_______________________________________________________________________________________________

martes, 19 de agosto de 2008

Almería, del pasado al futuro

(Conferencia pronunciada por Emilio Ruiz en el foro de debate de La Voz de Almería “La Almería del futuro” )



Desde que naciera como provincia independiente, en el año 1.833, Almería ha vivido la mayor parte de estos casi dos siglos de existencia inmersa en una situación de marginación, pobreza y olvido. Una situación generalizada, con dos excepciones que han marcado notablemente su identidad. En ambos casos las excepciones han coincidido con los finales de cada uno de los siglos, que después analizaremos.

Hablar de 200 años en la vida de las personas, es hablar de más del doble de lo que una persona puede vivir, pero hablar de dos siglos en la vida de un territorio es poco menos que limitarse a la mínima expresión de su existencia.

Almería, históricamente, no ha sido una tierra afortunada, si por fortuna entendemos en este caso la labor que sobre sus tierras han desarrollado las personas que aquí han vivido y quienes la han regido y gobernado. Dentro de la antología de textos solemnes relacionados con nuestra situación de provincia marginada, tal vez habría que colocar en un cuadro de honor las palabras que el ministro de Fomento del año 1.869 dedicó a nuestra provincia cuando en las Cortes Generales se planteaba la necesidad de construir el ferrocarril:

La provincia de Almería –decía José Echegaray- es la más maltratada de todas las de España; la provincia de Almería es, si se me permite la palabra, la cenicienta de la casa, a la que, como a la cenicienta de la fábula, nadie ha hecho caso, y está allí abandonada; y sin embargo, Almería es una provincia que tiene grandes merecimientos, grandes riquezas y grandes elementos de vida. En la provincia de Almería no hay –decía-, no ya ferrocarril; no hay ni siquiera carreteras, ni una sola carretera. Yo no comprendo, no alcanzo a entender, cómo si para las provincias hubiese sentimientos de enojo y de dignidad, cómo la provincia de Almería no se ha desgajado del sitio que ocupa en España, rompiendo por sus rugosas ramblas, y ha ido a estrellarse contra la costa de África, buscando allí más justicia de la que ha encontrado en la tan injusta madre que para ella ha sido España”.

La situación es de hace prácticamente dos días: 1.869, hace 136 años, que, como digo, en la vida de un territorio es nada.

Por aquella época fue cuando Pedro Antonio de Alarcón escribió su “Viajes por España”. Y de Almería decía: “Almería está incomunicada por tierra con las adyacentes capitales de la provincia y con la capital del reino, si hemos de entender por comunicación cualquier vía directa por donde puedan marchar carruajes acelerados; en una palabra, para venir de Almería a Madrid hay que principiar por embarcarse el raro día que algún vapor tiene la bondad de tocar aquel puerto de paso para otra costa de España”.

Fue a finales de siglo cuando esta tierra nuestra empezó a vislumbrar un rayo de luz en su futuro. Se produce un cambio de tendencia y la Almería de la desesperanza y la frustración encuentra el alivio en el auge de la minería y el comercio. Empieza un breve periodo de modernización con la realización de pequeñas y grandes obras. Son los años de la canalización de la rambla y de la construcción del ferrocarril, del levantamiento de señoriales construcciones civiles y del apogeo cultural (Villaespesa, Paco Aquino, el Ateneo, el Círculo). Años de prosperidad y optimismo, gracias al liderazgo social de una burguesía liberal emprendedora que no tuvo continuidad en el tiempo.
Almería, a principios del siglo pasado, tenía cerca de 400.000 habitantes, y, sin embargo, en 1.930, aquí no había más de 340.000 personas. Se entró en una dinámica de retroceso que se prolongó año tras año hasta consumir las tres primeras cuartas partes del siglo XX. El saldo migratorio de nuestra provincia arrastraba, década a década, datos alarmantes: -70.000 personas en el decenio 1920-1930, -57.000 en la década de los 50 y -42.000 en la de los sesenta. No es hasta el segundo lustro de los setenta cuando el padrón almeriense se encuentra con un saldo migratorio positivo.

Esta situación de empobrecimiento y abandono cambia de forma radical a partir del inicio de la década de los ochenta, una vez que desaparece el régimen franquista por la muerte del dictador y una vez que los gobiernos de la transición pusieron en orden las cosas para hacer congeniar un pasado que aún estaba muy reciente con un futuro que necesariamente tenía que ser totalmente distinto. Los últimos gobiernos de Franco, cuando ya empezaban a verse ciertos síntomas de modernidad, fueron tacaños con Almería. Aún se recuerda el enorme agravio que fue para nuestra provincia la construcción de la llamada Autopista del Mediterráneo, que en su proyecto de entonces venía Mediterráneo abajo, y justo al llegar a la provincia de Almería, abandonaba el mar para ir hacia el interior por el norte de la provincia hacia Granada. Gonzalo Fernández de la Mora, el ínclito Ministro de Obras Públicas de entonces, habló bien claro ante los medios de comunicación: “Los almerienses –dijo- con una buena carretera tienen bastante”. Quitaron cuatro curvas en Tabernas, en la Nacional 340. Suárez hizo un trabajo impagable: nada menos que trazar las líneas de la modernidad política de España, pero su esfuerzo no le dejó ni tiempo ni dinero para dedicar una sola peseta para la modernidad económica, que no llegó hasta los gobiernos de Felipe González. Y entonces fue cuando Almería empezó a salir del túnel hacia un futuro de progreso con la Autovía del Mediterráneo, la inversión pública más rentable que se ha hecho en Almería en todos los tiempos, incluidos los actuales.

Los últimos veinticinco años de la historia de Almería no tienen parangón con cualquier otro periodo de nuestra historia. Hemos pasado de ser una provincia deprimida, desolada, sin esperanza y desconfiada de su futuro, a ser una provincia pujante, dinámica, abierta, emprendedora y en constante ebullición. Almería ya no es la tierra de las legañas, la marginación y la emigración; ahora es la tierra de la A-92, de los Juegos Mediterráneos, de la Universidad, de la Autovía del Mediterráneo; es tierra de prosperidad, de bienestar y de esperanza, ya no es tierra de exilio, es tierra de acogida.

Para ilustrar esto, basten un par de datos estadísticos que hablan por sí solos:

- En tan solo cuatro años (entre 2000 y 2004, por referirnos a datos recientes), el incremento de población en algunos municipios de Almería ofrece cifras de sobresalto: Albox ha crecido en estos cuatro años el 11%, Antas el 13, Arboleas el 50, Cuevas el 14, El Ejido el 20, Los Gallardos el 43, Garrucha el 23, Huércal de Almería el 51, Níjar el 31, Pulpí el 34, Roquetas el 32, Turre el 14, Vera el 37. En este periodo nuestra provincia ha incrementado su población en un 12 %.

- En el último quinquenio el nivel de renta familiar ha crecido más del 50% en municipios como Arboleas, El Ejido, Los Gallardos, Garrucha, Huércal de Almería, Mojácar, Níjar, Pulpí, Roquetas, Vera y Viator. La subida media provincial ha superado el 45 %. Como punto de referencia habría que recordar que en este periodo la renta familiar ha subido en España un 36,2%. Estamos más de ocho puntos porcentuales por encima de la media española en crecimiento de renta familiar, y eso que el crecimiento español ya ha sido espectacular dentro del crecimiento europeo.

- Otro dato: Nuestra tasa de paro registrado (referida al total de la población) es de 2,7. En España, la tasa es del 3,8, mientras que en toda Andalucía es del 4,27.

La pregunta surge de inmediato: ¿Una provincia que se ha cimentado sobre estas bases, elaboradas en el periodo de un cuarto de siglo, puede adentrarse de nuevo en un periodo de retroceso, como ya lo hiciera a principios del siglo pasado? La respuesta es rotunda: no. Almería podrá vivir situaciones coyunturales de menor crecimiento motivadas por causas ajenas a la propia dinámica provincial, pero, ante situaciones generalizadas de progreso, Almería siempre va a estar en cabeza y unos cuantos peldaños por encima del resto de las provincias españolas y andaluzas.

Ahora bien, esto no significa que cuanto había que hacer ya está hecho y ahora nos toca vivir de las rentas. Hemos cubierto etapas muy importantes, pero aquí no hay una meta final. El esfuerzo de estos años nos ha situado en un lugar de privilegio para encarar el futuro, pero siempre se nos van a presentar, y de hecho se nos presentan ya, nuevos retos que los almerienses tenemos que afrontar con las mismas artes de valentía y unidad de acción que hemos utilizado hasta ahora. Veamos algunos de estos retos:

- Debemos definir y completar al mapa provincial de comunicaciones por carretera. La Autovía del Mediterráneo se está completando. La del Mármol se está empezando, pero no tenemos que olvidar que solamente hay adjudicado un tramo. Aún no hemos valorado la repercusión que va a tener en nuestra provincia la única autopista de peaje que vamos a tener, la Vera-Cartagena. Por cierto, aún no hemos conseguido encontrar el artífice de esta iniciativa viaria, que aún hoy produce incredulidad en muchos. Tenemos que definir cómo unir nuestros 300 kilómetros de costa con las grandes vías de comunicación.

- Tenemos que hacer realidad nuestras nuevas comunicaciones por ferrocarril, pasando de una vez de proyectos y anteproyectos a la ejecución de las obras.

- Tenemos que definir y si es posible consensuar las infraestructuras relacionadas con el agua.

- Seguimos teniendo en el aeropuerto de Almería una gran vía de comunicación escasamente aprovechada.

- Almería tiene un reto inmediato: definir, y bien, la ordenación de su territorio. Ahora mismo se están redactando planes generales con calificaciones de suelo capaces de ver en unos años cómo se levantan varios millones de viviendas. Los ayuntamientos firman convenios urbanísticos temerarios que son totalmente irrealizables. Alguien debe poner orden en el gallinero.

- Debemos procurar una mayor implicación de nuestra Universidad en la vida social y profesional de los almerienses. La Universidad es la escuela de los almerienses del futuro. De la calidad de la enseñanza que reciban hoy nuestros jóvenes va a depender la valía profesional de nuestros hombres y mujeres.

- Inmigración. Almería necesita a los inmigrantes, y las administraciones públicas están obligadas a generar políticas de integración social y de igualdad de oportunidades de los inmigrantes en igualdad de condiciones que los nativos.

- Debemos ser selectivos –aunque les agradecería que no me pregunten cómo hacerlo- a la hora de elegir a nuestros representantes en las instituciones, optando por aquellos que mejor defienden los intereses de Almería. No olvidemos una cosa: El cambio radical de Almería de estos veinticinco años no es sólo consecuencia de una coyuntura general favorable, ni tampoco sólo consecuencia de una sociedad atrevida dotada de iniciativas, sino que ha sido decisivo también el esfuerzo de muchos almerienses que, desde las instituciones sociales y políticas, han sabido transmitir los valores de nuestra tierra y la necesidad de crear sensibilidad hacia ella.

- Debemos definir el papel que va a jugar la agricultura en el futuro económico de Almería, si va a ser y debe ser tan importante como lo ha sido en el pasado reciente. El campo, sembrado de lechugas y de invernaderos, ha traído progreso para Almería. ¿Estamos seguros que ese mismo campo, sembrado de pisos, es la alternativa del futuro?

En definitiva, Almería en estos veinticinco años se ha enraizado como provincia próspera capacitada para afrontar todos los retos que el futuro le demande. Yo he enumerado tan solo unos pocos, pero la lista es mucho más larga. Si confiamos en nuestra capacidad, como hemos hecho hasta ahora, y si confían en nuestra capacidad, como han hecho hasta ahora, no cabe la menor duda de que este proceso de modernización que hemos iniciado ya no tiene camino de retorno. Muchas gracias.