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sábado, 20 de diciembre de 2008

Se nos van los guiris



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Dice el diccionario de la Real Academia que los guiris son los turistas extranjeros. La wikipedia, que es más anárquica, constriñe el término a los turistas del norte de Europa. Y la almeripedia, que es el colmo de la focalización lingüística, limita el término a los ingleses que habitan entre nosotros, bien de forma ocasional –llamémosle también turistas-, bien de forma estable. Es una forma coloquial, cariñosa, de llamarlos, no una forma despectiva. Pues bien, tomando por guiri esta acepción propia, resulta que vamos camino de quedarnos sin guiris en esta santa tierra nuestra. Y todo por culpa del mardito parné.

Los ingleses han tenido, y tienen, un concepto exacerbado de su autoestima. Lo que es bueno para ellos es bueno para el mundo, pero lo que es bueno para el mundo no tiene por qué ser necesariamente bueno para ellos. En su descargo hay que decir que, a veces, la autoestima propia puede ser el producto del complejo de inferioridad ajeno. Con el tema del euro elevaron su orgullo patrio a límites infinitos no aceptando lo que objetivamente era bueno para todos. Ahora, tanto engreimiento les puede pasar factura. Su moneda, la libra, está de capa caída. Hace tan solo un año, por una libra que ellos traían, nosotros le dábamos un euro y cuarenta céntimos. Ahora, el cambio es prácticamente a pelo. Fifty-fifty. Es como si sus sueldos y pensiones de origen se hubieran reducido de un plumazo casi un treinta por ciento. En esas condiciones ya no les resulta tan interesante, crematísticamente hablando, disfrutar de nuestro sol, y la mayoría de ellos están tomando el camino del retorno. Es una pena, porque les habíamos tomado cariño. Good bye, amigos; hasta pronto. Os cuidaremos el perro. ¡Y aceptad el euro, por favor!