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jueves, 13 de noviembre de 2008

Maldita crisis, mardito parné


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Pongámonos en situación. Imagine, lector, que hace un par de años tomó la decisión de establecerse por su cuenta y crear su propia empresita. Coge sus ahorros, alquila un local, lo arregla y monta su tienda de móviles, por ejemplo. Como le falta algo de dinero, va al banco y le pide 30.000 euros para pagárselos a cinco años en cuotas mensuales. Vale. Ahora tiene que llenar el local de mercancía y empezar a operar, y para ello firma con el banco una póliza de otros 30.000 euros (que va utilizando según sus necesidades) y firma también una línea de descuento comercial de otros 30.000 euros (para que le anticipen los pagarés que le dan sus clientes). Todo marcha perfectamente. Usted vende teléfonos, cada mes paga el recibo del préstamo, hace uso de la póliza según esté su tesorería y descuenta papel según sus necesidades puntuales. Tiene dos empleados, a los que paga religiosamente, igual que paga sus tributos e impuestos a todo el mundo: el IVA, el IRPF, el IBI, el IAE, la SS… todo.

En esto que, de pronto, llega la crisis. Usted no se preocupa. Porque su negocio va bien y es un buen empresario. Han disminuido un poco las ventas, sí, pero no hay problemas. Hasta que cierto día le llama el director del banco y le dice que tienen que hablar. Ya se echa a temblar . Le dice tres cosas: una, que la póliza se la reducen a 10.000 euros; otra, que la línea de descuento se la dejan en 15.000 euros, y además de ello, cada vez que lleve un pagaré éste debe ser de alguien de muchísima solvencia, porque si no, no lo aceptan; y tercero, que el tipo de interés que estaba pagando se lo aumentan en dos puntos. Usted, como es natural, requiere una explicación: ¿Acaso he incumplido con mis compromisos?, ¿les he devuelto alguna vez algún recibo, alguna letra? No, no, le dice el director, usted es un cliente ejemplar. ¿Y entonces? Pues entonces, le responde, esto es lo que hay. Y es lo que hay. Maldita crisis. Mardito parné.