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jueves, 1 de enero de 2009

¿Crisis U o crisis L?


Las crisis, como los tallajes de las prendas de vestir, también se miden utilizando ciertas letras del abecedario (por cierto, desconocía hasta hoy que el catálogo de tallas de ropa habituales -S, M, L, XL y XXL- se ha visto ampliado con la talla 3XL para satisfacer la creciente demanda de los obesos). El grafismo de las letras que las identifican –las crisis, digo- es el que marca la situación. Está claro que ésta que padecemos no es una crisis V, caracteriza por una bajada repentina y un crecimiento inmediato.

Los economistas dirimen si es una crisis U o es más bien una crisis L. La primera se caracteriza por una bajada repentina, un mantenimiento del decrecimiento durante un periodo de tiempo relativamente corto (cuatro o seis trimestres) y un ascenso posterior. El presidente del Gobierno, que es un hombre optimista por naturaleza, se apunta a esta modalidad. Pero no faltan quienes vislumbran la posibilidad de que estemos inmersos en una crisis de mayor calado, en una crisis L, caracterizada por una bajada repentina y una prolongación indeterminada de los bajos niveles de crecimiento.

Los escépticos, que por naturaleza no somos ni optimistas ni pesimistas, sino todo lo contrario, visto lo visto, no sabemos a qué carta quedarnos. Si hace tan solo cinco o seis meses ningún entendido fue capaz de vaticinar que íbamos a entrar en esta situación, por qué ahora les vamos a creer cuando nos dicen que la situación es pasajera ¿Crisis U o crisis L?, he ahí el dilema.

Lo que produce verdadera pena es que los humanos, que tan listos somos para todo, aún no hayamos descubierto la máquina de modificar los tiempos. Hubiéramos saltado directamente de 2.008 a 2.010 evitando este 2.009 fatídico que nos ha caído encima. No puede ser. Pues resignémonos, que otro remedio no queda.