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viernes, 26 de diciembre de 2008

El reparto de la tarta



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Tras oír lo que se dice estos días sobre la financiación autonómica nos queda a más de uno la impresión de que el debate parte viciado y se está creando un concepto equivocado de lo que es el funcionamiento económico del Estado. Se está formando la falsa idea de que los dineros públicos son un enorme pastel que algunos pretenden comerse a mordiscos, y que pedazo que alguien se lleva entre los dientes, pedazo que se pierde. Y no es eso.

Los recursos del Estado son los que son, y lo que ahora se está viendo es qué parte de esos recursos va a administrar el gobierno central y qué parte administrará cada comunidad autonómica. Pero nunca olvidemos que las administraciones autonómicas son tan Estado como la administración central. En la negociación, cada autonomía está poniendo sobre la mesa las peculiaridades y la realidad de su situación, y en base a ellas considera que debe establecerse su financiación. Las comunidades más pobladas piden –y tienen razón- que en la distribución hay que tener en cuenta el número de habitantes. Las que tienen mayor porcentaje de población envejecida solicitan –y también tienen razón- un capítulo adicional por esta circunstancia. Las que tienen lengua propia consideran –y también les asiste la razón- que precisan de una inversión especial para activar su uso. Las que tienen poca población y mucho territorio estiman que es de justicia –y lo es- recibir un plus especial para hacerle llegar los servicios a todos sus habitantes. Y etc., etc.

La difícil -y apasionante- papeleta que tiene el Gobierno es hacer un reparto que respete las legítimas y justas peticiones de cada autonomía sin olvidar el principio irrenunciable de la solidaridad. Contentar a todos no es fácil, pero es ante las dificultades donde se muestra la verdadera talla de un gobierno.