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viernes, 22 de agosto de 2008

El Periodista y el Entrenador

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


Las casualidades muchas veces son las que mandan. El lunes, por cuestiones profesionales, tenía necesidad de estar en Madrid. Y alguien del entorno tuvo la idea de que, aprovechando que el Turia pasa por Valencia, podíamos adelantar el viaje al domingo y pasarnos por el Mestalla para ver el partido de ida de la Supercopa entre el Real Madrid y el Valencia. El paisano, y sin embargo amigo, Antonio Torres, no desaprovechó la ocasión para darme el encargo de que salude de forma especial a un amigo, Unai Emery. “No fastidies –le digo-, mira, en Valencia viven un millón de almas, y en Mestalla habrá varias decenas de miles de personas, ¿qué quieres, que vaya al campo y desde la grada le mande recuerdos a voces a Unai Emery?”. Lo comprendió.

Pero he aquí que llego al hotel en el que había reservado habitación, el Valencia Palace, y aquello más que un hotel parecía una residencia deportiva. Estaban no sólo la Federación en pleno, con Villar, Hierro y Del Bosque a la cabeza, sino también a toda la plantilla del Valencia. Entonces leí en “Las Provincias” que ahora el Valencia se va a concentrar siempre en este hotel, situado a unos pocos metros del campo. Obviamente, en tal circunstancia, me vi obligado a cumplir el encargo. Pude hablar con Emery y trasladarle el encargo de mi paisano. Tras un rato de charla con él me di cuenta de varias cosas: Una, que la amistad de Torres y Emery no se limita al ámbito profesional, a la fría relación periodista-deportista. Dos, que el supuesto jardín de rosas en el que nos dejó el año pasado tiene más de una espina que por el bien del fútbol almeriense hay que arrancar. Y tres, y es la más importante, que el Almería está en primera, pero a su organización aún le falta mucho para ser considerada de primera. No sé si me entienden.