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viernes, 29 de agosto de 2008

Pueblerinos

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


Ayer, jueves, un centenar de vecinos y visitantes asiduos del Levante almeriense nos reunimos para entregar los I Premios Axarquía Almeriense. Reconocimos de esta manera la labor que en beneficio de esta comarca hacen personas e instituciones como Antonio Gil Albarracín, Remedios Martínez Amaya, José Herrera Plaza y Andrés Sánchez Picón, autores estos dos últimos de la película “Operación Fecha Rota”, la Asociación Asprodalba y Manuel Marín. En la recogida del premio, cada uno de los galardonados entretuvo sus palabras en el protocolario agradecimiento, pero también en ofrecernos una visión propia de esta provincia en la que nos ha tocado vivir. Manolo Marín es un hombres que está ya de vuelta de muchas cosas, y por eso sus palabras tenían para nosotros un valor especial. Nos recordó que vino a instalarse por estos pagos cuando Almería era la cuadragésima novena provincia española en desarrollo, y hoy está en los puestos de cabeza, según él la quinta. E incidió en que esta realidad no es percibida por los propios almerienses, que no valoramos nuestro esfuerzo ni damos mérito alguno al resultado conseguido.

En los últimos años, los almerienses hemos dado un salto cuantitativo para situarnos en un lugar adecuado. Para seguir por este camino tenemos que abandonar definitivamente esos sentimientos derrotistas y de inferioridad que muchas veces nos arrastran. Tenemos que dotarnos de una mentalidad avanzada, relegando el victimismo y las ideas de complacencia aldeana. Y ahora voy a decir algo que, como dicen en mi pueblo, si a alguien le molesta, pido perdón por anticipado. Y es esto: El papel que los tres periódicos provinciales están desempeñando durante estos días de feria en la capital no es el propio de una sociedad moderna y con ideas avanzadas, sino de un pueblo que se relame con el papanatismo y lo pueblerino. Perdón, insisto, pero tenía gana de decirlo.

viernes, 22 de agosto de 2008

El Periodista y el Entrenador

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


Las casualidades muchas veces son las que mandan. El lunes, por cuestiones profesionales, tenía necesidad de estar en Madrid. Y alguien del entorno tuvo la idea de que, aprovechando que el Turia pasa por Valencia, podíamos adelantar el viaje al domingo y pasarnos por el Mestalla para ver el partido de ida de la Supercopa entre el Real Madrid y el Valencia. El paisano, y sin embargo amigo, Antonio Torres, no desaprovechó la ocasión para darme el encargo de que salude de forma especial a un amigo, Unai Emery. “No fastidies –le digo-, mira, en Valencia viven un millón de almas, y en Mestalla habrá varias decenas de miles de personas, ¿qué quieres, que vaya al campo y desde la grada le mande recuerdos a voces a Unai Emery?”. Lo comprendió.

Pero he aquí que llego al hotel en el que había reservado habitación, el Valencia Palace, y aquello más que un hotel parecía una residencia deportiva. Estaban no sólo la Federación en pleno, con Villar, Hierro y Del Bosque a la cabeza, sino también a toda la plantilla del Valencia. Entonces leí en “Las Provincias” que ahora el Valencia se va a concentrar siempre en este hotel, situado a unos pocos metros del campo. Obviamente, en tal circunstancia, me vi obligado a cumplir el encargo. Pude hablar con Emery y trasladarle el encargo de mi paisano. Tras un rato de charla con él me di cuenta de varias cosas: Una, que la amistad de Torres y Emery no se limita al ámbito profesional, a la fría relación periodista-deportista. Dos, que el supuesto jardín de rosas en el que nos dejó el año pasado tiene más de una espina que por el bien del fútbol almeriense hay que arrancar. Y tres, y es la más importante, que el Almería está en primera, pero a su organización aún le falta mucho para ser considerada de primera. No sé si me entienden.

martes, 19 de agosto de 2008

Almería, del pasado al futuro

(Conferencia pronunciada por Emilio Ruiz en el foro de debate de La Voz de Almería “La Almería del futuro” )



Desde que naciera como provincia independiente, en el año 1.833, Almería ha vivido la mayor parte de estos casi dos siglos de existencia inmersa en una situación de marginación, pobreza y olvido. Una situación generalizada, con dos excepciones que han marcado notablemente su identidad. En ambos casos las excepciones han coincidido con los finales de cada uno de los siglos, que después analizaremos.

Hablar de 200 años en la vida de las personas, es hablar de más del doble de lo que una persona puede vivir, pero hablar de dos siglos en la vida de un territorio es poco menos que limitarse a la mínima expresión de su existencia.

Almería, históricamente, no ha sido una tierra afortunada, si por fortuna entendemos en este caso la labor que sobre sus tierras han desarrollado las personas que aquí han vivido y quienes la han regido y gobernado. Dentro de la antología de textos solemnes relacionados con nuestra situación de provincia marginada, tal vez habría que colocar en un cuadro de honor las palabras que el ministro de Fomento del año 1.869 dedicó a nuestra provincia cuando en las Cortes Generales se planteaba la necesidad de construir el ferrocarril:

La provincia de Almería –decía José Echegaray- es la más maltratada de todas las de España; la provincia de Almería es, si se me permite la palabra, la cenicienta de la casa, a la que, como a la cenicienta de la fábula, nadie ha hecho caso, y está allí abandonada; y sin embargo, Almería es una provincia que tiene grandes merecimientos, grandes riquezas y grandes elementos de vida. En la provincia de Almería no hay –decía-, no ya ferrocarril; no hay ni siquiera carreteras, ni una sola carretera. Yo no comprendo, no alcanzo a entender, cómo si para las provincias hubiese sentimientos de enojo y de dignidad, cómo la provincia de Almería no se ha desgajado del sitio que ocupa en España, rompiendo por sus rugosas ramblas, y ha ido a estrellarse contra la costa de África, buscando allí más justicia de la que ha encontrado en la tan injusta madre que para ella ha sido España”.

La situación es de hace prácticamente dos días: 1.869, hace 136 años, que, como digo, en la vida de un territorio es nada.

Por aquella época fue cuando Pedro Antonio de Alarcón escribió su “Viajes por España”. Y de Almería decía: “Almería está incomunicada por tierra con las adyacentes capitales de la provincia y con la capital del reino, si hemos de entender por comunicación cualquier vía directa por donde puedan marchar carruajes acelerados; en una palabra, para venir de Almería a Madrid hay que principiar por embarcarse el raro día que algún vapor tiene la bondad de tocar aquel puerto de paso para otra costa de España”.

Fue a finales de siglo cuando esta tierra nuestra empezó a vislumbrar un rayo de luz en su futuro. Se produce un cambio de tendencia y la Almería de la desesperanza y la frustración encuentra el alivio en el auge de la minería y el comercio. Empieza un breve periodo de modernización con la realización de pequeñas y grandes obras. Son los años de la canalización de la rambla y de la construcción del ferrocarril, del levantamiento de señoriales construcciones civiles y del apogeo cultural (Villaespesa, Paco Aquino, el Ateneo, el Círculo). Años de prosperidad y optimismo, gracias al liderazgo social de una burguesía liberal emprendedora que no tuvo continuidad en el tiempo.
Almería, a principios del siglo pasado, tenía cerca de 400.000 habitantes, y, sin embargo, en 1.930, aquí no había más de 340.000 personas. Se entró en una dinámica de retroceso que se prolongó año tras año hasta consumir las tres primeras cuartas partes del siglo XX. El saldo migratorio de nuestra provincia arrastraba, década a década, datos alarmantes: -70.000 personas en el decenio 1920-1930, -57.000 en la década de los 50 y -42.000 en la de los sesenta. No es hasta el segundo lustro de los setenta cuando el padrón almeriense se encuentra con un saldo migratorio positivo.

Esta situación de empobrecimiento y abandono cambia de forma radical a partir del inicio de la década de los ochenta, una vez que desaparece el régimen franquista por la muerte del dictador y una vez que los gobiernos de la transición pusieron en orden las cosas para hacer congeniar un pasado que aún estaba muy reciente con un futuro que necesariamente tenía que ser totalmente distinto. Los últimos gobiernos de Franco, cuando ya empezaban a verse ciertos síntomas de modernidad, fueron tacaños con Almería. Aún se recuerda el enorme agravio que fue para nuestra provincia la construcción de la llamada Autopista del Mediterráneo, que en su proyecto de entonces venía Mediterráneo abajo, y justo al llegar a la provincia de Almería, abandonaba el mar para ir hacia el interior por el norte de la provincia hacia Granada. Gonzalo Fernández de la Mora, el ínclito Ministro de Obras Públicas de entonces, habló bien claro ante los medios de comunicación: “Los almerienses –dijo- con una buena carretera tienen bastante”. Quitaron cuatro curvas en Tabernas, en la Nacional 340. Suárez hizo un trabajo impagable: nada menos que trazar las líneas de la modernidad política de España, pero su esfuerzo no le dejó ni tiempo ni dinero para dedicar una sola peseta para la modernidad económica, que no llegó hasta los gobiernos de Felipe González. Y entonces fue cuando Almería empezó a salir del túnel hacia un futuro de progreso con la Autovía del Mediterráneo, la inversión pública más rentable que se ha hecho en Almería en todos los tiempos, incluidos los actuales.

Los últimos veinticinco años de la historia de Almería no tienen parangón con cualquier otro periodo de nuestra historia. Hemos pasado de ser una provincia deprimida, desolada, sin esperanza y desconfiada de su futuro, a ser una provincia pujante, dinámica, abierta, emprendedora y en constante ebullición. Almería ya no es la tierra de las legañas, la marginación y la emigración; ahora es la tierra de la A-92, de los Juegos Mediterráneos, de la Universidad, de la Autovía del Mediterráneo; es tierra de prosperidad, de bienestar y de esperanza, ya no es tierra de exilio, es tierra de acogida.

Para ilustrar esto, basten un par de datos estadísticos que hablan por sí solos:

- En tan solo cuatro años (entre 2000 y 2004, por referirnos a datos recientes), el incremento de población en algunos municipios de Almería ofrece cifras de sobresalto: Albox ha crecido en estos cuatro años el 11%, Antas el 13, Arboleas el 50, Cuevas el 14, El Ejido el 20, Los Gallardos el 43, Garrucha el 23, Huércal de Almería el 51, Níjar el 31, Pulpí el 34, Roquetas el 32, Turre el 14, Vera el 37. En este periodo nuestra provincia ha incrementado su población en un 12 %.

- En el último quinquenio el nivel de renta familiar ha crecido más del 50% en municipios como Arboleas, El Ejido, Los Gallardos, Garrucha, Huércal de Almería, Mojácar, Níjar, Pulpí, Roquetas, Vera y Viator. La subida media provincial ha superado el 45 %. Como punto de referencia habría que recordar que en este periodo la renta familiar ha subido en España un 36,2%. Estamos más de ocho puntos porcentuales por encima de la media española en crecimiento de renta familiar, y eso que el crecimiento español ya ha sido espectacular dentro del crecimiento europeo.

- Otro dato: Nuestra tasa de paro registrado (referida al total de la población) es de 2,7. En España, la tasa es del 3,8, mientras que en toda Andalucía es del 4,27.

La pregunta surge de inmediato: ¿Una provincia que se ha cimentado sobre estas bases, elaboradas en el periodo de un cuarto de siglo, puede adentrarse de nuevo en un periodo de retroceso, como ya lo hiciera a principios del siglo pasado? La respuesta es rotunda: no. Almería podrá vivir situaciones coyunturales de menor crecimiento motivadas por causas ajenas a la propia dinámica provincial, pero, ante situaciones generalizadas de progreso, Almería siempre va a estar en cabeza y unos cuantos peldaños por encima del resto de las provincias españolas y andaluzas.

Ahora bien, esto no significa que cuanto había que hacer ya está hecho y ahora nos toca vivir de las rentas. Hemos cubierto etapas muy importantes, pero aquí no hay una meta final. El esfuerzo de estos años nos ha situado en un lugar de privilegio para encarar el futuro, pero siempre se nos van a presentar, y de hecho se nos presentan ya, nuevos retos que los almerienses tenemos que afrontar con las mismas artes de valentía y unidad de acción que hemos utilizado hasta ahora. Veamos algunos de estos retos:

- Debemos definir y completar al mapa provincial de comunicaciones por carretera. La Autovía del Mediterráneo se está completando. La del Mármol se está empezando, pero no tenemos que olvidar que solamente hay adjudicado un tramo. Aún no hemos valorado la repercusión que va a tener en nuestra provincia la única autopista de peaje que vamos a tener, la Vera-Cartagena. Por cierto, aún no hemos conseguido encontrar el artífice de esta iniciativa viaria, que aún hoy produce incredulidad en muchos. Tenemos que definir cómo unir nuestros 300 kilómetros de costa con las grandes vías de comunicación.

- Tenemos que hacer realidad nuestras nuevas comunicaciones por ferrocarril, pasando de una vez de proyectos y anteproyectos a la ejecución de las obras.

- Tenemos que definir y si es posible consensuar las infraestructuras relacionadas con el agua.

- Seguimos teniendo en el aeropuerto de Almería una gran vía de comunicación escasamente aprovechada.

- Almería tiene un reto inmediato: definir, y bien, la ordenación de su territorio. Ahora mismo se están redactando planes generales con calificaciones de suelo capaces de ver en unos años cómo se levantan varios millones de viviendas. Los ayuntamientos firman convenios urbanísticos temerarios que son totalmente irrealizables. Alguien debe poner orden en el gallinero.

- Debemos procurar una mayor implicación de nuestra Universidad en la vida social y profesional de los almerienses. La Universidad es la escuela de los almerienses del futuro. De la calidad de la enseñanza que reciban hoy nuestros jóvenes va a depender la valía profesional de nuestros hombres y mujeres.

- Inmigración. Almería necesita a los inmigrantes, y las administraciones públicas están obligadas a generar políticas de integración social y de igualdad de oportunidades de los inmigrantes en igualdad de condiciones que los nativos.

- Debemos ser selectivos –aunque les agradecería que no me pregunten cómo hacerlo- a la hora de elegir a nuestros representantes en las instituciones, optando por aquellos que mejor defienden los intereses de Almería. No olvidemos una cosa: El cambio radical de Almería de estos veinticinco años no es sólo consecuencia de una coyuntura general favorable, ni tampoco sólo consecuencia de una sociedad atrevida dotada de iniciativas, sino que ha sido decisivo también el esfuerzo de muchos almerienses que, desde las instituciones sociales y políticas, han sabido transmitir los valores de nuestra tierra y la necesidad de crear sensibilidad hacia ella.

- Debemos definir el papel que va a jugar la agricultura en el futuro económico de Almería, si va a ser y debe ser tan importante como lo ha sido en el pasado reciente. El campo, sembrado de lechugas y de invernaderos, ha traído progreso para Almería. ¿Estamos seguros que ese mismo campo, sembrado de pisos, es la alternativa del futuro?

En definitiva, Almería en estos veinticinco años se ha enraizado como provincia próspera capacitada para afrontar todos los retos que el futuro le demande. Yo he enumerado tan solo unos pocos, pero la lista es mucho más larga. Si confiamos en nuestra capacidad, como hemos hecho hasta ahora, y si confían en nuestra capacidad, como han hecho hasta ahora, no cabe la menor duda de que este proceso de modernización que hemos iniciado ya no tiene camino de retorno. Muchas gracias.

El amigo tonto

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


No sé, amigo lector, si vives o has vivido alguna vez una situación similar a la que yo padezco desde hace muchos años. Creo, y lo digo humildemente, que tengo una buena intuición para averiguar si un interlocutor mío es una persona inteligente, normal o más bien torpe. Me bastan diez minutos de conversación para recoger conclusiones, si bien es cierto que a veces me equivoco. Pero pocas.

Sin embargo, tengo un amigo, amigo de muchos años, que me tiene algo dislocado. No llego a concluir si es que es listo, muy listo el condenado, o es que es tonto, rematadamente tonto. Hubo una época en la que llegué a la conclusión de que, definitivamente, es tonto. Pero después cambié radicalmente de opinión en el tiempo aquél en el que el juez Liaño abrió un proceso judicial contra Prisa. Le comento un día: “Se ha empeñado Liaño en cargarse a Polanco”. Y él, impertérrito, me mira de soslayo, y medio saliéndole la voz del cuerpo me espeta: “Polanco se cargará a Liaño”. Y le dio una calada al cigarro como si tal cosa. Los acontecimientos, después, fueron los que fueron. Otro día le digo: “Ha hecho buen equipo Émery, a mejor nos mantenemos”. Y él me suelta: “Si no jugamos la UEFA, nos quedaremos cerca”. Jo.

El otro día me lo encontré en el Paseo, y me hizo una de sus preguntitas: “¿Cómo ves la cosa?”. Yo le respondí lo propio: “Pues ya ves”. A continuación es cuando me suelta una de ésas que me dejan atónito: “¿Y cómo crees tú que se arregla esto?” Aquí es donde me desconcierta. Esta pregunta, ¿es una pregunta de un tonto o de un listo? O sea, me digo, que estamos ante una crisis mundial que tiene aterrado a medio mundo, que son miles las eminencias que están trabajando duramente para hallar una solución, y ahora viene este lelo y quiere que yo resuelva el problema en un encuentro circunstancial. ¡Será tonto el tío! Y sí, ya no rectifico más, este amigo mío es tonto más que tonto. Rematadamente tonto.

sábado, 16 de agosto de 2008

De la Eurocopa a las Olimpiadas



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Dentro de unos años, cuando se analice la evolución económica de España durante el segundo lustro del siglo XXI los estudiosos establecerán dos periodos claramente diferenciados: una mitad del periodo de progreso y dinamismo económico que culminó, a modo de guinda de regalo, con la obtención de la Eurocopa de Fútbol, y un segundo periodo, del mismo espacio de tiempo, que se inició, a modo de aviso de castigo, con el fracaso de nuestros deportistas en las Olimpiadas de Pekín.

A los españoles nos pasa como a los buenos coches: pasamos de cero a cien en unos pocos segundos. Hasta el día siguiente de la Eurocopa, teníamos un estado de ánimo efervescente arrastrados por la experiencia de un periodo de prosperidad tan positivo que hasta nos hizo olvidar que el principio básico de la economía se rige por el método de los dientes de sierra, es decir, que siempre, siempre, a una época de bonanza la sucede una época de recesión. Y viceversa.

Fue terminar la Eurocopa y empezar las Olimpiadas, y nuestros deportistas olímpicos parece que se están dejando llevar por el nuevo sentimiento de pesimismo que nos invade. A ellos, los que están en China, les cuesta trabajo conseguir un metal, y a nosotros, los que nos hemos quedado aquí viéndoles por televisión, hemos llegado a la conclusión de que la actuación de nuestros atletas no es otra cosa que la transposición del estado de ánimo en el que todos estamos sumidos. De pesimismo y de derrota. Nuestro Presidente, con buena intención, se supone, intenta remediar la situación económica, y por ende la deportista, con veinticuatro medidas de urgencia. Leídas una a una y con detenimiento, parece que ninguna de ellas van a servir para traernos de Pekín muchas medallas más. Si servirán o no para lo otro, para crear cierto optimismo económico, eso no lo sé; pero, en mi modesta opinión, creo que tampoco. También yo... pesimista. ¡Joder...!

jueves, 14 de agosto de 2008

Los Ayuntamientos, en bancarrota


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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La Ley Reguladora de las Haciendas Locales fija los ingresos permanentes de los Ayuntamientos en tres soportes básicos: las transferencias procedentes de la participación en los tributos del Estado y las comunidades autónomas, los tributos propios –tasas, contribuciones especiales e impuestos- y los percibidos en concepto de precios públicos. Desde la restauración de los ayuntamientos democráticos, va a hacer ahora treinta años, el caballo de batalla en las negociaciones sobre la financiación de las entidades locales ha girado siempre en torno a la necesidad de establecer un porcentaje considerable de participación de éstas en los presupuestos generales del Estado. La reivindicación histórica de los municipalistas pasa por dividir la tarta presupuestaria del Estado en cuatro cuartos: dos irían a parar al Estado, uno a las comunidades autónomas y el otro sería para las entidades locales (ayuntamientos, cabildos y diputaciones). En la actualidad, este porcentaje de participación ronda el doce por ciento

La intensidad de esta vieja reivindicación municipal se ha visto minorada en los últimos años por la aparición de un hecho extraordinario que ha aportado cuantiosos ingresos a las haciendas locales. Es el derivado del auge inmobiliario. El “boom” de la construcción ha alimentado en los últimos años de forma generosa las arcas municipales. Por varios conductos: vía enajenación de suelo procedente de cesiones obligatorias, vía plusvalías y vía impuesto sobre construcciones, instalaciones y obras. Incluso vía I. B. I.

Una vez que la construcción se ha venido abajo, esos ingresos extraordinarios han vuelto a niveles de recaudación habituales y los presupuestos municipales empiezan a resentirse. Pero nos encontramos con un problema: el funcionamiento de los ayuntamientos se ha organizado como si el auge inmobiliario no fuera una situación coyuntural, sino estructural. Las plantillas municipales se han multiplicado, en ocasiones hasta la exageración, y los gastos suntuosos e improductivos han ocupado un buen capítulo presupuestario. ¿Y qué hacemos ahora, cuando tenemos dificultades hasta para pagar la nómina final de mes? Giramos otra vez la vista hacía el mítico 50-25-25, pero ésta es una operación negociadora de largo plazo, y el problema requiere de medidas de inmediata aplicación. Muchos ayuntamientos han echado mano de los tributos clásicos, como el I. A. E., el I. B. I., el Impuesto sobre Vehículos y las tasas públicas para darles una subida cuantiosa, incluso no faltan quienes se han sacado de la chistera impuestos que permanecían en el baúl de los recuerdos de la prehistoria. Pero ni con esas. Era mucho el dinero que entraba con el ladrillo.

Y entonces es cuando vuelve a la palestra el eterno debate de la financiación municipal. Es cierto que en España el porcentaje de participación de los ayuntamientos en los ingresos del Estado está muy por debajo de la media europea. Pero también es cierto que muchos ayuntamientos establecen sus prioridades de gasto en clave electoral más que en clave de rentabilidad social. En numerosas ocasiones incluso se asumen como propios gastos en competencias que corresponden a otras administraciones, solapando inversiones y duplicando servicios. Es urgente y necesario, sí, establecer una financiación adecuada de las corporaciones locales para que puedan afrontar con dignidad las competencias que la legislación les concede. Pero también habría que recordarle a muchos alcaldes y muchas corporaciones que no se metan en camisa de once varas, que con lo que tienen, tienen bastante. Y que los tiempos de bonanza hay que aprovecharlos no para hacer fuegos de artificio, sino para compensar los tiempos de penuria que después siempre vienen. Porque no se olvide: Siempre vienen. Como ahora.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Gallarderos sin Fronteras


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
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Hace cinco años un grupo de vecinos de Los Gallardos, miembros de la Asociación Cultural para el Progreso de Los Gallardos, Acuproga, crearon una simpática distinción: el Gallardero sin Fronteras. Anualmente, por el mes de agosto, la Terraza Carmona de Vera hace de singular escenario de la asamblea general de socios, de la que sale elegida la persona premiada con el galardón. Hasta este año, las personas que han tenido este reconocimiento social han sido nativos del pueblo, pero en esta ocasión la reconocida ha sido una ciudadana británica, Eileen Kennedy.

La colonia británica es cada vez más numerosa en la provincia de Almería, no siendo el municipio de Los Gallardos una excepción. El camping La Perulaca aglutina a más de medio millar de ingleses, que prácticamente viven aquí todo el año, por lo que están empadronados en el municipio. Forman como una especie de isla dentro del término municipal, y sus relaciones las establecen casi siempre entre ellos mismos. Otros británicos, como es el caso de Eileen, dieron pronto al salto del camping al pueblo, y aquí compraron casa e intensificaron convivencia con los gallarderos. Fruto de estas relaciones, hoy Eileen ya es Elena, y su marido no es otro que Juan, dos vecinos más del pueblo, que viven las costumbres gallarderas, alternan con los gallarderos y sienten sus preocupaciones. Elena y Juan se han convertido por aclamación popular en cónsules honorarios de sus paisanos de origen a la vez que los máximos propagadores de la necesidad de hacer de la vida diaria un momento de convivencia dentro del respeto al lugar de nacimiento y a la diversidad.

Quienes hemos sido protagonistas en alguna etapa de nuestras vidas del éxodo de la miseria, hoy nos sentimos orgullosos de alternar los papeles para convertirnos en reconocedores del valor de la integración de otros que ahora vienen. Las vueltas que da la vida.

martes, 12 de agosto de 2008

Eileen Kennedy, elegida Gallardera sin Fronteras

Eileen Kennedy, una ciudadana británica de 65 años, que reside en Los Gallardos desde hace diez, ha sido elegida por la Asociación Cultural Acuproga “Gallardera sin Fronteras 2.008”. Ésta es la primera vez que el galardón recae en una mujer y también la primera vez que la persona galardonada no es un gallardero de nacimiento sino de adopción. El acto de elección se celebró el domingo en la Terraza Carmona, de Vera, y al mismo asistieron medio centenar de socios.

En el acto de entrega del diploma acreditativo, el Presidente de Acuproga, Emilio Ruiz, valoró los méritos que concurren en Eileen –o Elena, como se le conoce en el pueblo- para ser distinguida con tan preciado galardón. “La colonia británica en Los Gallardos es muy numerosa, y a todos ellos los consideramos paisanos y amigos, pero si hay alguien que abandera la integración en la vida social y cultural del pueblo, esa persona es si duda nuestra galardonada, Eileen”. Desde su llegada a Los Gallardos hace ahora doce años, cuando acampó en un camping del municipio, Eileen pasó de establecerse definitivamente en el pueblo comprando una casa antigua en la misma calle Mayor a participar en todos los movimientos sociales y ciudadanos locales, como las asociaciones de Tercera Edad, de Mujeres y de la Lucha contra el Cáncer. Es miembro fundadora de la Asociación Cultural Gallarte, que integra a un amplio grupo de aficionados gallarderos a la pintura, con exposiciones colectivas en distintos municipios del Levante almeriense.

Eileen Kennedy, muy emocionada, agradeció a los miembros de la Asociación la distinción que se le concedía, y manifestó que “la primera vez que llegué este pueblo y traté con los gallarderos, mi marido y yo no le pensamos más, y aquí estamos como lo que siempre nos hemos considerado, unos gallarderos más”. Diversos asistentes al acto, entre ellos el periodista y anterior galardonado Antonio Torres y el concejal Sebastián González pusieron a Eileen como ejemplo de integración de la colonia extranjera en el pueblo de Los Gallardos, un municipio que en estos últimos años cuenta con residentes extranjeros de más de veinte nacionalidades.

domingo, 10 de agosto de 2008

Balanza fiscal y populismo

El ciudadano de a pie –usted, lector; yo mismo, cualquier vecino nuestro- es “titular”, por así decirlo, de su propia balanza fiscal. El Estado se nutre de los impuestos de todos, los recauda según las aportaciones de cada uno y después los distribuye, equitativamente se entiende, en forma de prestación de servicios, subvenciones, infraestructuras, etc. Lógicamente, no todos los ciudadanos aportan lo mismo a las arcas del Estado ni tampoco reciben lo mismo. Haciendo una clasificación miserable podríamos decir que los ciudadanos españoles se dividen en dos grupos: Los que aportan más que reciben y los que reciben más que aportan.

¿A que no se le ha pasado por la imaginación ni a usted, lector, ni a su vecino, ni a nadie con un poco de sentido común, hacer pública su balanza fiscal particular, y menos, si es contribuyente neto, utilizarla contra otros vecinos que se encuentran en el lado de los que reciben más que aportan? Siempre hemos entendido que este tema es muy delicado y sensible, y pregonarlo no aporta nada a la convivencia ciudadana.

Pues esto es lo que quieren hacer ahora ciertos políticos que gobiernan los territorios donde residen el mayor número de ciudadanos “ricos”. Quieren dar a conocer la balanza fiscal agrupada de sus vecinos para que todo el mundo sepa que la aportación que éstos hacen al Estado supera lo que el Estado les devuelve. Pero no quieren hacerlo para alardear de su solidaridad, lo cual sería considerado como una simple actitud de fanfarronería y mala educación. Lo quieren hacer para reclamar su pretendido derecho a recibir más que los demás aporque aportan más que los demás. Es decir, lo hacen para intentar romper el principio de solidaridad que tan ejemplarmente recoge nuestra Constitución. Creo que ningún gobierno con sensibilidad social debe entrar en ese juego.

jueves, 7 de agosto de 2008

La Bahía de San Miguel


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es

La Bahía de San Miguel era en su momento un proyecto ampuloso pero, tal como entonces estaba la cosa, perfectamente realizable. Consistía –y consiste- en la urbanización de nada menos que 550 hectáreas de El Ejido. El político local García Quero (PSOE) se asombra del mismo, y dice que se trata nada menos que de “convertir esta zona en lo que podríamos denominar como una nueva joya del Mediterráneo”. El alcalde (PAL) ve en el desarrollo de la Bahía el maná que va a resolver todos los problemas económicos del Ayuntamiento, los actuales y los futuros. Y los propietarios, por su parte, 250 agricultores, se relamen con “el gran pelotazo”, según escribía Alberto García en este periódico el domingo pasado.

Todo esto está muy bien, y vive Dios que uno lo menos que desea en esta vida es aguarle la fiesta a nadie, pero ¿han caído en la cuenta, estas ilusionadas personas, de que las circunstancias económicas actuales difieren mucho de las que existían cuando se generó el proyecto? El proyecto vio la luz en un momento en el que –por dar sólo unos datos- el PIB nacional se acercaba al 4 %, se construían cada año medio millón de viviendas y las inmobiliarias no querían más que acaparar suelo al precio que fuere. Hoy, la economía está casi en recesión, la construcción se encuentra paralizada y se vende suelo a precio de saldo. La entidad que encabezaba la financiación, Bancaja, pasa por un momento muy delicado, y si algo les molesta ahora a estos banqueros es que uno vaya a ofrecerles suelo a cambio de dinero. Ni te escuchan.

Pongamos los pies en el suelo. La Bahía de San Miguel, ahora, es un proyecto que hay que dejarlo en “stambye”. Hoy, nadie le va a pagar a los agricultores 180 euros por metro cuadrado. Ni 100, ni 80, ni 60. Nadie compra suelo, a ningún precio, y menos aún si parte del mismo hay que destinarlo a VPO. Los agricultores, por lo pronto, lo mejor que pueden hacer es seguir con sus invernaderos, no dejarse llevar por cantos de sirena y esperar que lleguen tiempos mejores. Y el Ayuntamiento, pues eso, también a esperar.

domingo, 3 de agosto de 2008

La Ciudad de la Justicia de Almería



Emilio Ruiz

Director de La Cimbra

Si los plazos de ejecución se cumplen, y el desarrollo de las obras parece indicar que así será, dentro de un año la ciudad de Almería dispondrá por fin de su Ciudad de la Justicia. Es curioso que se le llame Ciudad a lo que no es más que un edificio desdoblado con apenas una superficie de treinta mil metros cuadrados, pero así es como se le llama al proyecto que en su día redactara el arquitecto Gerardo Ayala. Fue en noviembre de 2.005 cuando la entonces Consejera, María José López, colocó la primera piedra de lo que pretendía ser el edificio que albergara todos los órganos judiciales de la ciudad, actualmente dispersos por diversas sedes.

Pues bien, no se han inaugurado aún las instalaciones y ya se ha caído en la cuenta de que de unificación, nada de nada; que el edificio es insuficiente para las necesidades judiciales actuales, y de las futuras no digamos nada. A veces, los proyectistas, o los que consignan las cantidades presupuestarias, no ven cuatro palmos más allá de sus narices. Es frustrante ver cómo el edificio que iba a unificar todos los órganos judiciales al final no va a ser otra cosa que otra parte de una nueva dispersión. Por lo pronto, ya se nos está diciendo que la sede de lo contencioso-administrativo no se moverá de la calle Canónigo Molina Alonso, y no se descarta la posibilidad de habilitar nuevas sedes para otros juzgados que se avecinan, como los seis nuevos de instrucción o los cuatro más de lo penal. Previsores, lo que se dice previsores, la verdad es que no hemos sido. Y es una lástima.

Queda por saber el uso que finalmente se le va a dar al actual Palacio de Justicia. Es un edificio tan emblemático para la ciudad que sería un error darle una utilidad marginal.

sábado, 2 de agosto de 2008

Un cateto en Nueva York






Emilio Ruiz


Director de La Cimbra


Cuando un cateto almeriense, de pueblo, llega a Nueva York y se instala en el corazón mismo de la isla de Manhattan, de lo primero que se da cuenta es de que todo eso que nos cuentan por la tele existe en la realidad. Allí, todo es inmenso, no sólo los edificios. Son enormes las calles, los coches (se ven más limusinas que utilitarios), los establecimientos públicos, los parques, las hamburguesas... todo. Hasta los mismos neoyorquinos se están poniendo enormes de gordos.

Cuando el cateto llega a Nueva York, también se ve arrastrado por esa curiosidad de saber si existe en la realidad ese patio del castillo de Vélez-Blanco que dicen por aquí que fue desmontado piedra a piedra y trasladado al Museo Metropolitano. Y vaya si existe. El patio está ubicado en un lugar privilegiado del Met, y es lugar frecuente de reuniones y convenciones. ¡Qué sensación tan preciosa tuvo el cateto cuando estaba en medio de aquella joyita arquitectónica, y pensaba que estaba allí por derecho propio, porque aquellos eran sus dominios! Urge, pero ya, construir una reproducción en nuestro castillo. No nos lamentemos de que se lo hayan llevado. Después de verlo, allí, tan bonito, pensé: pues menos mal que esta gente se lo trajo; si no, a ver dónde estaría ahora.

Si el cateto, además, tiene la suerte de vivir en semejante urbe el triunfo de España en la Eurocopa, entonces se da cuenta de cuán miserables son algunas políticas y algunos políticos localistas. Localistas de aquí, no de allá. España no existe para el New York Times. En cambio, la Eurocopa nos dio titulares, y hasta en portada. No sé en cuántas otras partes del mundo el gol del Niño se celebró, pero sí puedo decir que una marea humana -pequeñita, tampoco exageremos- bajó por la Quinta Avenida cantando el Viva España y enarbolando la bandera de la victoria. Así lo viví y así lo cuento.