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viernes, 27 de febrero de 2009

Los árbitros y el Almería


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


Quienes conocen de mis andanzas de mozalbete saben que seis años de aquellos felices años los dediqué a compaginar mis estudios de bachillerato en el Diocesano y de Magisterio en la Normal con la noble tarea de ser árbitro de fútbol. Dos grandes, inolvidables y queridos amigos de entonces se las amañaron para que entrara en el gremio. Uno de ellos ya se nos fue: Rafael Usero. Jamás he conocido en mi vida un hombre que tuviera tanta pasión por el fútbol modesto. Me quería como un hijo, cariño que tan solo en un momento no fue correspondido por mi parte. Me hizo lo peor que se le puede hacer a un joven árbitro: Mandarme a El Ejido a arbitrar un Ejido-Dalías. Entonces los dos pueblos estaban con aquello de la separación y entre sus aficiones no había sólo rivalidad, era odio puro y duro. Rafael me quiso someter a la prueba del algodón y yo no llegué a ver después en mi vida más pistolas y más guardias civiles juntos. Creo que tuve que mandar a siete jugadores al vestuario. Fue terrible. Rafael me acompañó y desde la grada se divertía de lo lindo. “Prueba superada”, me dijo al terminar el partido, pero no por ello dejé de transmitirle mis quejas a Vicente Ferrete, el Presidente del Colegio, que fue quien confió en Rafael la designación de colegiados.

El otro fue Juan Andújar. “Vamos a hablar con Andujíllar y ya verás como te convence”, me dijo Rafael. Y vaya si me convenció. Andújar regentaba una bodega en la calle Juan Lirola, y allí se encargaba de instruirme en lo básico del arbitraje. De los muchos consejos que me dio dos se me quedaron grabados. “Cuando vengas conmigo de linier no te compliques la vida, tú nada más que saques de banda y fueras de juego, lo demás déjalo para mí”. Cumplimiento a rajatabla, no sólo a él, sino a todos los árbitros con los que iba de juez de línea, como Juan Cabezas y Paco Guillén Lloris. El otro consejo fue el que más marcó mi carrera futura en el mundo arbitral: “Tú, ante la duda, no pites”. Hice un sacramento de aquel consejo.

¿Y por qué cuento estas historias casi de abuelete? Porque deseo dedicar unas líneas a los arbitrajes que está sufriendo el Almería y no quiero que mi opinión se interprete como la de una parte interesada, el interés de quien es socio. Efectivamente, soy socio, pero si en este tema tuviera que tomar partido no lo dudaría: Estaría con los árbitros, a los que aún considero mis compañeros. No en vano el título de colegiado es de los que conservo con más cariño.

Alejada, pues, de mí la sospecha del forofismo, vayamos al meollo de la cuestión. He visto todos los partidos del Almería esta temporada. Y me atrevo a decir que con un arbitraje justo e imparcial el equipo llevaría ahora del orden de los cinco o seis puntos más. Dos errores arbitrales ponderan sobremanera. El primero, una auténtica oleada de expulsiones injustificadas. El Almería es un equipo noble y las dobles tarjetas amarillas y las tarjetas rojas directas que sus jugadores han visto parecen las propias de un equipo agresivo, que no es, de ninguna manera. Y el segundo, la gran cantidad de faltas que le señalan al borde del área. Es increíble, un soplo de aliento que reciba un jugador contrario al borde del área es irremediablemente señalada con libre directo. Son faltas muy peligrosas y muchas de ellas han terminado con el balón en el fondo de la red.

¿Conjura? ¿Conspiración? ¿Acuerdo colegial previo? Evitemos fantasmadas. Nada, de eso no hay nada. Es simple y pura casualidad, mezclada, eso sí, con una regla no reconocida que domina el subconsciente de muchos árbitros: “Ante la duda, no pitar… excepto si se dan determinadas circunstancias”. Esas circunstancias son la presión del público y la importancia del rival de turno. El Almería no es un equipo mediático, como no lo es ningún otro equipo pequeñito. Un error que le perjudique no ocupa más de dos líneas en el Marca o el As. Un error que perjudique al Madrid, al Barcelona, al Atlético… es titular de primera página y motivo de innumerables tertulias radiofónicas. La mayoría de los árbitros creen que eso del subconsciente es un cuento chino. No lo es. En determinados casos, como éste, el subconsciente siempre camina en la misma dirección. Solamente los genios del arbitraje han logrado dominar su subconsciente. Pero genios del arbitraje, ahora, hay pocos.

¿Qué le podemos pedir los aficionados del Almería a los colegiados que designan para nuestros partidos? Primero, que dominen la perversa tendencia del subconsciente. Y segundo, que piten sólo lo que vean. Recordemos: Ante la duda, no pitar. Andújar dixit.