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sábado, 24 de enero de 2009

Pepe Martínez, Juez de Paz

Cuando a los cuatro años compartís juegos en el patio de recreo de la escuela de párvulos de doña María Hernández. Cuando a los seis, os intercambias los cromos de Kubala, Di Stéfano y Didí. Cuando a los diez juntáis las manos inocentes para elaborar los coches de barro en Las Barranqueras. Cuando la amistad del parvulario se convierte, en fin, en amistad duradera y sincera durante más de medio siglo, qué se podría decir ahora para manifestar que Pepe Martínez no se ha ido solo, que con él se ha llevado una parte de nuestra vida.

Los Gallardos ha perdido un buen Juez de Paz y una excelente persona. Cuando era un crío, la vida le maltrató hurtándole a su madre, Gabriela. Quizás por eso siempre tuvo en alto aprecio el valor de la familia y los amigos. A Juanita, su mujer, la adoraba. Por Gabi y Pedro, sus hijos, sentía algo más que el cariño paternal; era pasión. Y por su padre, veneración. Todo el cariño que no pudo darle a su madre lo concentró en su padre, José, a quien atendió en su larga enfermedad hasta el último suspiro.

Cada sábado y cada domingo, la cita la teníamos a las once. Llorente, Cabezas, él… Más de cincuenta años, y un día, y otro y otro, y nunca nos cansábamos de contar nuestras historias y nuestras aventuras, de comentar la actualidad política, de polemizar sobre el Barsa y el Madrid, de confrontar lo que decía “El Mundo” con lo que decía “El País”. Ahora, todos nos hemos quedado huérfanos. Yo sé que, si pudiera, nos diría que no cambiemos de ruta, que sigamos, que es a las once en punto, que su silla está vacía pero que sus vivencias, como las de Agustín, siguen ahí.

Habrá, no sé, personas en la vida que cultivan el mal más que el bien. Pero ha habido también, y eso sí lo sé, personas en la vida que no han conocido la palabra maldad. Pepe Martínez ha sido una de ellas. Lo dice quien, durante medio siglo largo, ha compartido con él tiempos buenos y tiempos malos. Con qué frivolidad pronunciamos la palabra amigo. ¡Esto sí que era un amigo!