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domingo, 23 de noviembre de 2008

¿Qué hacemos con González y Aznar?


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

José María Aznar y Felipe González, los dos últimos ex-presidentes, tienen tras sí una vida política con muchos puntos en común: llegaron jóvenes a la presidencia del gobierno, realizaron una buena gestión y se retiraron en plena madurez intelectual. El colofón de sus vidas políticas no fue en justicia el que merecían. Uno tuvo que salir por pies, salpicado por los escándalos de algunos de los personajillos de los que se rodeó, y el otro nos dejó para el recuerdo una foto vergonzosa y el aliento a una guerra inacabable que cuenta a sus víctimas por miles. El Real Decreto 2102/1983, en su ánimo de hacer confortable el futuro de los ex-presidentes, revisó su régimen estatutario dotándoles de ciertas prerrogativas. Gozan del tratamiento de Presidente, en sus desplazamientos fuera de España pueden disponer de nuestros servicios diplomáticos, tienen a su disposición dos empleados de alto nivel profesional, así como una oficina para atenciones de carácter social, automóvil de representación, chófer, servicios de seguridad y pase libre en todas las compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado. No está mal.

Pero Aznar y González no se resignan a vivir en ese retiro dorado, ajenos a los titulares periodísticos, y quieren seguir ocupando su parcela de protagonismo diario. Sin responsabilidad política alguna, uno se ha soltado la melena y otro el desparpajo para incordiar a sus respectivos sucesores y hacerles la vida un poco menos agradable. Dicen quienes viven la experiencia que no hay matrimonio joven que resista la jubilación anticipada de uno de los cónyuges. Viendo y oyendo a González y Aznar debe ser verdad. Pobres Rajoy y Zapatero, las que les ha caído con sus ex.