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domingo, 28 de diciembre de 2008

Españoles: Franco... ¡ha muerto!



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

El peor destino que se le puede desear a un dictador es verlo desaparecer de la faz de la tierra. Y Franco está enterrado y bien enterrado bajo una lápida de mármol que dicen que pesa mil quinientos kilos. ¿A qué viene entonces esta movida de hacer un juicio sumarísimo a Franco y al franquismo?

Me parece bien que se hagan desaparecer todos los signos visibles que supongan una exaltación del dictador y de su entorno. Las estatuas franquistas, los nombres de calles en memoria de golpistas, las lápidas recordando los muertos del bando traidor... todo eso no debe permanecer ni un día más en el ángulo de visión de cualquier ciudadano libre. Es lamentable que después de treinta años de democracia se dude de si una estatua de Franco debe engalanar la plaza de un pueblo o el patio de un cuartel.

Pero una cosa es evitar los signos visibles, los que nos producen molestia sensorial y hieren sentimientos, y otra hurgar en los archivos y hemerotecas para eternizar un debate que el tiempo debería haber superado. Los títulos honoríficos a personas que impulsaron o sirvieron el régimen franquista se cuentan por decenas de miles. Pero todas aquellas personas yacen bajo tierra o están con pie y medio lejos de este mundo. Ensañarse con ellas no tiene sentido, y hacerlo con lo que queda de ellas es eludir la reconciliación y la convivencia en paz. La Constitución de 1.978 dio paso a un nuevo tiempo, alejado del odio y del ajuste de cuentas. Nuestro pasado, el pasado de cada uno, está ahí. Para lo bueno y para lo malo. Y cuando miramos para atrás, algunos nos podemos sentir orgullosos de nosotros mismos y de los nuestros y otros nos podemos sentir avergonzados de nosotros mismos y de los nuestros. Pero dejemos esos sentimientos depositados en el interior de muestras propias entrañas.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El reparto de la tarta



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Tras oír lo que se dice estos días sobre la financiación autonómica nos queda a más de uno la impresión de que el debate parte viciado y se está creando un concepto equivocado de lo que es el funcionamiento económico del Estado. Se está formando la falsa idea de que los dineros públicos son un enorme pastel que algunos pretenden comerse a mordiscos, y que pedazo que alguien se lleva entre los dientes, pedazo que se pierde. Y no es eso.

Los recursos del Estado son los que son, y lo que ahora se está viendo es qué parte de esos recursos va a administrar el gobierno central y qué parte administrará cada comunidad autonómica. Pero nunca olvidemos que las administraciones autonómicas son tan Estado como la administración central. En la negociación, cada autonomía está poniendo sobre la mesa las peculiaridades y la realidad de su situación, y en base a ellas considera que debe establecerse su financiación. Las comunidades más pobladas piden –y tienen razón- que en la distribución hay que tener en cuenta el número de habitantes. Las que tienen mayor porcentaje de población envejecida solicitan –y también tienen razón- un capítulo adicional por esta circunstancia. Las que tienen lengua propia consideran –y también les asiste la razón- que precisan de una inversión especial para activar su uso. Las que tienen poca población y mucho territorio estiman que es de justicia –y lo es- recibir un plus especial para hacerle llegar los servicios a todos sus habitantes. Y etc., etc.

La difícil -y apasionante- papeleta que tiene el Gobierno es hacer un reparto que respete las legítimas y justas peticiones de cada autonomía sin olvidar el principio irrenunciable de la solidaridad. Contentar a todos no es fácil, pero es ante las dificultades donde se muestra la verdadera talla de un gobierno.

martes, 23 de diciembre de 2008

Todos con Hugo

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Alfonso García ha demostrado una vez más que es un hombre ágil de reflejos. Su respuesta al “caso Arconada” es la propia de quien sabe lo que tiene y sabe lo que quiere. La afición andaba desanimada, y sólo un golpe de efecto, un giro radical, podía cambiar la tendencia de los aficionados hacia la desesperación. El Almería llevaba unos meses sumido en el desconcierto, motivado por una serie de hechos de difícil comprensión, empezando por la campaña de abonos, continuando por los inusuales rapapolvos noche y día a los aficionados y a las empresas, siguiendo por el estrambote de los refuerzos de la plantilla y terminando por donde, con tal plan, había que terminar: en búsqueda desesperada hacia los últimos lugares de la clasificación.

Almería –entendiendo como tal a la sociedad almeriense en general- no tiene asumida una cultura de fidelidad futbolística hacia un equipo de la tierra. Tal vez se deba a la inestabilidad de nuestros clubes. En otras provincias, son las aficiones las que arrastran a sus equipos hacia el éxito. Aquí, tiene que ser al revés. Se nos tiene que presentar un equipo de éxito para crear afición. La temporada pasada todo salió bien: aceptable números de abonados, buena campaña en lo deportivo y euforia general. Se creó el caldo de cultivo adecuado para dar un impulso al grueso de la afición. Pero no se hizo nada adecuado para que de esa siembra saliera una buena cosecha. No es cuestión de volver otra vez a machacarnos la cabeza sobre las causas de tanto error. Pero sí debemos ser lo suficientemente humildes para aprender de la lección.

El Presidente, con esto que ha hecho ahora, ha demostrado que es sensible a la situación y que tiene capacidad de respuesta. El fichaje de Hugo Sánchez debe ser el punto de partida de un nuevo tiempo. La temporada 2008-2009, con Hugo en el banquillo, debe ser la de la transición a la estabilidad. Y en cuanto se consigan los objetivos de la permanencia –que necesariamente tienen que cumplirse, porque tenemos equipo para ello- hay que ponerse a planificar el Almería del 2.010. Hay que recuperar e incrementar el apoyo popular, el apoyo empresarial y el apoyo institucional. Estos tres pilares son básicos para tener un equipo sólido con mentalidad triunfadora. Nuestro triunfo no es otro que arraigar un equipo en la mayor categoría del fútbol nacional. Nada más... y nada menos.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Se nos van los guiris



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Dice el diccionario de la Real Academia que los guiris son los turistas extranjeros. La wikipedia, que es más anárquica, constriñe el término a los turistas del norte de Europa. Y la almeripedia, que es el colmo de la focalización lingüística, limita el término a los ingleses que habitan entre nosotros, bien de forma ocasional –llamémosle también turistas-, bien de forma estable. Es una forma coloquial, cariñosa, de llamarlos, no una forma despectiva. Pues bien, tomando por guiri esta acepción propia, resulta que vamos camino de quedarnos sin guiris en esta santa tierra nuestra. Y todo por culpa del mardito parné.

Los ingleses han tenido, y tienen, un concepto exacerbado de su autoestima. Lo que es bueno para ellos es bueno para el mundo, pero lo que es bueno para el mundo no tiene por qué ser necesariamente bueno para ellos. En su descargo hay que decir que, a veces, la autoestima propia puede ser el producto del complejo de inferioridad ajeno. Con el tema del euro elevaron su orgullo patrio a límites infinitos no aceptando lo que objetivamente era bueno para todos. Ahora, tanto engreimiento les puede pasar factura. Su moneda, la libra, está de capa caída. Hace tan solo un año, por una libra que ellos traían, nosotros le dábamos un euro y cuarenta céntimos. Ahora, el cambio es prácticamente a pelo. Fifty-fifty. Es como si sus sueldos y pensiones de origen se hubieran reducido de un plumazo casi un treinta por ciento. En esas condiciones ya no les resulta tan interesante, crematísticamente hablando, disfrutar de nuestro sol, y la mayoría de ellos están tomando el camino del retorno. Es una pena, porque les habíamos tomado cariño. Good bye, amigos; hasta pronto. Os cuidaremos el perro. ¡Y aceptad el euro, por favor!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Todos a la cárcel


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Ante el anuncio del Ministerio del Interior de construir varios recintos penitenciarios a lo largo y ancho del solar patrio, entre ellos uno en la provincia de Almería, y más concretamente en la zona norte, los alcaldes de los pueblos del Alto Almanzora han girado visita a la prisión de Albolote para conocer, sin situ, las ventajas y los inconvenientes de una instalación como ésta. A la vuelta, todo son elogios para la realización de un proyecto de este tipo.

Hace unos años, el mismo proyecto salió a la luz estableciendo, a diferencia de ahora, el municipio concreto de ubicación, Zurgena. Ahora parece que al Ministerio le da igual el pueblo. Aquel anuncio del gobierno tuvo, entonces, una reacción de oposición inmediata por parte del ayuntamiento zurgenero, y su alcalde vino a decir poco menos que antes de ver la cárcel en su pueblo tendrían que pasar por encima de su cadáver.

En el intervalo de tiempo transcurrido entre aquella reacción y ésta, tan opuestas, muchos nos hemos puesto a pensar cuáles son realmente las ventajas y desventajas de instalar un recinto carcelario en una comarca o un municipio determinados. Y, por lo que a mí respecta, quisiera ser sincero: inconveniente no veo ninguno. Ventajas veo muchas. Necesitaría otro artículo para enumerarlas. Para encontrar una sola razón que motivara mi oposición a un proyecto como éste tendría que reconstruir en mi mente la versión novelesca de los viejos recintos carceleros. Y aún así, hasta dudaría, pues, según vemos en las películas del género (¿cuántas veces habré visto ya Alcatraz?), los presos que se fugan nunca van al pueblo de al lado a hacer fechorías. Pueden ser delincuentes, pero, hombre, todos tontos no van a ser.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Recetas mágicas



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Es cierto que la creación de un fondo de 9.000 millones de euros para hacer obras municipales no es la panacea para salir de la crisis. Entre otras razones, porque una situación tan compleja no se resuelve con recetas mágicas. Pero lo peor que pueden hacer los gobiernos –desde el local al estatal- es entrar en el colapso del pesimismo y afrontar la situación como si de un castigo divino se tratara. Los periodos de recesión, como los de crecimiento, forman parte de la historia misma de las sociedades modernas, y de ellos unas veces se sale antes y otras se sale después. Hasta 1.954 las bolsas estadounidenses no alcanzaron los niveles de crecimiento abandonados por la depresión de 1.929. Y para ello hasta tuvo que pasarse por una Guerra Mundial. Seguro que ahora la recuperación no será tan duradera ni tan dramática.

España tiene la suerte de verse precedida de unos años de crecimiento económico muy importantes. La crisis ha estallado en nuestras manos a los pocos meses de disfrutar de crecimientos superiores al cuatro por ciento. Podemos afrontar la situación en mejores condiciones que otras economías más débiles. Pero para ello es necesario actuar en todos los frentes sin exclusión: en el fiscal, en el económico, en el social, en el salarial, en el laboral. En todos.

Está sorprendiendo la inexistencia de medidas laborales concretas para afrontar el tema del paro. La legislación laboral española es muy compleja y, a veces, como ahora, incompatible con momentos de crisis. Un ejemplo: El sector de la construcción, en caída libre, tiene vigente un convenio que obliga a las empresas no a mantener el poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores que aún les quedan, que no sería poco, sino a subir los sueldos un punto y medio por encima del IPC. ¿No se lo creen? Pues es verdad.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Entre la UAL y Torrijos



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Confieso que nadie me ha dado vela en este entierro, pero mi trajín va por otros derroteros, aunque sobre el mismo tema: los artículos que se cruzan en este periódico el periodista Torrijos y el Gabinete de Comunicación de la Universidad de Almería (véanse La Voz de los días 3 y 4, páginas de opinión). Yo voy a la forma, no al fondo. No soporto a quienes, teniendo la obligación de leer y escribir correctamente, apenas saben hacer una o con un canuto. Por eso no me soporto a mí mismo. Y por eso casi estoy a punto de no soportar al Gabinete de Comunicación de la UAL, cuyo comunicado, publicado en la página 28 del periódico, es una oda a la sinrazón (insisto, por la forma, no por el fondo, que en nada me interesa).

Señores de la UAL: Primero, este periódico se llama “La Voz…”, no “la Voz”. Segundo, si a don Alberto Fernández le dotamos del don, den el mismo trato a los otros señores a los que se hace referencia. Tercero: un alumno de Primaria no debe escribir “… a los fines de solicitar la presente publicación a los fines de realizar…”. Cuarto, me parece que no se debe decir “es que nos dirigimos al Sr. Director…”, sino “es por lo que nos dirigimos…”. Quinto: sobra la coma cuando se escribe “el catedrático de la UAL, Juan Cano…” porque supongo que en la UAL habrá otros catedráticos. Sexto, en la precisión cuarta, tras UAL debe ir una coma, y ese “este” debe llevar tilde. Y si hablamos de frases farragosas, haylas a raudales. Penoso.

Es cierto, eso sí, lo que se afirma al final de la “Tribuna” de que los rectores andaluces son personas de gran prestigio social, alejadas del lenguaje chabacano y poco correcto. De sus gabinetes de comunicación no se puede decir lo mismo. Algunos, incluso, parecen que han ido a la Universidad sin pasar antes por la Secundaria.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

¡Que vienen los rusos!


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Esto de la economía global no hay quien lo entienda. Y si no, que le pregunten a Sacyr. Hace unos años, a Del Rivero se le ocurrió comprar el 35 % de una constructora francesa, Eiffage (por cierto, con delegación en Almería). Quienes no lo saben deben saber que una participación así de una sociedad cotizada supone en la práctica tomar su control, salvo acuerdos muy estrictos de accionistas minoritarios o existencia de otro socio mayoritario, que no era el caso. Compra la empresa, digo, y cuando va a tomar posesión, los administradores le dicen que nanay, que Sacyr allí no pinta nada. Y eso que era una empresa de Francia, nación con la que compartimos mercado único. La española acude a los tribunales franceses y comunitarios, y entre recurso y recurso y sentencia favorable y desfavorable, al final, aburrida, tira la toalla y vende las acciones con unas minusvalías de quinientos millones de euros. Menudo palo, y menudo fracaso de la economía global.

Como a Luis del Rivero le gustaba meterse en todos los charcos, también entró en Repsol (en el BBVA le pararon a tiempo) con la compra del 20 % de sus acciones. Agobiado por unas deudas que superan los 12.000 millones de euros (y porque ha vendido Itínere), decide venderlas, y miren por dónde los únicos pretendientes vienen de la temida Rusia. ¿Cómo vamos a vender Repsol a los rusos?, se escandalizan los otrora liberales convictos. ¿Y por qué no? El interés general de un país se defiende dotando a sus sectores estratégicos de un marco regulatorio adecuado, no poniendo puertas al campo en el fluir de los mercados de capitales. Se sorprenderán si les digo que ni Alemania ni Suiza tienen petrolera propia. Y no pasa nada. Tienen, eso sí, una legislación pensada para evitar el estropicio que les puede ocasionar el millonario ruso de turno.