro y me siento orgulloso de ser su dueño. Otros, me pregunto qué hace ahí esa mierda. Así que no sé si protegerlo con una vitrina de cristales blindados o tirarlo directamente al contenedor.