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sábado, 27 de septiembre de 2008

Los buenos y los malos de la crisis



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Tiene razón José María Fidalgo, Secretario General de Comisiones Obreras, cuando afirma que “los trabajadores no son los causantes de la crisis”. En una economía de libre mercado, las estrategias empresariales las marcan los empresarios, y son ellos los responsables de los aciertos y los errores, de eso no cabe ninguna duda. Pero se equivoca Fidalgo cuando dice a continuación que como consecuencia de esto “no vamos a permitir que sean ellos -los trabajadores- quienes la paguen las consecuencias de esta crisis”.

A estas alturas del siglo XXI la dicotomía empresario-trabajador como concepto de intereses antagónicos y enfrentados ha quedado trasnochado. “La Codorniz”, la revista satírica de mediados del siglo pasado que tantos ratos de felicidad nos dio, siempre representaba a un empresario con una figura oronda con tirantes y cara de glotón feliz. Al trabajador lo retrataba enjuto de carnes y cara de sufrimiento y resignación. La cara y la cruz. En las sociedades modernas, todo el mundo tiene derechos, y una persona puede optar libremente por buscarse la vida como empleado o hacerlo como empleador. Tan honrado es hacerlo de una manera como de otra. Pero, al margen del papel que cada uno juguemos, generalmente viajamos en el mismo carro.

Esta crisis no está ocasionada por quienes en la sociedad laboral han adoptado la condición de empleadores. A la mayoría de ellos, a casi todos, la situación les sobrepasa, y más que verdugos son víctimas. De nada sirve ser un empresario honesto y responsable si los resultados de su empresa no dependen de su capacidad, sino de decisiones políticas y financieras que muchas veces se toman a miles de kilómetros de distancia. Estimado José María, esta película no es una película de buenos y malos, y si el barco se hunde, nos hundimos todos.