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miércoles, 28 de enero de 2009

Un par de preguntas


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Se me ocurren un par preguntas. La primera: ¿La lucha que mantienen Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre por el control de Caja Madrid se hace en beneficio de los madrileños y de los clientes de la entidad tanto de Madrid como del resto de España o, por el contrario, el propósito nada tiene que ver con el interés general?

La segunda: ¿La estrategia montada por el alcalde de Sevilla –diciendo que, naturalmente, la Gran Caja andaluza debe tener su sede en Sevilla-, los socialistas malagueños –presentando mociones municipales reclamándola para Málaga- y el presidente de Caja Granada –declarando esta entidad su particular Reino de Taifas- se hace en beneficio de los andaluces y de los clientes de las entidades tanto de Andalucía como del resto de España o, por el contrario, el propósito nada tiene que ver con el interés general?

Como la respuesta a ambas preguntas es la que es, los sufridos clientes de todas esas entidades lo único que piensan es lo siguiente: Vamos a ver, Aguirre, Gallardón y Blesa –Presidente de Caja Madrid- están puestos por el PP, ¿no puede el PP hacer nada por evitar este lamentable espectáculo? Y vamos a ver, Monteseirín –alcalde de Sevilla-, Heredia –Secretario General del PSOE de Málaga-, y Claret –Presidente de Caja Granada- están puestos por el PSOE, ¿no puede el PSOE hacer nada por evitar este lamentable espectáculo?

Si los partidos políticos no existieran habría que inventarlos. Es cierto. De qué otra forma, si no, se podrían concentrar y canalizar las miles de propuestas distintas sobre cualquier tema. Pero a veces da la impresión de que los partidos hacen dejación de sus obligaciones dándole manga ancha a quien olvida pronto quién y por qué le ha puesto en ese sitio.

sábado, 24 de enero de 2009

Manos a la obra


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Ayer, sábado, terminó el plazo durante el cual los ayuntamientos podían enviar al M. A. P. sus peticiones de inclusión de obras en el Fondo Estatal de Inversión Local. Mañana, posiblemente se conocerán los municipios acogidos al mismo, aunque estoy seguro de que se habrá cubierto la totalidad de las cantidades asignadas, salvo algún error en la tramitación. Sinceramente, no he entendido la preocupación de algunos ante el temor de que los ayuntamientos dejasen pasar la oportunidad. Ningún alcalde iba a alcanzar tal grado de irresponsabilidad, sobre todo si se tiene en cuenta que la financiación del plan corre a cargo del Gobierno central.

También ha sido un poco sorprendente la polémica creada en torno a la efectividad de este fondo, al que la Junta de Andalucía ha añadido su Plan Proteja. Se han oído muchos disparates, como decir que “no soluciona el problema de los tres millones de parados” (¡faltaría más!), que es “vender humo” (¿es vender humo el mayor plan de inversión local que se ha hecho en España?) o que este plan “no genera puestos de trabajo estables” (¿qué puesto de trabajo es hoy estable: el de una fábrica de coches?; ya lo estamos viendo).

Este plan genera actividad. Y la actividad es empleo, es riqueza, es inversión, es dinamismo económico. Algo tan simple como una placita que se hace en un pueblo no sólo ofrece empleo a los diez trabajadores que la construyen. Beneficia al bar de la esquina, a la tienda de al lado, al transportista que lleva los materiales, al que los fabrica, al comercial que los ofrece… hasta beneficia al mismo Estado que la financia porque una parte de la inversión vuelve a las arcas públicas vía impuestos. Beneficia a todos, excepto a las mentes estrechas que no ven más allá de dos palmos de sus narices.

Pepe Martínez, Juez de Paz

Cuando a los cuatro años compartís juegos en el patio de recreo de la escuela de párvulos de doña María Hernández. Cuando a los seis, os intercambias los cromos de Kubala, Di Stéfano y Didí. Cuando a los diez juntáis las manos inocentes para elaborar los coches de barro en Las Barranqueras. Cuando la amistad del parvulario se convierte, en fin, en amistad duradera y sincera durante más de medio siglo, qué se podría decir ahora para manifestar que Pepe Martínez no se ha ido solo, que con él se ha llevado una parte de nuestra vida.

Los Gallardos ha perdido un buen Juez de Paz y una excelente persona. Cuando era un crío, la vida le maltrató hurtándole a su madre, Gabriela. Quizás por eso siempre tuvo en alto aprecio el valor de la familia y los amigos. A Juanita, su mujer, la adoraba. Por Gabi y Pedro, sus hijos, sentía algo más que el cariño paternal; era pasión. Y por su padre, veneración. Todo el cariño que no pudo darle a su madre lo concentró en su padre, José, a quien atendió en su larga enfermedad hasta el último suspiro.

Cada sábado y cada domingo, la cita la teníamos a las once. Llorente, Cabezas, él… Más de cincuenta años, y un día, y otro y otro, y nunca nos cansábamos de contar nuestras historias y nuestras aventuras, de comentar la actualidad política, de polemizar sobre el Barsa y el Madrid, de confrontar lo que decía “El Mundo” con lo que decía “El País”. Ahora, todos nos hemos quedado huérfanos. Yo sé que, si pudiera, nos diría que no cambiemos de ruta, que sigamos, que es a las once en punto, que su silla está vacía pero que sus vivencias, como las de Agustín, siguen ahí.

Habrá, no sé, personas en la vida que cultivan el mal más que el bien. Pero ha habido también, y eso sí lo sé, personas en la vida que no han conocido la palabra maldad. Pepe Martínez ha sido una de ellas. Lo dice quien, durante medio siglo largo, ha compartido con él tiempos buenos y tiempos malos. Con qué frivolidad pronunciamos la palabra amigo. ¡Esto sí que era un amigo!

viernes, 16 de enero de 2009

Cómo crear empleo


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Los 3.128.463 parados que el Inem registra en sus archivos han generado, sobre todo en la prensa económica, pero también en la de información general, un apasionante debate sobre dos hechos que preocupan a todos: Uno, por qué la tasa de paro en España (13,4 %) es el doble que la media de los países de la Unión Europea (7,2 %), y otra, por qué la tasa de empleo inestable es España casi el doble que en el resto de Europa (30 % frente a 17 %).

Se pueden leer opiniones de todos los gustos, algunas ciertamente que originales y otras más bien de escasa entidad. Es curioso comprobar cómo algunos personajes del mundo económico y sindical español, tal vez porque aún están bajo los efectos de la resaca, sólo son capaces de proponer alternativas insustanciales que son casi una provocación para cualquier estudiante universitario.

A Julio Anguita no se le recuerda por su solvencia como economista, lo cual, por lo que se ve, no es óbice para que firme una columna semanal en el periódico que lleva precisamente ese nombre, “El Economista”. Esta semana, el ex-coordinador general de Izquierda Unida –en tal condición firma su columna- se ha atrevido con el tema que nos ocupa ofreciendo sus soluciones. “¿Cuáles serían los ejes fundamentales de estas propuestas?”, se pregunta. Confieso que la interrogante creó en mí algo más que curiosidad, porque sabiendo, como sé, que Anguita detesta las palabras inocuas estaba seguro de que sus alternativas no iban a carecer de sustancia. Vana ilusión. Con decir que la propuesta más notable que hace es ésta: “Junto a ello y como parte indisoluble se hace necesaria una demanda interna efectiva que proporcione los efectivos necesarios para operar”. Vale, Julio, tómate otra. ¡Ay, Señor, lo que hay que hacer por cincuenta eurillos a la semana!

domingo, 11 de enero de 2009

Perdón por ser andaluz


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Qué desgracia la nuestra. Toda la vida pidiendo perdón por ser andaluces y nadie nos quiere perdonar. Perdón por ser pobres, perdón por estar subdesarrollados, por no saber hablar. Perdón por nuestras comunicaciones, nuestro analfabetismo, por nuestra incultura, por no saber elegir. Perdón por el flamenco, por la copla, por Canal Sur. Perdón por el Carnaval, por el Rocío. Por la Blanca Paloma, por el Cristo del Gran Poder. Por Lopera. Por Magdi, por Aído, por El Lute –que ahora también quiere que Zapatero le dé una paga-, por el sol que tenemos, por escandalosos, por los jamones de Jabugo, por Jesulín y por su esposa, su ex-esposa, su padre, su madre, su hermano y su hermana. Y el novio de su madre y la novia de su padre. Por toda la familia. Por todas las familias.

Perdón por ser chistosos, por la siesta, por ser tan juerguistas. Por reír, sonreír, llorar y sufrir. Y por fornicar. Por el Recre, por Lepe, por Picasso, por el fino La Ina. Por el ceceo, el seseo, el sarao y el palmeo. Por Chaves, Guerra y Felipe. Perdón por Sanz, y por Arenas, y por Teófila –bueno, por Teófila no, que no es andaluza-, por Anguita y por Queipo de Llano. Por Julio Romero de Torres, que pintó a la mujer morena cuando podía haberla pintado rubia, o catalana, o vasca, o madrileña.

Perdón por indolentes. Por el Guadalquivir, por La Chanca, por Marbella. Por Falete, la Pantoja y el Cachuli. Por la Torre del Oro. Por el aceite de oliva y el silestone. Por el PER, el AVE, el GIL y las 6.000 viviendas ilegales. Por Doñana, por el Duque de Ahumada, por los corruptos, por los sinvergüenzas, por los drogatas, los borrachos y las Alpujarras. Por los subsidiados y los no subsidiados. Por Séneca, Alcalá de los Gazules y Bollullos Par del Condado. Perdón por pedir perdón. Perdón, perdón, perdón.

sábado, 10 de enero de 2009

50.000 parados


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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La realidad se presenta a veces de forma tan cruel que entran ganas de negarla, de cerrar los ojos y pensar que el mundo real no es el que es sino el que nos agradaría que fuera. Esta semana, las cifras oficiales del INEM nos han ofrecido uno de esos datos que invitan al sobresalto: En España hay ya 3.128.963 parados, de los que 49.683 son de nuestra provincia. Manuel León dice en este mismo periódico que si esto fuera así “habría asaltos al Mercadona para faenar pan y huevos; o al Carrefour, para hacer acopio de pañales y de leche; habría tirones a bolsos en el Paseo y carteristas en cada esquina”. Y en un ataque de excitación remata: “Si en Almería hubiese 50.000 parados habría una Revolución Francesa”. No, hombre, no; ni só ni arre.

Los datos del INEM son incuestionables. Y cuando salgan los datos de la EPA, para la mayoría de los expertos mucho más fiables que los del INEM, posiblemente sean más. Pero estas cifras hay que ubicarlas en el lugar adecuado. La situación es preocupante, pero no alarmante, y mucho menos extrema. En la historia reciente, España ha pasado por peores momentos. En la década de los ochenta llegamos a tener más de tres millones de parados. Pero hay una gran diferencia con respecto a la situación actual: La población activa entonces se situaba entre los doce y quince millones de personas. Ahora, la población activa supera los 23 millones. No hemos de olvidar todo lo que supone la incorporación de la mujer al mercado laboral. Ésta es la primera vez en la historia que el número de hombres en paro (1.576.467) supera al de mujeres (1.552.496). Hoy, tener el veinte por ciento de paro no significa tener desamparadas a “veinte de cada cien familias”. Cada vez son menos las familias con un solo miembro en activo.

jueves, 8 de enero de 2009

Muerte en el tajo




Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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El año 2.008 nos ha dejado una buena noticia en cuanto al número de fallecidos por accidentes de tráfico. Se han reducido en más de 20 %. Los 2.181 muertos son muchos, pero son 560 menos que hace un año. Pero 2.008 también nos ha dejado una mala noticia: pese al descenso de la actividad, 261 trabajadores de la construcción han visto truncada su vida en el tajo, tan solo ocho menos que el año pasado. En Andalucía, los 50 fallecidos superan incluso en número a los 47 de hace un año. Hay motivos para el pesimismo.

¿Por qué la construcción sigue teniendo semejantes cotas de siniestrabilidad? Todos los expertos coinciden en señalar que la legislación es la adecuada. La Ley 31/95, de Prevención de Riesgos Laborales, y el Real Decreto 1627/97, por el que se establecen Disposiciones Mínimas en Materia de Seguridad y Salud en la Construcción son una transposición casi literal de la normativa europea que tan buenos resultados está dando en todos los países. No es, pues, cuestión de regulación legal. ¿Qué falla entonces?

En mi modesta opinión aún no se ha hecho un estudio serio que analice la situación y proponga las soluciones adecuadas. El esperado “Informe Durán”, con todos los respetos para su autor, fue decepcionante. Los sindicatos insisten en que la situación es consecuencia de la alta temporalidad del empleo, pero los datos estadísticos no avalan esta afirmación. Tampoco la solución está en poner un inspector en cada obra, pues para eso está el Coordinador de Seguridad y Salud, que no olvidemos que es un profesional de la prevención. Lo que sí está claro es que este año 2.009 algo novedoso habrá que hacer. Los lamentos no solucionan nada. Si con los accidentes de tráfico se ha conseguido, ¿por qué vamos a dejar la siniestrabilidad de la construcción como un caso perdido?

jueves, 1 de enero de 2009

¿Crisis U o crisis L?


Las crisis, como los tallajes de las prendas de vestir, también se miden utilizando ciertas letras del abecedario (por cierto, desconocía hasta hoy que el catálogo de tallas de ropa habituales -S, M, L, XL y XXL- se ha visto ampliado con la talla 3XL para satisfacer la creciente demanda de los obesos). El grafismo de las letras que las identifican –las crisis, digo- es el que marca la situación. Está claro que ésta que padecemos no es una crisis V, caracteriza por una bajada repentina y un crecimiento inmediato.

Los economistas dirimen si es una crisis U o es más bien una crisis L. La primera se caracteriza por una bajada repentina, un mantenimiento del decrecimiento durante un periodo de tiempo relativamente corto (cuatro o seis trimestres) y un ascenso posterior. El presidente del Gobierno, que es un hombre optimista por naturaleza, se apunta a esta modalidad. Pero no faltan quienes vislumbran la posibilidad de que estemos inmersos en una crisis de mayor calado, en una crisis L, caracterizada por una bajada repentina y una prolongación indeterminada de los bajos niveles de crecimiento.

Los escépticos, que por naturaleza no somos ni optimistas ni pesimistas, sino todo lo contrario, visto lo visto, no sabemos a qué carta quedarnos. Si hace tan solo cinco o seis meses ningún entendido fue capaz de vaticinar que íbamos a entrar en esta situación, por qué ahora les vamos a creer cuando nos dicen que la situación es pasajera ¿Crisis U o crisis L?, he ahí el dilema.

Lo que produce verdadera pena es que los humanos, que tan listos somos para todo, aún no hayamos descubierto la máquina de modificar los tiempos. Hubiéramos saltado directamente de 2.008 a 2.010 evitando este 2.009 fatídico que nos ha caído encima. No puede ser. Pues resignémonos, que otro remedio no queda.

Con Tráfico hemos topado, amigo Sancho



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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En esta vida, como tiene que haber de todo, no faltan quienes somos propensos a meternos en cualquier charco. Servidor está ahora metido en uno, enfangado hasta las rodillas, y del que me resulta tan difícil salir que no he encontrado mejor opción que recurrir a mi reducida colonia de lectores para ver si alguno de ellos me ilumina. Mil quinientos euros andan en juego. Sabe usted –y ya me dirijo personalmente a usted, querido lector- que vivir en un pueblecito tiene muchos inconvenientes –quien dijo aquello de pueblo pequeño infierno grande no andaba descaminado- pero también muchas ventajas. Una de ellas, que somos como una gran familia, que nos peleamos de vez en cuando como se pelean todos los miembros de una familia, pero en los momentos más necesitados de nuestras vidas siempre estamos ahí.

Mi vecino Manuel es un hombre que ha nacido solamente para trabajar. Conduce un camión frigorífico y los siete días de la semana anda por medio mundo distribuyendo hortalizas de nuestros invernaderos. Aquí, en el pueblo, queda su señora esposa –una sacrificada mujer, Ana- y dos vástagos ya granados que están todo el día coche para arriba, coche para abajo. Regresó Manuel de uno de sus viajes, y nada más llegar al hogar se encontró sobre la mesa de camilla un sobre certificado con una notificación de Tráfico. Mientras él luchaba contra el sueño por esas carreteras europeas, alguien de la familia cogió el coche de la casa y le dio al acelerador con tanta alegría que recibieron como premio una sanción de 300 euros, la posible pérdida de puntos y el requerimiento de que identificara al conductor del vehículo. Qué casualidad, precisamente ese día y a esa hora ninguno de la familia había cogido el coche. Es lo que le confesaron los tres con tan poca credibilidad como vergüenza.

Manuel, como la mayoría de la gente, tiene una apreciación equivocada de la sabiduría de quienes escribimos en los periódicos. Es de los que creen que porque escribimos de todo sabemos de todo, y no sabe el hombre que a la mayoría de los articulistas nos pasa como a los tertulianos de la radio: opinamos de todo, pero no tenemos idea de casi nada; es cuestión de echarle cara al asunto y hacer creíble lo que expresa nuestra ignorancia. El caso es que me viene Manuel con su multa, me plantea la papeleta y me pregunta que qué hace. Cualquier persona medio sensata lo hubiera dirigido a Tráfico, o a una gestoría, pero, por agradarle, le digo que reúna a la familia seriamente y que les digan de una puñetera vez quién era el conductor del vehículo el día de autos. El hombre, compungido, me dice que lo ha intentado por todos los medios, pero que no hay manera, que el conductor no quiere descubrirse. Echo entonces mano de la lógica y le digo que, puesto que no puede facilitar los datos del conductor, que escriba a Tráfico una carta explicándole la situación y acompañe un escrito del patrón del camión certificando que ese día y a esa hora él se encontraba en las inmediaciones de Berlín descargando judías de El Ejido. Que diga en la carta que su desconocimiento del caso es tal que si diera el nombre de alguien, de su mujer o de uno de sus mozalbetes, podría incurrir en falso testimonio. Y eso hizo.

Pasaron apenas dos semanas cuando de nuevo Manuel estaba en la puerta de mi casa con otra cartita de Tráfico. Pesados y persistentes sí son. Pero ésta tenía tela: Como usted –vienen a decirle- no quiere identificar al conductor del vehículo le imponemos una sanción de 1.500 euros. Palabra de honor, cuando lo leí, pensé: Tierra, trágame. ¿Qué hago ahora, vecino?, me preguntó. Y yo qué sé, es lo que tenía que haberle dicho y no fui capaz de decirle, porque al fin y al cabo uno también tiene su amor propio. Entonces fue cuando me salió la vena de articulista orgulloso: Trae para acá y despreocúpate del tema, que esto ya es cosa mía. A hurtadillas fui a Tráfico e hice efectivos los 1.500 euros. Fue la penitencia que tuve que pagar por cometer el pecado de meterme donde nadie me llamaba. Una multa a la ignorancia. Pero que conste que no es justo. No es justo. Y usted, lector –usted, siempre usted; si no fuera por mis lectores...-, si pudiera decirme qué hay que hacer para recuperar el dinero se lo agradecería eternamente. Pero que Manuel no se entere, por favor, que él nunca permitiría este mal rato. Ni él lo permitiría ni yo quisiera defraudarle. Pero si pudiera recuperar los 1.500 euros...