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domingo, 30 de noviembre de 2008

Guardias civilas



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Voy a contarles hoy una de esas historias que solamente acaecen a quienes aún no hemos superado el estadío de la inmadurez. Sabía, porque alguna he visto, que existían guardias civilas (perdón por la licencia lingüística), pero nunca había tenido relaciones con ellas por razones profesionales. Hasta que el otro día iba en el coche camino del trabajo. No sé si a ustedes les pasa lo que a mí cuando ven a la pareja. Intento ignorarlos, hago como si no estuvieran. Esta vez no pude. Por dos razones: porque la pareja eran dos elegantes muchachas y porque una de ellas me dio el alto.

Confieso que mis recuerdos del benemérito instituto no son lo gratificantes que quisiera, pero es por un nimio tema personal que se remota a la infancia. Miren que intento corregirlo y me digo una y mil veces que esta Guardia Civil no tiene en común con aquélla más que el color del uniforme, pero no hay manera. A lo que iba. Me para la muchacha, decía, y se acerca. Primera reacción: lejos de sentirme incómodo, casi me siento a gusto. “Buenas tardes”, me dice. Le respondo con el mismo deseo, pero también observo que no es un deseo protocolario, sino de corazón. Después vino lo habitual: documentación y tal, seguro del coche. Nada especial, corrección por ambas partes. “Puede usted continuar y que pase muy buenas tardes”, me dijo para despedirse. “Igualmente le digo y, sobre todo, acepte mi enhorabuena”. Fue lo que me salió. La guardia se quedó como sorprendida por lo de la enhorabuena, pero comprendí que no era el momento de explicárselo. Ahora leo que un montón de chicos y chicas están haciendo exámenes para entrar en la Academia. Si fuera Rubalcaba, a ellas, las aprobaba todas. Por el bien del cuerpo. Y si, dicho esto, me tildan de machista, perdonen, pero es que no me han entendido.

domingo, 23 de noviembre de 2008

¿Qué hacemos con González y Aznar?


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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José María Aznar y Felipe González, los dos últimos ex-presidentes, tienen tras sí una vida política con muchos puntos en común: llegaron jóvenes a la presidencia del gobierno, realizaron una buena gestión y se retiraron en plena madurez intelectual. El colofón de sus vidas políticas no fue en justicia el que merecían. Uno tuvo que salir por pies, salpicado por los escándalos de algunos de los personajillos de los que se rodeó, y el otro nos dejó para el recuerdo una foto vergonzosa y el aliento a una guerra inacabable que cuenta a sus víctimas por miles. El Real Decreto 2102/1983, en su ánimo de hacer confortable el futuro de los ex-presidentes, revisó su régimen estatutario dotándoles de ciertas prerrogativas. Gozan del tratamiento de Presidente, en sus desplazamientos fuera de España pueden disponer de nuestros servicios diplomáticos, tienen a su disposición dos empleados de alto nivel profesional, así como una oficina para atenciones de carácter social, automóvil de representación, chófer, servicios de seguridad y pase libre en todas las compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado. No está mal.

Pero Aznar y González no se resignan a vivir en ese retiro dorado, ajenos a los titulares periodísticos, y quieren seguir ocupando su parcela de protagonismo diario. Sin responsabilidad política alguna, uno se ha soltado la melena y otro el desparpajo para incordiar a sus respectivos sucesores y hacerles la vida un poco menos agradable. Dicen quienes viven la experiencia que no hay matrimonio joven que resista la jubilación anticipada de uno de los cónyuges. Viendo y oyendo a González y Aznar debe ser verdad. Pobres Rajoy y Zapatero, las que les ha caído con sus ex.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Las cajas andaluzas



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Braulio Medel, presidente de Unicaja, es uno de los financieros más coherentes y razonables que tenemos en Andalucía. Nunca ha entendido la organización del sistema financiero andaluz en clave localista, contrariamente a lo que ocurre con la mayoría de sus colegas. Es un defensor a ultranza de la caja única andaluza. Pero su postura no es consecuencia de la incierta situación coyuntural, sino el fruto de una convicción que viene de mucho tiempo atrás. Ahora, ha vuelto a hablar claro y ha venido a decir que anden con cuidado aquéllos que se oponen a la unión porque puede suceder que su negativa actual se torne en deseo desesperado dentro de unos meses. No hay que ser un lince para saber que el destinatario del recado tiene nombre y apellidos, el de aquel que desoye reiteradamente a su partido y quiere seguir enclaustrado en su terruño financiero.

Los almerienses, para eso, somos más eficaces, que no confundir con más “desarraigados” geográficamente. Aceptamos la desaparición de Cajalmería aún sabiendo que íbamos a perder protagonismo provincial. Pero también sabíamos que en un mundo financiero cada más atomizado los reinos de taifas tienden a desaparecer, y mejor hacerlo antes que después. El PP y el PSOE no pueden estar todos los días jugando a la gallinita ciega con este tema. Ha llegado el momento de mover fichas. La dispersión geográfica de nuestras cajas no tiene futuro, y siempre es mejor la unión voluntaria por una conveniencia general que la obligada por una situación desesperada. La reciente movida del Santander, ampliando capital de forma repentina, es un aviso a navegantes. O nos fortalecemos ahora o el año que viene puede ser demasiado tarde. Copiemos de Botín. Es muy listo. La unión de las cajas andaluzas no debe esperar mucho tiempo más.

sábado, 15 de noviembre de 2008

A los vascos y a las vascas


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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En mi inquietante afán por contrastar con otros mis experiencias personales, me gustaría saber, querido lector –y cuando digo querido lector, me refiero no solamente a los vascos, sino a los vascos y a las vascas- si en tu vida acaece una situación parecida a la mía. Si así fuera, me tranquilizaría; si no, pensaría que mi esquizofrenia es irreversible. Resulta que mi ego ha establecido ciertas líneas límite que de ningún modo puedo sobrepasar aún cuando mi voluntad así lo deseara. Voy a poner varios ejemplos. Me gusta la tele, pero como vaya a una casa y estén viendo “Dónde estas corazón”, tomo la puerta y me voy. Así, sin más. Estoy en una reunión, y como salga el graciosillo de turno con el chistecito de “maricas” no doy tiempo a decir adiós. Me encuentro a un amigo, y como intente darme la paliza hablándome de su nietecito recién nacido, le paro en seco. Dicen que soy muy áspero, que hay que ser más diplomático en esta vida, pero palabra que no es cuestión de voluntad.

Soy un lector empedernido, de esos que en la taza del water closet –del retrete, que decíamos antes- lee los prospectos de los medicamentos. Pero que nadie me diga que lea la carta dominical de Pedro J. en El Mundo. No, no y no, me niego. Hace unos años mi hotel en Madrid era el Mindanao. Hasta que les dio por echarme por la ranura de la puerta el ABC. Era el ABC de Ansón, no éste de ahora. Pedí al director que me diera otro periódico o tenía que cambiar de hotel. Mis fuerzas no me permitían ver en la habitación un periódico con aquella columna cursi de Ansón diciendo eso de “Es un clamor popular en todo el país...”. Y como me suba en un taxi y lleve puesto a don Federico, le digo al taxista: oiga, pare, por favor, y dígame qué le debo, que es que me apetece hacer autostop.

Mi madre me dice que por qué soy tan raro. Y le respondo: ¿Tú, precisamente tú, me lo preguntas?

jueves, 13 de noviembre de 2008

Maldita crisis, mardito parné


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Pongámonos en situación. Imagine, lector, que hace un par de años tomó la decisión de establecerse por su cuenta y crear su propia empresita. Coge sus ahorros, alquila un local, lo arregla y monta su tienda de móviles, por ejemplo. Como le falta algo de dinero, va al banco y le pide 30.000 euros para pagárselos a cinco años en cuotas mensuales. Vale. Ahora tiene que llenar el local de mercancía y empezar a operar, y para ello firma con el banco una póliza de otros 30.000 euros (que va utilizando según sus necesidades) y firma también una línea de descuento comercial de otros 30.000 euros (para que le anticipen los pagarés que le dan sus clientes). Todo marcha perfectamente. Usted vende teléfonos, cada mes paga el recibo del préstamo, hace uso de la póliza según esté su tesorería y descuenta papel según sus necesidades puntuales. Tiene dos empleados, a los que paga religiosamente, igual que paga sus tributos e impuestos a todo el mundo: el IVA, el IRPF, el IBI, el IAE, la SS… todo.

En esto que, de pronto, llega la crisis. Usted no se preocupa. Porque su negocio va bien y es un buen empresario. Han disminuido un poco las ventas, sí, pero no hay problemas. Hasta que cierto día le llama el director del banco y le dice que tienen que hablar. Ya se echa a temblar . Le dice tres cosas: una, que la póliza se la reducen a 10.000 euros; otra, que la línea de descuento se la dejan en 15.000 euros, y además de ello, cada vez que lleve un pagaré éste debe ser de alguien de muchísima solvencia, porque si no, no lo aceptan; y tercero, que el tipo de interés que estaba pagando se lo aumentan en dos puntos. Usted, como es natural, requiere una explicación: ¿Acaso he incumplido con mis compromisos?, ¿les he devuelto alguna vez algún recibo, alguna letra? No, no, le dice el director, usted es un cliente ejemplar. ¿Y entonces? Pues entonces, le responde, esto es lo que hay. Y es lo que hay. Maldita crisis. Mardito parné.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Lágrimas de cocodrilo



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Dice una vieja creencia popular que los cocodrilos inundan a sus víctimas de lágrimas mientras las devoran despiadadamente. De ahí que el vulgo identifique como lágrimas de cocodrilo a aquéllas que se derraman como manifestación de una alegría, y no de una tristeza. Leo en un diario digital de Almería –“Teleprensa”, buen periódico, sí, señor- que el próximo día 17 de este mes el cuadernillo que “El Mundo” dedica diariamente a nuestra provincia va a dejar de publicarse por desacuerdos entre el franquiciado almeriense –qué raro suena eso de franquiciado de un periódico- y la empresa editora matriz.

Estoy seguro de que el cierre del suplemento de “El Mundo Almería” va a derramar más de una lágrima de tristeza y enojo. También alguna que otra de cocodrilo, pero de verdad que muy pocas. El periódico de Pedro J. Ramírez es un gran periódico. Todo el mundo sabe de qué pie cojea, pero eso, lejos de restarle calidad, le da cierto condimento beneficioso, pues sabes de antemano de dónde viene y a dónde va, y lo hace sin disimulo. La adición del suplemente “Almería” por el mismo precio era otro incentivo más para comprarlo, aún sabiendo, también en este caso, como todo el mundo sabe, de las peculiaridades –dejémoslo así- de estas páginas especiales.

Nos queda el consuelo de que Almería, durante tantos años huérfana de variedad periodística en prensa escrita, aún va a seguir conservando una pluralidad de medios medianamente aceptable. La mesa de cuatro patas de la prensa diaria de pago -“La Voz de Almería”, “Ideal”, “Almería Actualidad” y “El Mundo Almería”- va a perder uno de sus soportes. La crisis económica acecha a muchas puertas, y el sector de los medios de comunicación sufre la situación tanto como otros o más. A los adictos de la prensa de papel nos entristecen días como éste.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Las rotondas de Los Gallardos

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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El BOE del día 24 de junio despertó con una buena noticia a los conductores de vehículos que toman el pequeño tramo de carretera de la vieja N-340 que transcurre entre la Autovía del Mediterráneo y la carretera comarcal de Garrucha a Los Gallardos a su paso por este pueblo. Son apenas dos kilómetros, pero muy transitados por automovilistas de Bédar, Los Gallardos, Turre, Garrucha y Mojácar, y también por quienes, procedentes de la costa de Mojácar, se dirigen en dirección Almería y viceversa. Ese día el BOE anunciaba que el Ministerio de Fomento había adjudicado a la empresa Grupo Empresarial de Obras Civiles Sur, S. A., las obras para la construcción de dos glorietas en sustitución de las actuales intersecciones que enlazan con la carretera de Bédar y con la de Garrucha a la altura de la Venta de la Molina y de la Gasolinera de Los Gallardos, respectivamente.

Las obras proyectadas iban –o van, no perdamos la esperanza- a enterrar dos puntos negros que en los últimos años han sido la causa de muchísimos accidentes, algunos de ellos con resultados trágicos. Este pequeño tramo de carretera lo toman habitualmente los camiones de gran tonelaje que transportan el yeso desde las canteras de Sorbas al puerto de Garrucha.

El “mosqueo” de los usuarios afectados está más que justificado. Primero se les dijo que el comienzo era inminente, y que las obras estarían listas para el verano. Después, que bueno, que ya era mejor dejar pasar el estío para no entorpecer el tráfico de la costa. ¿Y ahora? Ahora ya vuelan las especulaciones: que si se ha retirado el proyecto, que si la empresa ha renunciado por la temeridad de su oferta, que si no se han hecho las expropiaciones... El subdelegado del Gobierno conoce bien el tema y seguro que comprende la preocupación. Díganos algo alentador, señor Corpas.