_______________________________________________________________________________________________

domingo, 28 de diciembre de 2008

Españoles: Franco... ¡ha muerto!



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

El peor destino que se le puede desear a un dictador es verlo desaparecer de la faz de la tierra. Y Franco está enterrado y bien enterrado bajo una lápida de mármol que dicen que pesa mil quinientos kilos. ¿A qué viene entonces esta movida de hacer un juicio sumarísimo a Franco y al franquismo?

Me parece bien que se hagan desaparecer todos los signos visibles que supongan una exaltación del dictador y de su entorno. Las estatuas franquistas, los nombres de calles en memoria de golpistas, las lápidas recordando los muertos del bando traidor... todo eso no debe permanecer ni un día más en el ángulo de visión de cualquier ciudadano libre. Es lamentable que después de treinta años de democracia se dude de si una estatua de Franco debe engalanar la plaza de un pueblo o el patio de un cuartel.

Pero una cosa es evitar los signos visibles, los que nos producen molestia sensorial y hieren sentimientos, y otra hurgar en los archivos y hemerotecas para eternizar un debate que el tiempo debería haber superado. Los títulos honoríficos a personas que impulsaron o sirvieron el régimen franquista se cuentan por decenas de miles. Pero todas aquellas personas yacen bajo tierra o están con pie y medio lejos de este mundo. Ensañarse con ellas no tiene sentido, y hacerlo con lo que queda de ellas es eludir la reconciliación y la convivencia en paz. La Constitución de 1.978 dio paso a un nuevo tiempo, alejado del odio y del ajuste de cuentas. Nuestro pasado, el pasado de cada uno, está ahí. Para lo bueno y para lo malo. Y cuando miramos para atrás, algunos nos podemos sentir orgullosos de nosotros mismos y de los nuestros y otros nos podemos sentir avergonzados de nosotros mismos y de los nuestros. Pero dejemos esos sentimientos depositados en el interior de muestras propias entrañas.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El reparto de la tarta



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Tras oír lo que se dice estos días sobre la financiación autonómica nos queda a más de uno la impresión de que el debate parte viciado y se está creando un concepto equivocado de lo que es el funcionamiento económico del Estado. Se está formando la falsa idea de que los dineros públicos son un enorme pastel que algunos pretenden comerse a mordiscos, y que pedazo que alguien se lleva entre los dientes, pedazo que se pierde. Y no es eso.

Los recursos del Estado son los que son, y lo que ahora se está viendo es qué parte de esos recursos va a administrar el gobierno central y qué parte administrará cada comunidad autonómica. Pero nunca olvidemos que las administraciones autonómicas son tan Estado como la administración central. En la negociación, cada autonomía está poniendo sobre la mesa las peculiaridades y la realidad de su situación, y en base a ellas considera que debe establecerse su financiación. Las comunidades más pobladas piden –y tienen razón- que en la distribución hay que tener en cuenta el número de habitantes. Las que tienen mayor porcentaje de población envejecida solicitan –y también tienen razón- un capítulo adicional por esta circunstancia. Las que tienen lengua propia consideran –y también les asiste la razón- que precisan de una inversión especial para activar su uso. Las que tienen poca población y mucho territorio estiman que es de justicia –y lo es- recibir un plus especial para hacerle llegar los servicios a todos sus habitantes. Y etc., etc.

La difícil -y apasionante- papeleta que tiene el Gobierno es hacer un reparto que respete las legítimas y justas peticiones de cada autonomía sin olvidar el principio irrenunciable de la solidaridad. Contentar a todos no es fácil, pero es ante las dificultades donde se muestra la verdadera talla de un gobierno.

martes, 23 de diciembre de 2008

Todos con Hugo

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Alfonso García ha demostrado una vez más que es un hombre ágil de reflejos. Su respuesta al “caso Arconada” es la propia de quien sabe lo que tiene y sabe lo que quiere. La afición andaba desanimada, y sólo un golpe de efecto, un giro radical, podía cambiar la tendencia de los aficionados hacia la desesperación. El Almería llevaba unos meses sumido en el desconcierto, motivado por una serie de hechos de difícil comprensión, empezando por la campaña de abonos, continuando por los inusuales rapapolvos noche y día a los aficionados y a las empresas, siguiendo por el estrambote de los refuerzos de la plantilla y terminando por donde, con tal plan, había que terminar: en búsqueda desesperada hacia los últimos lugares de la clasificación.

Almería –entendiendo como tal a la sociedad almeriense en general- no tiene asumida una cultura de fidelidad futbolística hacia un equipo de la tierra. Tal vez se deba a la inestabilidad de nuestros clubes. En otras provincias, son las aficiones las que arrastran a sus equipos hacia el éxito. Aquí, tiene que ser al revés. Se nos tiene que presentar un equipo de éxito para crear afición. La temporada pasada todo salió bien: aceptable números de abonados, buena campaña en lo deportivo y euforia general. Se creó el caldo de cultivo adecuado para dar un impulso al grueso de la afición. Pero no se hizo nada adecuado para que de esa siembra saliera una buena cosecha. No es cuestión de volver otra vez a machacarnos la cabeza sobre las causas de tanto error. Pero sí debemos ser lo suficientemente humildes para aprender de la lección.

El Presidente, con esto que ha hecho ahora, ha demostrado que es sensible a la situación y que tiene capacidad de respuesta. El fichaje de Hugo Sánchez debe ser el punto de partida de un nuevo tiempo. La temporada 2008-2009, con Hugo en el banquillo, debe ser la de la transición a la estabilidad. Y en cuanto se consigan los objetivos de la permanencia –que necesariamente tienen que cumplirse, porque tenemos equipo para ello- hay que ponerse a planificar el Almería del 2.010. Hay que recuperar e incrementar el apoyo popular, el apoyo empresarial y el apoyo institucional. Estos tres pilares son básicos para tener un equipo sólido con mentalidad triunfadora. Nuestro triunfo no es otro que arraigar un equipo en la mayor categoría del fútbol nacional. Nada más... y nada menos.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Se nos van los guiris



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Dice el diccionario de la Real Academia que los guiris son los turistas extranjeros. La wikipedia, que es más anárquica, constriñe el término a los turistas del norte de Europa. Y la almeripedia, que es el colmo de la focalización lingüística, limita el término a los ingleses que habitan entre nosotros, bien de forma ocasional –llamémosle también turistas-, bien de forma estable. Es una forma coloquial, cariñosa, de llamarlos, no una forma despectiva. Pues bien, tomando por guiri esta acepción propia, resulta que vamos camino de quedarnos sin guiris en esta santa tierra nuestra. Y todo por culpa del mardito parné.

Los ingleses han tenido, y tienen, un concepto exacerbado de su autoestima. Lo que es bueno para ellos es bueno para el mundo, pero lo que es bueno para el mundo no tiene por qué ser necesariamente bueno para ellos. En su descargo hay que decir que, a veces, la autoestima propia puede ser el producto del complejo de inferioridad ajeno. Con el tema del euro elevaron su orgullo patrio a límites infinitos no aceptando lo que objetivamente era bueno para todos. Ahora, tanto engreimiento les puede pasar factura. Su moneda, la libra, está de capa caída. Hace tan solo un año, por una libra que ellos traían, nosotros le dábamos un euro y cuarenta céntimos. Ahora, el cambio es prácticamente a pelo. Fifty-fifty. Es como si sus sueldos y pensiones de origen se hubieran reducido de un plumazo casi un treinta por ciento. En esas condiciones ya no les resulta tan interesante, crematísticamente hablando, disfrutar de nuestro sol, y la mayoría de ellos están tomando el camino del retorno. Es una pena, porque les habíamos tomado cariño. Good bye, amigos; hasta pronto. Os cuidaremos el perro. ¡Y aceptad el euro, por favor!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Todos a la cárcel


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Ante el anuncio del Ministerio del Interior de construir varios recintos penitenciarios a lo largo y ancho del solar patrio, entre ellos uno en la provincia de Almería, y más concretamente en la zona norte, los alcaldes de los pueblos del Alto Almanzora han girado visita a la prisión de Albolote para conocer, sin situ, las ventajas y los inconvenientes de una instalación como ésta. A la vuelta, todo son elogios para la realización de un proyecto de este tipo.

Hace unos años, el mismo proyecto salió a la luz estableciendo, a diferencia de ahora, el municipio concreto de ubicación, Zurgena. Ahora parece que al Ministerio le da igual el pueblo. Aquel anuncio del gobierno tuvo, entonces, una reacción de oposición inmediata por parte del ayuntamiento zurgenero, y su alcalde vino a decir poco menos que antes de ver la cárcel en su pueblo tendrían que pasar por encima de su cadáver.

En el intervalo de tiempo transcurrido entre aquella reacción y ésta, tan opuestas, muchos nos hemos puesto a pensar cuáles son realmente las ventajas y desventajas de instalar un recinto carcelario en una comarca o un municipio determinados. Y, por lo que a mí respecta, quisiera ser sincero: inconveniente no veo ninguno. Ventajas veo muchas. Necesitaría otro artículo para enumerarlas. Para encontrar una sola razón que motivara mi oposición a un proyecto como éste tendría que reconstruir en mi mente la versión novelesca de los viejos recintos carceleros. Y aún así, hasta dudaría, pues, según vemos en las películas del género (¿cuántas veces habré visto ya Alcatraz?), los presos que se fugan nunca van al pueblo de al lado a hacer fechorías. Pueden ser delincuentes, pero, hombre, todos tontos no van a ser.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Recetas mágicas



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Es cierto que la creación de un fondo de 9.000 millones de euros para hacer obras municipales no es la panacea para salir de la crisis. Entre otras razones, porque una situación tan compleja no se resuelve con recetas mágicas. Pero lo peor que pueden hacer los gobiernos –desde el local al estatal- es entrar en el colapso del pesimismo y afrontar la situación como si de un castigo divino se tratara. Los periodos de recesión, como los de crecimiento, forman parte de la historia misma de las sociedades modernas, y de ellos unas veces se sale antes y otras se sale después. Hasta 1.954 las bolsas estadounidenses no alcanzaron los niveles de crecimiento abandonados por la depresión de 1.929. Y para ello hasta tuvo que pasarse por una Guerra Mundial. Seguro que ahora la recuperación no será tan duradera ni tan dramática.

España tiene la suerte de verse precedida de unos años de crecimiento económico muy importantes. La crisis ha estallado en nuestras manos a los pocos meses de disfrutar de crecimientos superiores al cuatro por ciento. Podemos afrontar la situación en mejores condiciones que otras economías más débiles. Pero para ello es necesario actuar en todos los frentes sin exclusión: en el fiscal, en el económico, en el social, en el salarial, en el laboral. En todos.

Está sorprendiendo la inexistencia de medidas laborales concretas para afrontar el tema del paro. La legislación laboral española es muy compleja y, a veces, como ahora, incompatible con momentos de crisis. Un ejemplo: El sector de la construcción, en caída libre, tiene vigente un convenio que obliga a las empresas no a mantener el poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores que aún les quedan, que no sería poco, sino a subir los sueldos un punto y medio por encima del IPC. ¿No se lo creen? Pues es verdad.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Entre la UAL y Torrijos



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Confieso que nadie me ha dado vela en este entierro, pero mi trajín va por otros derroteros, aunque sobre el mismo tema: los artículos que se cruzan en este periódico el periodista Torrijos y el Gabinete de Comunicación de la Universidad de Almería (véanse La Voz de los días 3 y 4, páginas de opinión). Yo voy a la forma, no al fondo. No soporto a quienes, teniendo la obligación de leer y escribir correctamente, apenas saben hacer una o con un canuto. Por eso no me soporto a mí mismo. Y por eso casi estoy a punto de no soportar al Gabinete de Comunicación de la UAL, cuyo comunicado, publicado en la página 28 del periódico, es una oda a la sinrazón (insisto, por la forma, no por el fondo, que en nada me interesa).

Señores de la UAL: Primero, este periódico se llama “La Voz…”, no “la Voz”. Segundo, si a don Alberto Fernández le dotamos del don, den el mismo trato a los otros señores a los que se hace referencia. Tercero: un alumno de Primaria no debe escribir “… a los fines de solicitar la presente publicación a los fines de realizar…”. Cuarto, me parece que no se debe decir “es que nos dirigimos al Sr. Director…”, sino “es por lo que nos dirigimos…”. Quinto: sobra la coma cuando se escribe “el catedrático de la UAL, Juan Cano…” porque supongo que en la UAL habrá otros catedráticos. Sexto, en la precisión cuarta, tras UAL debe ir una coma, y ese “este” debe llevar tilde. Y si hablamos de frases farragosas, haylas a raudales. Penoso.

Es cierto, eso sí, lo que se afirma al final de la “Tribuna” de que los rectores andaluces son personas de gran prestigio social, alejadas del lenguaje chabacano y poco correcto. De sus gabinetes de comunicación no se puede decir lo mismo. Algunos, incluso, parecen que han ido a la Universidad sin pasar antes por la Secundaria.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

¡Que vienen los rusos!


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Esto de la economía global no hay quien lo entienda. Y si no, que le pregunten a Sacyr. Hace unos años, a Del Rivero se le ocurrió comprar el 35 % de una constructora francesa, Eiffage (por cierto, con delegación en Almería). Quienes no lo saben deben saber que una participación así de una sociedad cotizada supone en la práctica tomar su control, salvo acuerdos muy estrictos de accionistas minoritarios o existencia de otro socio mayoritario, que no era el caso. Compra la empresa, digo, y cuando va a tomar posesión, los administradores le dicen que nanay, que Sacyr allí no pinta nada. Y eso que era una empresa de Francia, nación con la que compartimos mercado único. La española acude a los tribunales franceses y comunitarios, y entre recurso y recurso y sentencia favorable y desfavorable, al final, aburrida, tira la toalla y vende las acciones con unas minusvalías de quinientos millones de euros. Menudo palo, y menudo fracaso de la economía global.

Como a Luis del Rivero le gustaba meterse en todos los charcos, también entró en Repsol (en el BBVA le pararon a tiempo) con la compra del 20 % de sus acciones. Agobiado por unas deudas que superan los 12.000 millones de euros (y porque ha vendido Itínere), decide venderlas, y miren por dónde los únicos pretendientes vienen de la temida Rusia. ¿Cómo vamos a vender Repsol a los rusos?, se escandalizan los otrora liberales convictos. ¿Y por qué no? El interés general de un país se defiende dotando a sus sectores estratégicos de un marco regulatorio adecuado, no poniendo puertas al campo en el fluir de los mercados de capitales. Se sorprenderán si les digo que ni Alemania ni Suiza tienen petrolera propia. Y no pasa nada. Tienen, eso sí, una legislación pensada para evitar el estropicio que les puede ocasionar el millonario ruso de turno.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Guardias civilas



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Voy a contarles hoy una de esas historias que solamente acaecen a quienes aún no hemos superado el estadío de la inmadurez. Sabía, porque alguna he visto, que existían guardias civilas (perdón por la licencia lingüística), pero nunca había tenido relaciones con ellas por razones profesionales. Hasta que el otro día iba en el coche camino del trabajo. No sé si a ustedes les pasa lo que a mí cuando ven a la pareja. Intento ignorarlos, hago como si no estuvieran. Esta vez no pude. Por dos razones: porque la pareja eran dos elegantes muchachas y porque una de ellas me dio el alto.

Confieso que mis recuerdos del benemérito instituto no son lo gratificantes que quisiera, pero es por un nimio tema personal que se remota a la infancia. Miren que intento corregirlo y me digo una y mil veces que esta Guardia Civil no tiene en común con aquélla más que el color del uniforme, pero no hay manera. A lo que iba. Me para la muchacha, decía, y se acerca. Primera reacción: lejos de sentirme incómodo, casi me siento a gusto. “Buenas tardes”, me dice. Le respondo con el mismo deseo, pero también observo que no es un deseo protocolario, sino de corazón. Después vino lo habitual: documentación y tal, seguro del coche. Nada especial, corrección por ambas partes. “Puede usted continuar y que pase muy buenas tardes”, me dijo para despedirse. “Igualmente le digo y, sobre todo, acepte mi enhorabuena”. Fue lo que me salió. La guardia se quedó como sorprendida por lo de la enhorabuena, pero comprendí que no era el momento de explicárselo. Ahora leo que un montón de chicos y chicas están haciendo exámenes para entrar en la Academia. Si fuera Rubalcaba, a ellas, las aprobaba todas. Por el bien del cuerpo. Y si, dicho esto, me tildan de machista, perdonen, pero es que no me han entendido.

domingo, 23 de noviembre de 2008

¿Qué hacemos con González y Aznar?


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

José María Aznar y Felipe González, los dos últimos ex-presidentes, tienen tras sí una vida política con muchos puntos en común: llegaron jóvenes a la presidencia del gobierno, realizaron una buena gestión y se retiraron en plena madurez intelectual. El colofón de sus vidas políticas no fue en justicia el que merecían. Uno tuvo que salir por pies, salpicado por los escándalos de algunos de los personajillos de los que se rodeó, y el otro nos dejó para el recuerdo una foto vergonzosa y el aliento a una guerra inacabable que cuenta a sus víctimas por miles. El Real Decreto 2102/1983, en su ánimo de hacer confortable el futuro de los ex-presidentes, revisó su régimen estatutario dotándoles de ciertas prerrogativas. Gozan del tratamiento de Presidente, en sus desplazamientos fuera de España pueden disponer de nuestros servicios diplomáticos, tienen a su disposición dos empleados de alto nivel profesional, así como una oficina para atenciones de carácter social, automóvil de representación, chófer, servicios de seguridad y pase libre en todas las compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado. No está mal.

Pero Aznar y González no se resignan a vivir en ese retiro dorado, ajenos a los titulares periodísticos, y quieren seguir ocupando su parcela de protagonismo diario. Sin responsabilidad política alguna, uno se ha soltado la melena y otro el desparpajo para incordiar a sus respectivos sucesores y hacerles la vida un poco menos agradable. Dicen quienes viven la experiencia que no hay matrimonio joven que resista la jubilación anticipada de uno de los cónyuges. Viendo y oyendo a González y Aznar debe ser verdad. Pobres Rajoy y Zapatero, las que les ha caído con sus ex.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Las cajas andaluzas



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Braulio Medel, presidente de Unicaja, es uno de los financieros más coherentes y razonables que tenemos en Andalucía. Nunca ha entendido la organización del sistema financiero andaluz en clave localista, contrariamente a lo que ocurre con la mayoría de sus colegas. Es un defensor a ultranza de la caja única andaluza. Pero su postura no es consecuencia de la incierta situación coyuntural, sino el fruto de una convicción que viene de mucho tiempo atrás. Ahora, ha vuelto a hablar claro y ha venido a decir que anden con cuidado aquéllos que se oponen a la unión porque puede suceder que su negativa actual se torne en deseo desesperado dentro de unos meses. No hay que ser un lince para saber que el destinatario del recado tiene nombre y apellidos, el de aquel que desoye reiteradamente a su partido y quiere seguir enclaustrado en su terruño financiero.

Los almerienses, para eso, somos más eficaces, que no confundir con más “desarraigados” geográficamente. Aceptamos la desaparición de Cajalmería aún sabiendo que íbamos a perder protagonismo provincial. Pero también sabíamos que en un mundo financiero cada más atomizado los reinos de taifas tienden a desaparecer, y mejor hacerlo antes que después. El PP y el PSOE no pueden estar todos los días jugando a la gallinita ciega con este tema. Ha llegado el momento de mover fichas. La dispersión geográfica de nuestras cajas no tiene futuro, y siempre es mejor la unión voluntaria por una conveniencia general que la obligada por una situación desesperada. La reciente movida del Santander, ampliando capital de forma repentina, es un aviso a navegantes. O nos fortalecemos ahora o el año que viene puede ser demasiado tarde. Copiemos de Botín. Es muy listo. La unión de las cajas andaluzas no debe esperar mucho tiempo más.

sábado, 15 de noviembre de 2008

A los vascos y a las vascas


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

En mi inquietante afán por contrastar con otros mis experiencias personales, me gustaría saber, querido lector –y cuando digo querido lector, me refiero no solamente a los vascos, sino a los vascos y a las vascas- si en tu vida acaece una situación parecida a la mía. Si así fuera, me tranquilizaría; si no, pensaría que mi esquizofrenia es irreversible. Resulta que mi ego ha establecido ciertas líneas límite que de ningún modo puedo sobrepasar aún cuando mi voluntad así lo deseara. Voy a poner varios ejemplos. Me gusta la tele, pero como vaya a una casa y estén viendo “Dónde estas corazón”, tomo la puerta y me voy. Así, sin más. Estoy en una reunión, y como salga el graciosillo de turno con el chistecito de “maricas” no doy tiempo a decir adiós. Me encuentro a un amigo, y como intente darme la paliza hablándome de su nietecito recién nacido, le paro en seco. Dicen que soy muy áspero, que hay que ser más diplomático en esta vida, pero palabra que no es cuestión de voluntad.

Soy un lector empedernido, de esos que en la taza del water closet –del retrete, que decíamos antes- lee los prospectos de los medicamentos. Pero que nadie me diga que lea la carta dominical de Pedro J. en El Mundo. No, no y no, me niego. Hace unos años mi hotel en Madrid era el Mindanao. Hasta que les dio por echarme por la ranura de la puerta el ABC. Era el ABC de Ansón, no éste de ahora. Pedí al director que me diera otro periódico o tenía que cambiar de hotel. Mis fuerzas no me permitían ver en la habitación un periódico con aquella columna cursi de Ansón diciendo eso de “Es un clamor popular en todo el país...”. Y como me suba en un taxi y lleve puesto a don Federico, le digo al taxista: oiga, pare, por favor, y dígame qué le debo, que es que me apetece hacer autostop.

Mi madre me dice que por qué soy tan raro. Y le respondo: ¿Tú, precisamente tú, me lo preguntas?

jueves, 13 de noviembre de 2008

Maldita crisis, mardito parné


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Pongámonos en situación. Imagine, lector, que hace un par de años tomó la decisión de establecerse por su cuenta y crear su propia empresita. Coge sus ahorros, alquila un local, lo arregla y monta su tienda de móviles, por ejemplo. Como le falta algo de dinero, va al banco y le pide 30.000 euros para pagárselos a cinco años en cuotas mensuales. Vale. Ahora tiene que llenar el local de mercancía y empezar a operar, y para ello firma con el banco una póliza de otros 30.000 euros (que va utilizando según sus necesidades) y firma también una línea de descuento comercial de otros 30.000 euros (para que le anticipen los pagarés que le dan sus clientes). Todo marcha perfectamente. Usted vende teléfonos, cada mes paga el recibo del préstamo, hace uso de la póliza según esté su tesorería y descuenta papel según sus necesidades puntuales. Tiene dos empleados, a los que paga religiosamente, igual que paga sus tributos e impuestos a todo el mundo: el IVA, el IRPF, el IBI, el IAE, la SS… todo.

En esto que, de pronto, llega la crisis. Usted no se preocupa. Porque su negocio va bien y es un buen empresario. Han disminuido un poco las ventas, sí, pero no hay problemas. Hasta que cierto día le llama el director del banco y le dice que tienen que hablar. Ya se echa a temblar . Le dice tres cosas: una, que la póliza se la reducen a 10.000 euros; otra, que la línea de descuento se la dejan en 15.000 euros, y además de ello, cada vez que lleve un pagaré éste debe ser de alguien de muchísima solvencia, porque si no, no lo aceptan; y tercero, que el tipo de interés que estaba pagando se lo aumentan en dos puntos. Usted, como es natural, requiere una explicación: ¿Acaso he incumplido con mis compromisos?, ¿les he devuelto alguna vez algún recibo, alguna letra? No, no, le dice el director, usted es un cliente ejemplar. ¿Y entonces? Pues entonces, le responde, esto es lo que hay. Y es lo que hay. Maldita crisis. Mardito parné.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Lágrimas de cocodrilo



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Dice una vieja creencia popular que los cocodrilos inundan a sus víctimas de lágrimas mientras las devoran despiadadamente. De ahí que el vulgo identifique como lágrimas de cocodrilo a aquéllas que se derraman como manifestación de una alegría, y no de una tristeza. Leo en un diario digital de Almería –“Teleprensa”, buen periódico, sí, señor- que el próximo día 17 de este mes el cuadernillo que “El Mundo” dedica diariamente a nuestra provincia va a dejar de publicarse por desacuerdos entre el franquiciado almeriense –qué raro suena eso de franquiciado de un periódico- y la empresa editora matriz.

Estoy seguro de que el cierre del suplemento de “El Mundo Almería” va a derramar más de una lágrima de tristeza y enojo. También alguna que otra de cocodrilo, pero de verdad que muy pocas. El periódico de Pedro J. Ramírez es un gran periódico. Todo el mundo sabe de qué pie cojea, pero eso, lejos de restarle calidad, le da cierto condimento beneficioso, pues sabes de antemano de dónde viene y a dónde va, y lo hace sin disimulo. La adición del suplemente “Almería” por el mismo precio era otro incentivo más para comprarlo, aún sabiendo, también en este caso, como todo el mundo sabe, de las peculiaridades –dejémoslo así- de estas páginas especiales.

Nos queda el consuelo de que Almería, durante tantos años huérfana de variedad periodística en prensa escrita, aún va a seguir conservando una pluralidad de medios medianamente aceptable. La mesa de cuatro patas de la prensa diaria de pago -“La Voz de Almería”, “Ideal”, “Almería Actualidad” y “El Mundo Almería”- va a perder uno de sus soportes. La crisis económica acecha a muchas puertas, y el sector de los medios de comunicación sufre la situación tanto como otros o más. A los adictos de la prensa de papel nos entristecen días como éste.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Las rotondas de Los Gallardos

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

El BOE del día 24 de junio despertó con una buena noticia a los conductores de vehículos que toman el pequeño tramo de carretera de la vieja N-340 que transcurre entre la Autovía del Mediterráneo y la carretera comarcal de Garrucha a Los Gallardos a su paso por este pueblo. Son apenas dos kilómetros, pero muy transitados por automovilistas de Bédar, Los Gallardos, Turre, Garrucha y Mojácar, y también por quienes, procedentes de la costa de Mojácar, se dirigen en dirección Almería y viceversa. Ese día el BOE anunciaba que el Ministerio de Fomento había adjudicado a la empresa Grupo Empresarial de Obras Civiles Sur, S. A., las obras para la construcción de dos glorietas en sustitución de las actuales intersecciones que enlazan con la carretera de Bédar y con la de Garrucha a la altura de la Venta de la Molina y de la Gasolinera de Los Gallardos, respectivamente.

Las obras proyectadas iban –o van, no perdamos la esperanza- a enterrar dos puntos negros que en los últimos años han sido la causa de muchísimos accidentes, algunos de ellos con resultados trágicos. Este pequeño tramo de carretera lo toman habitualmente los camiones de gran tonelaje que transportan el yeso desde las canteras de Sorbas al puerto de Garrucha.

El “mosqueo” de los usuarios afectados está más que justificado. Primero se les dijo que el comienzo era inminente, y que las obras estarían listas para el verano. Después, que bueno, que ya era mejor dejar pasar el estío para no entorpecer el tráfico de la costa. ¿Y ahora? Ahora ya vuelan las especulaciones: que si se ha retirado el proyecto, que si la empresa ha renunciado por la temeridad de su oferta, que si no se han hecho las expropiaciones... El subdelegado del Gobierno conoce bien el tema y seguro que comprende la preocupación. Díganos algo alentador, señor Corpas.

domingo, 26 de octubre de 2008

Ante la crisis toca rezar



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Suelen decirnos los creyentes a quienes creemos que no hay vida más allá de ésta que nos convertiremos cuando estemos ante una situación límite. Tengo un amigo piadoso que es muy didáctico para esto. Dice que la mayoría de los humanos que han dejado este mundo, unos instantes antes de la expiración, han dirigido su pensamiento hacia el eterno lugar para congraciarse con el Altísimo. Yo he visto otros más pillos que ni siquiera han esperado momentos tan delicados y han echado mano del benefactor para resolver situaciones más livianas, léase, por ejemplo, las oposiciones de un hijo o la enfermedad de un pariente.

Yo también tengo una experiencia de vivir una vez una situación límite, pero me dolía tanto una pierna que no me dio tiempo a ordenar mi pensamiento antes de perder la conciencia. Así que no puedo extrapolar mi experiencia. Seguiré esperando.

Sin embargo, hoy me hubiera gustado pertenecer a ese inmenso club –perdón por la expresión- de los creyentes. Para no verme en la extraña situación en la que me he visto. El amigo en cuestión ha venido a contarme su dramático problema familiar: el hijo menor, empleado administrativo de una empresa de construcción, se le ha quedado en paro, y el de enmedio, pintor autónomo, tiene encargos sólo hasta final de mes. Me pregunta que qué pueden hacer para resolver su problema, y de paso, si puede ser, el de otras familias que viven situaciones similares. La respuesta me ha salido como un resorte: “¡Rezar!”.

Ha transcurrido un rato, y ahora me ha dado por maniar por la respuesta tan peregrina. Soy imbécil o qué, me pregunto. Podría haberle dicho algo más acorde con mis ideas y mis conocimientos, y no esa tan ridícula que ni a él mismo ha convencido. Pero es la única que me ha salido del alma. Y por más que lo intento no me sale otra.

Se llama copla


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra


No tenía conocimiento de la existencia del programa de Canal Sur “Se llama copla” hasta que un día me encontré con un comentario en el diario El Mundo. El periódico de Pedro J. Ramírez suele tratar todo lo relacionado con la televisión andaluza de forma desconsiderada –tampoco le anda a la zaga nuestro paisano Mariano Maresca, comentarista televisivo de El País Andalucía-, pero en esta ocasión la crítica era atroz, tremendamente despiadada. No ponía en entredicho tanto el aspecto técnico del programa, que apenas valoraba, como el mensaje que consideraba subyacente: un programa rancio, casposo, exponente sobresaliente de la Andalucía profunda sumida en el fatal destino.

Tanta fue mi curiosidad que, tras el fútbol, hice al mando pasear hasta llegar a “la nuestra”. Desde entonces, mi adicción al programa va en aumento. No es un programa retrógrado. Muy al contrario, es un programa muy fresco, al estilo de la Operación Triunfo de la primera época, en el que, eso sí, se reivindica la copla como producto artístico estrechamente ligado a Andalucía. Celebro que los televidentes andaluces lo acojan de forma tan apoteósica. El programa del sábado pasado, con el Sevilla jugando a la misma hora en La Sexta, tuvo un “share” del ¡cuarenta y tres por ciento!

Los falsos progres que identifican la copla con el franquismo olvidan que la copla, como la propia sociedad española, también ha superado su periodo de transición. Rocío Jurado e Isabel Pantoja son las figuras exponentes de ese periodo. Carlos Cano y Martirio marcan el ritmo de un nuevo tiempo. El Manifiesto Canción del Sur establece una línea divisoria entre el pasado y el futuro de la copla. Letristas como Manuel Alejandro, Joaquín Sabina y Javier Ruibal, e intérpretes como Clara Montes y Pasión Vega, nos ayudan a amar la copla sin complejos y con una visión progresista de la realidad social.

sábado, 18 de octubre de 2008

A propósito del “caso” Diego López



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Diego López podría haber sido un hipócrita miserable y haberse bajado de internet un par de folios sobre las bondades del desarrollo sostenible, memorizarlos, y soltárselos a quien le preguntara sobre su trabajo en Diputación. No lo hizo, y fue honesto cuando en una conversación de barra de bar le dijo a un presunto compañero de partido que el cargo que ocupa es para retribuirle por el trabajo que realiza en su partido. Mariano Rajoy podría haber sido un cínico lenguaraz y decirle al oído a Javier Arenas lo contrario de lo que piensa, que es lo mismo que pensamos la mayoría, de lo que es el Día de la Hispanidad: un coñazo de tomo y lomo.

Las conductas y los sentimientos de los humanos no siguen una pauta unívoca. Nos adaptamos a las situaciones. Nuestras ideas casi nunca coinciden con la expresión de las mismas. Posiblemente, yo mismo estoy manifestando ahora no lo que me gustaría decir, sino lo que debo decir. Vivimos inmersos en un mundo variopinto de ideas, creencias, conductas, actitudes... Y en ese mundo, procuramos ocupar con dignidad el lugar en el que nos ha tocado estar, aún siendo víctimas de nuestras propias contradicciones. El año pasado Rajoy apareció en televisión amparado en la bandera de España para alentarnos a compartir el cariño por la patria. Ahora, califica de coñazo el mismo acto. Contradicción, ninguna. En ambos casos se trata de la misma persona, pero no del mismo personaje. El primero era el mensaje de quien ocupa un importante cargo institucional. El segundo, el de una persona que de forma privada se manifiesta como tal.

Nuestra democracia no ha resuelto el viejo problema de la financiación de los partidos políticos. Existe cierto temor a decirles a los españoles que los partidos políticos son necesarios para el sostén del sistema, y que eso cuesta dinero, que tiene que salir de donde sale siempre el dinero, de las contribuciones de los ciudadanos. Se tiran de los pelos quienes exigen que los partidos se sostengan de las cuotas de los afiliados, que no dejan de ser cuatro gatos mal contados.

Mientras nuestros políticos buscan la forma de dar carácter legal al mantenimiento de las infraestructuras de los partidos, y siendo éstas, porque lo son, necesarias para el mantenimiento del sistema, se recurre a lo que ahora parece que tanto nos escandaliza: enmascarar la situación con la fusión-confusión entre el cargo institucional y el de partido. Siempre se ha hecho así, y así lo han hecho todos. De Cospedal y Pajín, por poner dos ejemplos, ejecutivas del PP y PSOE, respectivamente, tienen en el Parlamento un contrato de trabajo a tiempo completo, no un contrato a tiempo parcial que complementan con otro de sus partidos. Y nadie se escandaliza.

Además de este problema de la falta de regulación de la financiación de los partidos, hay otro que igualmente debemos solucionar. Es el del inadecuado uso que se les está dando a los recursos humanos de las instituciones públicas. La congelación generalizada de sueldos son gestos de cara a la galería que no resuelven nada. La mayoría de quienes hacen un paréntesis en su vida profesional para dedicarse a la política no tienen la compensación económica adecuada. Empezando, por ir a lo más alto, por quien ocupa el cargo de presidente del Gobierno, cuyo sueldo es menor que el que percibe un mediocre director financiero de una empresita de tipo medio. Pero también es cierto que muchos perceptores de salarios públicos no aportan nada al beneficio general, ni directa ni indirectamente. Es plausible la decisión de la Diputación de Almería de hacer una reestructuración de todos los cargos de confianza. Lo deseable es que esta medida no sea un caso aislado. Las administraciones públicas, casi de forma generalizada, están sobredimensionadas en recursos humanos. Mientras se congelan injustamente los sueldos de unos, se mantienen injustamente los sueldos de otros.

sábado, 11 de octubre de 2008

El Paraíso Terrenal

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

¿Ha visitado alguna vez, querido lector, el Paraíso Terrenal? Claro que no. Porque no existe. Pero no se preocupe porque pronto podrá verlo con sus propios ojos. Ahora, lo único que puedo ofrecerle es una visita imaginaria. Vamos a ella.

Preséntese en la Plaza Nueva de Mojácar y observe el inmenso espacio que, desde su Mirador, se ve hacia el norte. Verá allí, a la derecha, Garrucha, un poco más hacia la izquierda Vera, a continuación, como simulando el arco del Indalo, verá Antas, Bédar y Turre, y en medio, como su fuera la cabeza de nuestro tótem, Los Gallardos. Pues bien, a todo ese inmenso espacio ahora han dado en llamarle El Llano Central, pero pronto será El Paraíso Terrenal.

Ahora cierre los ojos e imagine ese espacio convertido en una ciudad de ensueño, con el AVE que nada más entrar en ella hinca sus vagones bajo tierra para volver a aparecer cuatro kilómetros más adelante. Una vía paisajística nos conducirá por el viejo itinerario del ferrocarril minero Bédar-Garrucha. Por supuesto que se podrá conectar a internet desde cualquier punto, para eso habrá una red wifi. A la derecha de su visión imaginaria podrá ver una ciudad deportiva de élite donde se concentran la mayoría de equipos europeos de la Champion. Golfistas y atletas de élite tendrán aquí su cuartel de invierno. No habrá paro, pues su población activa se acercará a los cien mil habitantes, más de los que tiene ahora la comarca. Más de quince mil plazas hoteleras acogerán con agrado al visitante, y un millón de metros cuadrados de techo terciario e industrial serán el signo de la actividad. Ni que decir tiene que aquí los transportes públicos funcionarán utilizando hidrógeno o baterías eléctricas.

¿Usted cree en los milagros? Pues crea en el Paraíso Terrenal, o sea, en el Llano Central.

sábado, 4 de octubre de 2008

¿Dónde guardo mis ahorros?

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Mi anciana madre tiene noventa años y una vida, según dice ella emulando al mismísimo Celaya, “cargada de futuro”. Es una viejecita poco convencional. Las de su edad se regodean contando las vivencias de su juventud. Para ella, el pasado no existe, sólo existe el futuro. Yo la enfado mucho y le digo: “Pero si tú no tienes futuro, mamá, tú tienes pasado y presente, pero nada más, tu futuro es el hoy, el día a día, desengáñate”. Hiero sus sentimientos, pero en el fondo se sienta satisfecha de las noventa primaveras vividas.

En su obsesión por tener planificado el mañana, ahora anda preocupada con eso de la crisis bancaria. Tanto que, considerando insuficiente lo que al respecto dicen los telediarios, se ha enganchado a TVE-24 horas, que, como su mismo nombre indica, son 24 horas al día dándole a la machaca. El otro día no pudo aguantar más y me llamó en un aparte: “No me gustan las cosas que estoy viendo –me dice-. Tengo, por lo que pueda pasar, ya sabes, un par de milloncicos en el banco y no sé si están ahí bien guardados”. La tranquilizo y le digo que no se preocupe, que el Fondo de Garantía de Depósitos le devolvería los doce mil euros aunque el banco diera en quiebra. No fiándose, me dice que ella quiere hablar con “el Fondo”. No sé si es porque en el pueblo a mucha gente la nombran con el artículo delante – “la Isabel” y “el Frasquito” son sus vecinos- ella cree que “el Fondo” es un señor de carne y hueso.

Al final le digo que si no se fía de nadie, que coja el dinero y lo guarde donde siempre lo han guardado sus padres y sus abuelos, debajo un ladrillo. Pero también tiene respuesta para mi propuesta: “¿Qué quieres, que vengan los murcigleros esos y me dejen en la ruina?”. La que me ha caído con mi madre. Y con la crisis.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Un gallardero en Barcelona


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra


Corría el año 1973, con Franco en el ocaso y el Príncipe Juan Carlos dando tumbos por ahí sin que nadie supiera adivinar cuál iba a ser su futuro. Tenía 22 años y estaba a punto de terminar Magisterio en “la Normal” de Almería, pero una profesora algo díscola –cuyo nombre omito porque ha fallecido recientemente y era muy conocida en la capital, más por su marido que por ella- se empeñó en dejarme una asignatura. Al volver con la calabaza a mi pueblo, Los Gallardos, mi padre, un ex-militar represaliado por la dictadura con un exacerbado sentido del honor, puso el grito en el cielo y poco menos que llegó a calificarme de ser un inútil. Tanta injusticia y tanta desproporción observé en sus palabras (una sola asignatura suspendida en la carrera, al fin y al cabo) que le amenacé, si persistía en sus acusaciones, con abandonar el domicilio familiar y buscarme la vida por esos mundos de Dios. No dio lugar a culminar mi amenaza, y espetó a mi madre, protagonista muda de la escena: “Petronila, prepárale la maleta, y pregúntale a Paco el de La Mela que cuándo sale para Barcelona”. Paco el de la Mela era un taxista de esa barriada de Sorbas que se buscaba la vida con su furgoneta Tempo llevando y trayendo emigrantes a/de Barcelona. Qué buena persona este Paco.
Un pasaje en la furgoneta, 300 pesetas en el bolsillo, y heme aquí en la ciudad condal dispuesto a comerme el mundo. Me acoge en su domicilio, un pisito en la quinta planta sin ascensor, la señora María, una ancianita viuda, que vivía del hospedaje clandestino. La Montse y yo éramos sus huéspedes. Mi “maestresa” bien podría ser el personaje principal de una novela de emigrantes. Salió de Bédar con sus padres y su hermana, la señora Catalina, que vivía en el primer piso del bloquecillo, cuando era una mocica, y en Barcelona se casó y tuvo dos hijos, Pedro, que regentaba el bar de abajo, y una hija que murió a los pocos años de nacer y a la que cada día dedicaba un sonoro llanto. Nunca jamás volvió a su pueblo natal, pero era capaz de dar pelos y señales de todas las familias de Bédar y de Serena, y de la mía también, por supuesto. “No sé si sabes que tu abuelo Pedro y tu abuelo Miguel eran hermanos”. “Cómo no lo voy a saber, señora María, no es por casualidad por lo que mis apellidos están duplicados”. “Ellos eran de familia pobre de Mojácar, pero tu abuela Isabel, esa sí era de familia rica de Serena”. No lo sabía, y tampoco estoy seguro de que fuera así.

En tan precarias condiciones económicas como me encontraba no era cuestión de ser muy selectivo con el puesto de trabajo al que podría optar, así que cogí La Vanguardia y me fui directamente al cuadernillo de Anuncios por Palabras. Me quedé en el primero, que rezaba así: “Se necesita mozo de almacén”. Me presento en Gráficas Pareja (buen hombre el dueño, don Manuel Pareja), en la calle Montaña, y veo con sorpresa que es allí donde se imprimen los libros de texto de Santillana, los mismos que había en “la Anexa”, el colegio situado junto a la Escuela de Magisterio en el que hacíamos las prácticas los futuros maestros.

Mi trabajo en Pareja consistía en clasificar con un torillo manual los palés de libros por materias y cursos. En este lado matemáticas de 1º, aquí Lengua de 4º, en aquel lado Sociales de 8º... todos eran de E. G. B. El encargado era un cordobés, apuesto, también llamado Manuel, al que solamente le faltaba el sombrero de su tierra para verse reflejado en una de las postales típicas de la época. Tenía malas pulgas y era algo chuleta. Su pelo, más que negro, era negrísimo, y siempre lo llevaba echado hacia atrás y sujeto a base de brillantina barata. Tuve con él más de un encontronazo por cuestiones que no vienen al caso. Bueno, una sí viene al caso; la contaré después. Un día se dio cuenta, el cordobés, de que aquellos libros no me eran ajenos, ni por dentro ni por fuera, y fue entonces cuando me bajó del torillo y me puso a hacer revisiones de paginación, o sea, que hojeara -con h de hoja- los libros y apartara aquéllos que tenían alguna página en blanco o aparecían con páginas no correlativas por haberse insertado inadecuadamente algún cuadernillo. En la empresa también se editaban otros títulos, principalmente destinados al mercado sudamericano.

Cuento ahora uno de mis enganches con el encargado. Nunca podía imaginar el efecto devastador que tiene el papel cuando se maneja con las manos. Las páginas recién cortadas son como cuchillas sin estrenar. Mis manos sufrían cortes un día sí y el otro también. Las tenía ya ennegrecidas de tantas heridas mal curadas y reabiertas. Le digo al encargado que tenía que darme unos guantes o algo para resolver el problema, y me dice el muy borde que me líe los dedos con esparadrapo. No esperé a oír completamente su propuesta, y ni corto ni perezoso me dirijo directamente al despacho de don Manuel. El jefe bajó conmigo y se encaró con su encargado: “¿Es que usted, Manuel, no conoce la palabra piedad?”. El encargado, esa afrenta, nunca me la perdonó. Y todo por un par de guantes.
Mi sueldo era humilde; de mozo, claro. Apenas me daba para subsistir. Pero como la necesidad achuchaba me puse a ingeniármelas para ver cómo podía ajustar mis gastos al sueldo. A la señora María, la pobre, no le iba a regatear lo poco que me cobraba, y el billete del metro valía lo que valía. No había otra salida que ahorrar en la comida. Comer menos de lo que comía no podía comer, pues perdía a kilo por semana, lo cual, dicho sea de paso, hasta me venía bien; pero con un límite. Siento no recordar quién me iluminó con la solución adecuada, pero que en gloria esté porque mucho le debo. Me dijeron que si tenía un carné universitario podía comer en el comedor de la Universidad por un módico precio. Y sí, eché mano a mi cartera y en ella llevaba una tarjetilla de alumno de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de E. G. B. de Almería. La comida valía cinco duros. Y no estaba mal. Por cierto, al entrar al comedor de la Universidad nadie pedía ningún carné. Se lo cuento a mi paisano Juanico Llorente y… ¡hale, otro universitario! Juanico, por si alguien no lo sabe, era mi vecino de la calle de abajo en el pueblo. Él vivía en la calle San Joaquín y yo en la calle San Diego y nuestras casas se unían por el callejón de Domingo Bujaldón, el de la panadería. Éramos amigos de toda la vida; bueno, en realidad yo era como su jefecillo, que para eso le llevaba un par de años. Mi madre tenía una tienda de ultramarinos y me mandaba cada dos por tres a la Venta de Juan Ramón, en la carretera, a por los paquetes que allí dejaba Transportes El Triunfo. Como no podía con todos, él me ayudaba, y mi madre nos daba dos pesetas por cada viaje, una para cada uno. Terminó -Juanico, digo- emigrando a Barcelona como casi todos los jóvenes del pueblo. Sigue nuestra amistad, ahora aquí, y vive en Turre. Se casó con una turrera. Trabaja en Egmasa cuidando bosques. Su hermano Paco también andaba por allí, pero cuando a éste le quisimos hacer partícipe de la oportunidad del comedor universitario declinó nuestra invitación. Normal: él se buscaba bien la vida con las comisiones que sacaba vendiendo por las casas la Gran Enciclopedia de Catalunya. No había una casa en cincuenta kilómetros a la redonda que no tuviera en la librería del comedor una enciclopedia vendida por Paco. Se enrollaba bien con la gente gracias al catalán que había aprendido en la calle. Tenía hasta el deje catalanista: “¿Vostè, senyora Mercè, que no li aniria bé la Gran Enciclopèdia de Catalunya per als nens?”. Eso, dicho en catalán, atraía bastante. Paco también se vino para acá, y ahora está de administrativo en el Ayuntamiento.
Pero sigamos con el trabajo, que la familia Llorente me ha entretenido. Un día me encontraba harto de que el encargado me chuleara, y me dije: “pues ahora voy a chulearle yo un poco”. Qué atrevimiento. “Perdone, jefe”, le dije, “pero lo que yo considero inadmisible es que unos libros de texto tan prestigiosos como éstos tengan faltas de ortografía”. Asombrado por mi osadía, me coge de la camisa, enrabietado, y me dice: “Venga conmigo”. Y voy tras él. Subimos unas escaleras metálicas y me lleva delante del corrector y me dice que si soy capaz de hacer semejante afirmación ante aquel hombre. “Espere un momento”. Bajé a toda prisa las escaleras y fui a uno de los palés a por un libro, tampoco recuerdo cuál. Se lo abro a ambos y les digo: “Miren aquí, y aquí...”. El cordobés no veía nada extraño, porque era un hombre poco instruido, pero el corrector sí se dio cuenta. La verdad es que era algo sin importancia, algún que otro diptongo mal acentuado, cosa de tildes adecuadas e inadecuadas.

En el corrector me encontré a un hombre pequeñito, muy enjuto -más de treinta kilos no debía pesar-, con cara de asustadizo y miope de doce dioptrías hacia arriba. Por poco se muere de vergüenza por descubrirle aquellos errores. A la semana siguiente ya era su auxiliar. Mi sueldo subió considerablemente. Qué gran caballero el corrector, el señor Manuel (otro Manuel, qué casualidad). Me contó que también él era maestro de escuela, pero era de los represaliados del franquismo. “Qué casualidad”, le dije para gloria de sus oídos, “ya somos tres los represaliados: usted y mi padre por la dictadura, y yo, por mi padre”. No sé la edad que tendría el hombre, por su aspecto físico y cara de sufrimiento le echaría ochenta años. Tendría sesenta. Todos los días me explicaba los estudios que él había tenido que hacer para ser maestro y todos los días tenía que explicarle los estudios que yo estaba haciendo para ser maestro. Siempre tuve la sensación de que este hombre, desde que terminó la guerra, nunca con nadie había hablado de aquel triste episodio nacional. Notaba que se sentía cómodo conmigo y yo notaba que me sentía cómodo con él. Yo le hacía ver que no era un fracasado, que, por el contrario, era todo un triunfador, un héroe, pues no podía ser otra cosa quien había sido capaz de mantenerse fiel a la legalidad de la república. “¿Usted ha leído un libro que hay ahí abajo”, le digo, “que se titula Juan Salvador Gaviota?”. Me dice que él lee todos los libros que pasan por sus manos para la corrección, pero que está tan pendiente de buscar faltas de ortografía que no repara en su contenido. Le subo un ejemplar para él y otro para mí. El mío lo conservo como oro en paño por el valor nostálgico y las bonitas ilustraciones de Russell Munson. “Lléveselo a su casa y léalo, verá usted cómo la gaviota exiliada-exilada, que dice el libro- y represaliada no es la más tonta, sino la más lista”. (Postdata: Si le interesa, lector, anote. “Juan Salvador Gaviota”, de Richard Bach. Editorial Pomaire, S. A. Impreso en Gráficas Pareja. Primera edición, noviembre de 1.972).
Volví a Los Gallardos para los exámenes de febrero y aprobé, pero tenía que esperar a septiembre para empezar el curso de Prácticas. Magisterio, entonces, eran Bachiller Superior, dos cursos, Reválida y un año de prácticas, éste cobrando ya un poco. No pensaba volver más a Barcelona. Total, me dije, tampoco me vienen mal cinco o seis meses vagueando por el pueblo.

Un día me llama don Manuel Pareja y me dice que me vaya urgente, que el corrector se había muerto. Para no ir me hice el interesante y le dije que mis aspiraciones ya no eran las de un auxiliar, sino las de un titulado. Se vio perdido sin corrector y atendió a mis pretensiones. Volvía a Barcelona de otra manera. Dejé de ir al comedor universitario y le pasé definitivamente el carné de estudiante a Juanico. Al llegar el verano, le dije al impresor que teníamos que poner fin a la relación laboral porque tenía que volver a Almería, donde me esperaban en el Colegio Angel Suquía de Piedras Redondas para el curso de Prácticas. Se empeñaba en que me quedara, que allí iba a ganar más dinero que en la escuela. “Don Manuel”, le repetía, “tengo que hacer el curso de Prácticas porque si no lo hago ni siquiera me dan el título de maestro”. Me hizo propuestas desorbitadas de doblar y hasta triplicar mi sueldo. “¿Usted ve los jóvenes catalanes hacerse maestros, verdad que no?”. Y era verdad, en Barcelona no había maestros catalanes. Lo consulté varias veces con mi padre, pero éste era contundente: O me venía voluntariamente o mandaba a por mí. Yo sabía por qué mi padre prefería el título más que el dinero que pudiera ganar: quería a toda costa que me hiciera funcionario. La ilusión de su vida era ver cómo uno de sus hijos vivía a costa del erario público, algo que a él no le dejaron quienes se sublevaron contra la democracia en 1936. Prevaleció, pues, una vez más, la autoridad del ex-militar y volví a Almería. Tras Piedras Redondas, cuarenta chiquillos me esperaban impacientes en el Colegio Público de Los Gallardos. Un año después oposité a Magisterio en… ¡en dónde iba a ser, en Barcelona! Otra vez para allá, esta vez de maestro. Un añito, y de nuevo para acá. Destino: pues… ¡a dónde iba a ser… a Los Gallardos!

En 1.981 murió mi padre con uno de sus deseos cumplidos, con su “Cabo” de maestro y con nómina oficial. Unos años después pedí excedencia. Hasta hoy. Y adiós.

Los buenos y los malos de la crisis



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Tiene razón José María Fidalgo, Secretario General de Comisiones Obreras, cuando afirma que “los trabajadores no son los causantes de la crisis”. En una economía de libre mercado, las estrategias empresariales las marcan los empresarios, y son ellos los responsables de los aciertos y los errores, de eso no cabe ninguna duda. Pero se equivoca Fidalgo cuando dice a continuación que como consecuencia de esto “no vamos a permitir que sean ellos -los trabajadores- quienes la paguen las consecuencias de esta crisis”.

A estas alturas del siglo XXI la dicotomía empresario-trabajador como concepto de intereses antagónicos y enfrentados ha quedado trasnochado. “La Codorniz”, la revista satírica de mediados del siglo pasado que tantos ratos de felicidad nos dio, siempre representaba a un empresario con una figura oronda con tirantes y cara de glotón feliz. Al trabajador lo retrataba enjuto de carnes y cara de sufrimiento y resignación. La cara y la cruz. En las sociedades modernas, todo el mundo tiene derechos, y una persona puede optar libremente por buscarse la vida como empleado o hacerlo como empleador. Tan honrado es hacerlo de una manera como de otra. Pero, al margen del papel que cada uno juguemos, generalmente viajamos en el mismo carro.

Esta crisis no está ocasionada por quienes en la sociedad laboral han adoptado la condición de empleadores. A la mayoría de ellos, a casi todos, la situación les sobrepasa, y más que verdugos son víctimas. De nada sirve ser un empresario honesto y responsable si los resultados de su empresa no dependen de su capacidad, sino de decisiones políticas y financieras que muchas veces se toman a miles de kilómetros de distancia. Estimado José María, esta película no es una película de buenos y malos, y si el barco se hunde, nos hundimos todos.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Las 5.000 viviendas


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es


Parece que, por fin, la Junta de Andalucía y los ayuntamientos afectados se han decidido a coger el toro por los cuernos para intentar arreglar el tema de las cinco mil viviendas ilegales que se encuentran esparcidas por la zona norte-levante de nuestra provincia. La situación era insostenible. Se dice que el tiempo lo cura todo, pero el tiempo, por muy plácida que sea, no puede hacer desaparecer del mapa provincial este inmenso número de edificaciones levantadas al margen de la ley con el beneplácito –o la pasividad, o la irresponsabilidad, da igual- de quienes nos gobiernan. O nos han gobernado, según los casos. Había que intervenir ya, o la herida, lejos de curarse por el paso del tiempo, se engangrenaba cada día más.

La mayoría de los ciudadanos no conocemos ni las razones ni los culpables –suposiciones tenemos todos- de que esta bola de nieve se haya hecho tan enorme. Pero, a las alturas que estamos, no es cuestión de seguir con las interrogantes. Para qué. Afortunadamente, la bola ha dejado de rodar y no aumenta su tamaño. La regularización es precisa y necesaria, como necesario es que para conseguir el fin deseado establezcamos unas premisas previas. A saber:

a) Hay que dejar a la justicia al margen del problema retirando todos los contenciosos. Los temas penales son otra historia.
b) Deben desaparecer las edificaciones levantadas en suelos en situación especial (dominio público, riesgos de inundación, suelo protegido, etc.).
c) Los promotores no deben obtener un enriquecimiento injusto en perjuicio del resto de los vecinos, por lo que deben hacer a éstos las debidas compensaciones tanto materiales (las cesiones oportunas) como económicas (hay que pasar por la caja municipal).
d) La obtención de la licencia de primera ocupación debe ir condicionada a la dotación de los servicios e infraestructuras básicos, a fin de que luego no sean los demás vecinos quienes tengan que sufragar las fechorías que otros han cometido.

sábado, 20 de septiembre de 2008

El trato de La Burra


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

No tengo la dicha de conocer personalmente a Diego Valderas y Javier Arenas, co-protagonistas de aquel pacto que se hizo en 1.994 conocido popularmente como “La Pinza”. Si les conociera les preguntaría sobre algo que hace mucho tiempo salpica mi curiosidad, y de cuya duda solamente uno de los dos me puede sacar. Lo cuento por si alguno de mis escasos lectores tiene acceso a ellos y quiere hacerme el favor de trasladarles mi inquietud. Me contaron una vez que, al quedarse en minoría el PSOE en las elecciones de aquel año, se reunieron ambos en un restaurante sevillano para establecer lo que el de IU llegó a llamar “la gobernabilidad de Andalucía desde el Parlamento”. En esa reunión trazaron las líneas maestras de las estrategias que iban a desarrollar durante la legislatura, y, como es natural, hablaron de lo que hasta entonces se conocía, porque ese era su nombre oficial, como la “Disposición Adicional Segunda” del Estatuto de Autonomía, un apéndice que decía que en la financiación autonómica había que tener en cuenta “las circunstancias socioeconómicas de Andalucía”.

Coincidieron en que como a los andaluces nos molestan los nombres enrevesados, eso de “la disposición...” había que simplificarlo y acordaron llamarle –acertadamente, como ahora se ha visto- la “Deuda Histórica”. Posteriormente intentaron buscar un nombre al pacto o acuerdo verbal suscrito, y aquí es donde Valderas hizo una propuesta atrevida: llamarle al resultado de aquella reunión “El trato de La Burra”. Me cuentan que Arenas, al oír la sugerencia, dio un enorme respingo. El de IU rápidamente le aclaró que aquel establecimiento del Polígono Industrial Calonge de Sevilla en el que estaban reunidos tenía por nombre “Restaurante La Burra”. Pero ni con esas. Acordaron que aquel acuerdo no debía tener nombre porque las distancias ideológicas aconsejaban mantenerlo en la discreción. ¿Qué hay de verdad o de mentira en esta anécdota? Me muero por saberlo.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Te cobran por respirar



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
www.emilioruiz.es

Suele afirmar el vulgo que, con crisis o sin crisis, los bancos siempre se las apañan para ganar cada vez más dinero. No siempre es verdad. Sí es cierto que sus cuentas de resultados rara vez aumentan por debajo de los dos dígitos, pero pasan también, como cada hijo de vecino, sus malas rachas. Ahora padecen una de ellas. Según la AEB y la CECA, que son las patronales de los bancos y de las cajas, durante el primer semestre del año los primeros redujeron su beneficio un 1,5 % respecto al mismo periodo del año pasado, y las segundas un 3,8 %. Y no se les avecinan tiempos mejores, pues la tasa de morosidad va disparada como una moto. En cualquier caso, las cifras de beneficios que nos presentan aún son de las que alarman: casi quince mil millones de euros.

Los bancos siempre tienen ingresos recurrentes. Unas veces son los que ellos llaman típicos: préstamos, hipotecas, descuentos de papel, etc. Otras, los atípicos: venta de activos, operaciones bursátiles, etc. Y cuando fallan los unos y los otros lo que hacen es echarle cara al asunto y cobrarnos casi por respirar: por ingresar o cobrar cheques, por domiciliar recibos, por correspondencia, etc. Fíjense el anuncio que acabo de leer en un periódico nacional. Lo publica la Caja Rural de Granada. Dice así: “En cumplimiento de la cláusula 11ª de los contratos de cuentas a la vista, a partir de un mes de la presente publicación, se repercutirá a nuestros clientes por el servicio de recuento, empaquetado o transformación de moneda fraccionaria y/o billetes, a petición de personas o entidades con actividad empresarial, profesional, asociativa o cualquier otra distinta de la estrictamente particular”. Han leído bien. Usted, señor tendero, a partir de ahora, cuando vaya a esta entidad a ingresar la caja de su negocio le cobrarán los honorarios correspondientes. ¡Pues no está para decirles: Oiga, que yo lo traigo contado, si usted lo quiere contar, es su problema! Cómo está el mundo.

viernes, 12 de septiembre de 2008

¿Dónde están los dineros del boom inmobiliario?


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es

Entre 2005 y 2007, es decir, durante los tres últimos años, en la provincia de Almería se ha iniciado la construcción de algo más de cien mil nuevas viviendas, la mayor parte de ellas concentradas en los municipios costeros y en el Medio Almanzora. Cien mil nuevas viviendas significan cien mil licencias municipales y la liquidación de las tasas correspondientes. La construcción de una vivienda suele aportar a las arcas municipales en torno a los seis mil euros. Cien mil por seis mil, pues ya tenemos la cuenta: Los ayuntamientos de la provincia han ingresado en los tres últimos años, solamente por las nuevas construcciones, la escalofriante cifra de seiscientos millones de euros, es decir, cien mil millones de las añoradas pesetas.

¿Y dónde se ha metido ese dinero? Eso es lo que se pregunta mucha gente. No cabe duda de que hay pueblos de la provincia de Almería en los que los cambios producidos por el auge inmobiliario se ven a simple vista. Por poner un ejemplo a un lado y otro de la provincia, ahí están los casos de Roquetas de Mar y Vera, dos pueblos que en este corto periodo de tiempo han visto agradablemente cambiada su fisonomía urbana. Pero hay otros… Perdone el lector que, en este caso, no sea ten explícito. Pero si les pica la curiosidad, dense una vuelta por algunos de esos municipios donde se ha construido tanto. Después, vean sus calles, observen sus plazas y visiten sus instalaciones. Recorran sus aldeas y transiten sus caminos. Están como hace diez años. Lo dicho: ¿Dónde diantres habrán metido los dineros?

domingo, 7 de septiembre de 2008

El mausoleo romano de Abla




Si hay un elemento de nuestro patrimonio arquitectónico-histórico que no le es ajeno a casi ningún almeriense, ése es sin duda el mausoleo de Abla. Y no porque su atractivo haya merecido muchas visitas intencionadas, sino más bien porque su ubicación, a escasos metros de la antigua carretera nacional, hacía inevitable al viajero su contemplación aunque fuera sólo unos segundos. La Ermita de San Sebastián –como los lugareños la conocen- llevaba camino de correr la misma suerte que otras edificaciones históricas de la provincia, de las que hoy no quedan ni rastro. Pero ha aguantado el “tipo” casi veinte siglos, desde el siglo II de nuestra era hasta hoy.

Hace un par de años la Junta de Andalucía decidió por fin su restauración. Pero los trabajos revelaron nuevos hallazgos, como un revoco policromado y unos muros perimetrales de mayor altura que los conocidos hasta ahora. El hallazgo de la impermeabilización original demostraba que nunca había existido un remate sobre la cubierta y que, por tanto, no procedía crear algo que nunca llegó a existir. El proyecto de restauración contempla la creación de una cubierta piramidal y revestimiento de cobre. Tras estos hallazgos, las obras se paralizaron. Afortunadamente. Esa puede ser la excusa perfecta para evitar el enorme atropello que se estaba cometiendo. Basta ver una vieja fotografía del estado anterior y otra del estado en que se encuentra la obra paralizada para llegar a la conclusión de que el resultado es el mismo que si se hubiera metido un pico y una pala y se hubiera construido algo nuevo sin provecho alguno del original. Un cuadro no se restaura estampando sobre él dos capas de pintura blanca y pintando nuevos elementos. Pues esto parece que es lo que se han hecho con el entrañable mausoleo de Abla. Vuélvase al original y respétese al máximo, por favor.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Hablemos del Almería

Es posible que haya ciudadanos almerienses, y hasta es posible que haya muchos, a los que esto del fútbol ni les va ni les viene. Y como a ellos ni les va ni les viene, pues piensan que da igual que nuestra provincia tenga un equipo en 1ª División, lo tenga en 2ª o lo tenga en 3ª Regional. Están equivocados, como se equivocan quienes crean que, como a ellos no les gusta leer, pues no es necesario que haya bibliotecas, y como no les gusta reír, pues fuera circos. Me produce bochorno tener que recordar que cualquier hecho o actividad social, o deportiva, o económica, o cultural, o del tipo que sea, que influya positivamente en el ánimo o en la economía o en el bienestar de una parte de la sociedad es buena para la generalidad de la sociedad. El bienestar o la felicidad absoluta de un pueblo no existe. Existe la felicidad personal e intransferible de cada uno, y la suma de muchas felicidades individuales produce felicidad colectiva.

Que Almería tenga un equipo en 1ª División es un hecho positivo sin salvedad alguna. Que seiscientos millones de personas de todo el planeta estén frente a un televisor viendo cómo el equipo de nuestra ciudad se bate con el Real Madrid en el Campo de los Juegos Mediterráneos, y encima de todo le gane, eso es positivo para una provincia, aunque sea sólo a efectos de promoción publicitaria. Quien no lo entienda así es que no vive en este mundo.

Por eso, creo que Almería tiene mucho que agradecer a Alfonso García, el hombre que está haciendo posible esta realidad. Pero, cuidado, que estemos inmensamente agradecidos al Presidente no significa que tengamos limitada nuestra libertad para manifestar que algunas de sus decisiones se han tomado de forma equivocada. Y Alfonso García se ha equivocado con el tema de los abonados al club. Se equivocó el año pasado, y éste, no solamente no ha reparado el error, sino que lo ha incrementado. Me gustaría explicar por qué.

viernes, 29 de agosto de 2008

Pueblerinos

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


Ayer, jueves, un centenar de vecinos y visitantes asiduos del Levante almeriense nos reunimos para entregar los I Premios Axarquía Almeriense. Reconocimos de esta manera la labor que en beneficio de esta comarca hacen personas e instituciones como Antonio Gil Albarracín, Remedios Martínez Amaya, José Herrera Plaza y Andrés Sánchez Picón, autores estos dos últimos de la película “Operación Fecha Rota”, la Asociación Asprodalba y Manuel Marín. En la recogida del premio, cada uno de los galardonados entretuvo sus palabras en el protocolario agradecimiento, pero también en ofrecernos una visión propia de esta provincia en la que nos ha tocado vivir. Manolo Marín es un hombres que está ya de vuelta de muchas cosas, y por eso sus palabras tenían para nosotros un valor especial. Nos recordó que vino a instalarse por estos pagos cuando Almería era la cuadragésima novena provincia española en desarrollo, y hoy está en los puestos de cabeza, según él la quinta. E incidió en que esta realidad no es percibida por los propios almerienses, que no valoramos nuestro esfuerzo ni damos mérito alguno al resultado conseguido.

En los últimos años, los almerienses hemos dado un salto cuantitativo para situarnos en un lugar adecuado. Para seguir por este camino tenemos que abandonar definitivamente esos sentimientos derrotistas y de inferioridad que muchas veces nos arrastran. Tenemos que dotarnos de una mentalidad avanzada, relegando el victimismo y las ideas de complacencia aldeana. Y ahora voy a decir algo que, como dicen en mi pueblo, si a alguien le molesta, pido perdón por anticipado. Y es esto: El papel que los tres periódicos provinciales están desempeñando durante estos días de feria en la capital no es el propio de una sociedad moderna y con ideas avanzadas, sino de un pueblo que se relame con el papanatismo y lo pueblerino. Perdón, insisto, pero tenía gana de decirlo.

viernes, 22 de agosto de 2008

El Periodista y el Entrenador

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


Las casualidades muchas veces son las que mandan. El lunes, por cuestiones profesionales, tenía necesidad de estar en Madrid. Y alguien del entorno tuvo la idea de que, aprovechando que el Turia pasa por Valencia, podíamos adelantar el viaje al domingo y pasarnos por el Mestalla para ver el partido de ida de la Supercopa entre el Real Madrid y el Valencia. El paisano, y sin embargo amigo, Antonio Torres, no desaprovechó la ocasión para darme el encargo de que salude de forma especial a un amigo, Unai Emery. “No fastidies –le digo-, mira, en Valencia viven un millón de almas, y en Mestalla habrá varias decenas de miles de personas, ¿qué quieres, que vaya al campo y desde la grada le mande recuerdos a voces a Unai Emery?”. Lo comprendió.

Pero he aquí que llego al hotel en el que había reservado habitación, el Valencia Palace, y aquello más que un hotel parecía una residencia deportiva. Estaban no sólo la Federación en pleno, con Villar, Hierro y Del Bosque a la cabeza, sino también a toda la plantilla del Valencia. Entonces leí en “Las Provincias” que ahora el Valencia se va a concentrar siempre en este hotel, situado a unos pocos metros del campo. Obviamente, en tal circunstancia, me vi obligado a cumplir el encargo. Pude hablar con Emery y trasladarle el encargo de mi paisano. Tras un rato de charla con él me di cuenta de varias cosas: Una, que la amistad de Torres y Emery no se limita al ámbito profesional, a la fría relación periodista-deportista. Dos, que el supuesto jardín de rosas en el que nos dejó el año pasado tiene más de una espina que por el bien del fútbol almeriense hay que arrancar. Y tres, y es la más importante, que el Almería está en primera, pero a su organización aún le falta mucho para ser considerada de primera. No sé si me entienden.

martes, 19 de agosto de 2008

Almería, del pasado al futuro

(Conferencia pronunciada por Emilio Ruiz en el foro de debate de La Voz de Almería “La Almería del futuro” )



Desde que naciera como provincia independiente, en el año 1.833, Almería ha vivido la mayor parte de estos casi dos siglos de existencia inmersa en una situación de marginación, pobreza y olvido. Una situación generalizada, con dos excepciones que han marcado notablemente su identidad. En ambos casos las excepciones han coincidido con los finales de cada uno de los siglos, que después analizaremos.

Hablar de 200 años en la vida de las personas, es hablar de más del doble de lo que una persona puede vivir, pero hablar de dos siglos en la vida de un territorio es poco menos que limitarse a la mínima expresión de su existencia.

Almería, históricamente, no ha sido una tierra afortunada, si por fortuna entendemos en este caso la labor que sobre sus tierras han desarrollado las personas que aquí han vivido y quienes la han regido y gobernado. Dentro de la antología de textos solemnes relacionados con nuestra situación de provincia marginada, tal vez habría que colocar en un cuadro de honor las palabras que el ministro de Fomento del año 1.869 dedicó a nuestra provincia cuando en las Cortes Generales se planteaba la necesidad de construir el ferrocarril:

La provincia de Almería –decía José Echegaray- es la más maltratada de todas las de España; la provincia de Almería es, si se me permite la palabra, la cenicienta de la casa, a la que, como a la cenicienta de la fábula, nadie ha hecho caso, y está allí abandonada; y sin embargo, Almería es una provincia que tiene grandes merecimientos, grandes riquezas y grandes elementos de vida. En la provincia de Almería no hay –decía-, no ya ferrocarril; no hay ni siquiera carreteras, ni una sola carretera. Yo no comprendo, no alcanzo a entender, cómo si para las provincias hubiese sentimientos de enojo y de dignidad, cómo la provincia de Almería no se ha desgajado del sitio que ocupa en España, rompiendo por sus rugosas ramblas, y ha ido a estrellarse contra la costa de África, buscando allí más justicia de la que ha encontrado en la tan injusta madre que para ella ha sido España”.

La situación es de hace prácticamente dos días: 1.869, hace 136 años, que, como digo, en la vida de un territorio es nada.

Por aquella época fue cuando Pedro Antonio de Alarcón escribió su “Viajes por España”. Y de Almería decía: “Almería está incomunicada por tierra con las adyacentes capitales de la provincia y con la capital del reino, si hemos de entender por comunicación cualquier vía directa por donde puedan marchar carruajes acelerados; en una palabra, para venir de Almería a Madrid hay que principiar por embarcarse el raro día que algún vapor tiene la bondad de tocar aquel puerto de paso para otra costa de España”.

Fue a finales de siglo cuando esta tierra nuestra empezó a vislumbrar un rayo de luz en su futuro. Se produce un cambio de tendencia y la Almería de la desesperanza y la frustración encuentra el alivio en el auge de la minería y el comercio. Empieza un breve periodo de modernización con la realización de pequeñas y grandes obras. Son los años de la canalización de la rambla y de la construcción del ferrocarril, del levantamiento de señoriales construcciones civiles y del apogeo cultural (Villaespesa, Paco Aquino, el Ateneo, el Círculo). Años de prosperidad y optimismo, gracias al liderazgo social de una burguesía liberal emprendedora que no tuvo continuidad en el tiempo.
Almería, a principios del siglo pasado, tenía cerca de 400.000 habitantes, y, sin embargo, en 1.930, aquí no había más de 340.000 personas. Se entró en una dinámica de retroceso que se prolongó año tras año hasta consumir las tres primeras cuartas partes del siglo XX. El saldo migratorio de nuestra provincia arrastraba, década a década, datos alarmantes: -70.000 personas en el decenio 1920-1930, -57.000 en la década de los 50 y -42.000 en la de los sesenta. No es hasta el segundo lustro de los setenta cuando el padrón almeriense se encuentra con un saldo migratorio positivo.

Esta situación de empobrecimiento y abandono cambia de forma radical a partir del inicio de la década de los ochenta, una vez que desaparece el régimen franquista por la muerte del dictador y una vez que los gobiernos de la transición pusieron en orden las cosas para hacer congeniar un pasado que aún estaba muy reciente con un futuro que necesariamente tenía que ser totalmente distinto. Los últimos gobiernos de Franco, cuando ya empezaban a verse ciertos síntomas de modernidad, fueron tacaños con Almería. Aún se recuerda el enorme agravio que fue para nuestra provincia la construcción de la llamada Autopista del Mediterráneo, que en su proyecto de entonces venía Mediterráneo abajo, y justo al llegar a la provincia de Almería, abandonaba el mar para ir hacia el interior por el norte de la provincia hacia Granada. Gonzalo Fernández de la Mora, el ínclito Ministro de Obras Públicas de entonces, habló bien claro ante los medios de comunicación: “Los almerienses –dijo- con una buena carretera tienen bastante”. Quitaron cuatro curvas en Tabernas, en la Nacional 340. Suárez hizo un trabajo impagable: nada menos que trazar las líneas de la modernidad política de España, pero su esfuerzo no le dejó ni tiempo ni dinero para dedicar una sola peseta para la modernidad económica, que no llegó hasta los gobiernos de Felipe González. Y entonces fue cuando Almería empezó a salir del túnel hacia un futuro de progreso con la Autovía del Mediterráneo, la inversión pública más rentable que se ha hecho en Almería en todos los tiempos, incluidos los actuales.

Los últimos veinticinco años de la historia de Almería no tienen parangón con cualquier otro periodo de nuestra historia. Hemos pasado de ser una provincia deprimida, desolada, sin esperanza y desconfiada de su futuro, a ser una provincia pujante, dinámica, abierta, emprendedora y en constante ebullición. Almería ya no es la tierra de las legañas, la marginación y la emigración; ahora es la tierra de la A-92, de los Juegos Mediterráneos, de la Universidad, de la Autovía del Mediterráneo; es tierra de prosperidad, de bienestar y de esperanza, ya no es tierra de exilio, es tierra de acogida.

Para ilustrar esto, basten un par de datos estadísticos que hablan por sí solos:

- En tan solo cuatro años (entre 2000 y 2004, por referirnos a datos recientes), el incremento de población en algunos municipios de Almería ofrece cifras de sobresalto: Albox ha crecido en estos cuatro años el 11%, Antas el 13, Arboleas el 50, Cuevas el 14, El Ejido el 20, Los Gallardos el 43, Garrucha el 23, Huércal de Almería el 51, Níjar el 31, Pulpí el 34, Roquetas el 32, Turre el 14, Vera el 37. En este periodo nuestra provincia ha incrementado su población en un 12 %.

- En el último quinquenio el nivel de renta familiar ha crecido más del 50% en municipios como Arboleas, El Ejido, Los Gallardos, Garrucha, Huércal de Almería, Mojácar, Níjar, Pulpí, Roquetas, Vera y Viator. La subida media provincial ha superado el 45 %. Como punto de referencia habría que recordar que en este periodo la renta familiar ha subido en España un 36,2%. Estamos más de ocho puntos porcentuales por encima de la media española en crecimiento de renta familiar, y eso que el crecimiento español ya ha sido espectacular dentro del crecimiento europeo.

- Otro dato: Nuestra tasa de paro registrado (referida al total de la población) es de 2,7. En España, la tasa es del 3,8, mientras que en toda Andalucía es del 4,27.

La pregunta surge de inmediato: ¿Una provincia que se ha cimentado sobre estas bases, elaboradas en el periodo de un cuarto de siglo, puede adentrarse de nuevo en un periodo de retroceso, como ya lo hiciera a principios del siglo pasado? La respuesta es rotunda: no. Almería podrá vivir situaciones coyunturales de menor crecimiento motivadas por causas ajenas a la propia dinámica provincial, pero, ante situaciones generalizadas de progreso, Almería siempre va a estar en cabeza y unos cuantos peldaños por encima del resto de las provincias españolas y andaluzas.

Ahora bien, esto no significa que cuanto había que hacer ya está hecho y ahora nos toca vivir de las rentas. Hemos cubierto etapas muy importantes, pero aquí no hay una meta final. El esfuerzo de estos años nos ha situado en un lugar de privilegio para encarar el futuro, pero siempre se nos van a presentar, y de hecho se nos presentan ya, nuevos retos que los almerienses tenemos que afrontar con las mismas artes de valentía y unidad de acción que hemos utilizado hasta ahora. Veamos algunos de estos retos:

- Debemos definir y completar al mapa provincial de comunicaciones por carretera. La Autovía del Mediterráneo se está completando. La del Mármol se está empezando, pero no tenemos que olvidar que solamente hay adjudicado un tramo. Aún no hemos valorado la repercusión que va a tener en nuestra provincia la única autopista de peaje que vamos a tener, la Vera-Cartagena. Por cierto, aún no hemos conseguido encontrar el artífice de esta iniciativa viaria, que aún hoy produce incredulidad en muchos. Tenemos que definir cómo unir nuestros 300 kilómetros de costa con las grandes vías de comunicación.

- Tenemos que hacer realidad nuestras nuevas comunicaciones por ferrocarril, pasando de una vez de proyectos y anteproyectos a la ejecución de las obras.

- Tenemos que definir y si es posible consensuar las infraestructuras relacionadas con el agua.

- Seguimos teniendo en el aeropuerto de Almería una gran vía de comunicación escasamente aprovechada.

- Almería tiene un reto inmediato: definir, y bien, la ordenación de su territorio. Ahora mismo se están redactando planes generales con calificaciones de suelo capaces de ver en unos años cómo se levantan varios millones de viviendas. Los ayuntamientos firman convenios urbanísticos temerarios que son totalmente irrealizables. Alguien debe poner orden en el gallinero.

- Debemos procurar una mayor implicación de nuestra Universidad en la vida social y profesional de los almerienses. La Universidad es la escuela de los almerienses del futuro. De la calidad de la enseñanza que reciban hoy nuestros jóvenes va a depender la valía profesional de nuestros hombres y mujeres.

- Inmigración. Almería necesita a los inmigrantes, y las administraciones públicas están obligadas a generar políticas de integración social y de igualdad de oportunidades de los inmigrantes en igualdad de condiciones que los nativos.

- Debemos ser selectivos –aunque les agradecería que no me pregunten cómo hacerlo- a la hora de elegir a nuestros representantes en las instituciones, optando por aquellos que mejor defienden los intereses de Almería. No olvidemos una cosa: El cambio radical de Almería de estos veinticinco años no es sólo consecuencia de una coyuntura general favorable, ni tampoco sólo consecuencia de una sociedad atrevida dotada de iniciativas, sino que ha sido decisivo también el esfuerzo de muchos almerienses que, desde las instituciones sociales y políticas, han sabido transmitir los valores de nuestra tierra y la necesidad de crear sensibilidad hacia ella.

- Debemos definir el papel que va a jugar la agricultura en el futuro económico de Almería, si va a ser y debe ser tan importante como lo ha sido en el pasado reciente. El campo, sembrado de lechugas y de invernaderos, ha traído progreso para Almería. ¿Estamos seguros que ese mismo campo, sembrado de pisos, es la alternativa del futuro?

En definitiva, Almería en estos veinticinco años se ha enraizado como provincia próspera capacitada para afrontar todos los retos que el futuro le demande. Yo he enumerado tan solo unos pocos, pero la lista es mucho más larga. Si confiamos en nuestra capacidad, como hemos hecho hasta ahora, y si confían en nuestra capacidad, como han hecho hasta ahora, no cabe la menor duda de que este proceso de modernización que hemos iniciado ya no tiene camino de retorno. Muchas gracias.

El amigo tonto

Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


No sé, amigo lector, si vives o has vivido alguna vez una situación similar a la que yo padezco desde hace muchos años. Creo, y lo digo humildemente, que tengo una buena intuición para averiguar si un interlocutor mío es una persona inteligente, normal o más bien torpe. Me bastan diez minutos de conversación para recoger conclusiones, si bien es cierto que a veces me equivoco. Pero pocas.

Sin embargo, tengo un amigo, amigo de muchos años, que me tiene algo dislocado. No llego a concluir si es que es listo, muy listo el condenado, o es que es tonto, rematadamente tonto. Hubo una época en la que llegué a la conclusión de que, definitivamente, es tonto. Pero después cambié radicalmente de opinión en el tiempo aquél en el que el juez Liaño abrió un proceso judicial contra Prisa. Le comento un día: “Se ha empeñado Liaño en cargarse a Polanco”. Y él, impertérrito, me mira de soslayo, y medio saliéndole la voz del cuerpo me espeta: “Polanco se cargará a Liaño”. Y le dio una calada al cigarro como si tal cosa. Los acontecimientos, después, fueron los que fueron. Otro día le digo: “Ha hecho buen equipo Émery, a mejor nos mantenemos”. Y él me suelta: “Si no jugamos la UEFA, nos quedaremos cerca”. Jo.

El otro día me lo encontré en el Paseo, y me hizo una de sus preguntitas: “¿Cómo ves la cosa?”. Yo le respondí lo propio: “Pues ya ves”. A continuación es cuando me suelta una de ésas que me dejan atónito: “¿Y cómo crees tú que se arregla esto?” Aquí es donde me desconcierta. Esta pregunta, ¿es una pregunta de un tonto o de un listo? O sea, me digo, que estamos ante una crisis mundial que tiene aterrado a medio mundo, que son miles las eminencias que están trabajando duramente para hallar una solución, y ahora viene este lelo y quiere que yo resuelva el problema en un encuentro circunstancial. ¡Será tonto el tío! Y sí, ya no rectifico más, este amigo mío es tonto más que tonto. Rematadamente tonto.

sábado, 16 de agosto de 2008

De la Eurocopa a las Olimpiadas



Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es

Dentro de unos años, cuando se analice la evolución económica de España durante el segundo lustro del siglo XXI los estudiosos establecerán dos periodos claramente diferenciados: una mitad del periodo de progreso y dinamismo económico que culminó, a modo de guinda de regalo, con la obtención de la Eurocopa de Fútbol, y un segundo periodo, del mismo espacio de tiempo, que se inició, a modo de aviso de castigo, con el fracaso de nuestros deportistas en las Olimpiadas de Pekín.

A los españoles nos pasa como a los buenos coches: pasamos de cero a cien en unos pocos segundos. Hasta el día siguiente de la Eurocopa, teníamos un estado de ánimo efervescente arrastrados por la experiencia de un periodo de prosperidad tan positivo que hasta nos hizo olvidar que el principio básico de la economía se rige por el método de los dientes de sierra, es decir, que siempre, siempre, a una época de bonanza la sucede una época de recesión. Y viceversa.

Fue terminar la Eurocopa y empezar las Olimpiadas, y nuestros deportistas olímpicos parece que se están dejando llevar por el nuevo sentimiento de pesimismo que nos invade. A ellos, los que están en China, les cuesta trabajo conseguir un metal, y a nosotros, los que nos hemos quedado aquí viéndoles por televisión, hemos llegado a la conclusión de que la actuación de nuestros atletas no es otra cosa que la transposición del estado de ánimo en el que todos estamos sumidos. De pesimismo y de derrota. Nuestro Presidente, con buena intención, se supone, intenta remediar la situación económica, y por ende la deportista, con veinticuatro medidas de urgencia. Leídas una a una y con detenimiento, parece que ninguna de ellas van a servir para traernos de Pekín muchas medallas más. Si servirán o no para lo otro, para crear cierto optimismo económico, eso no lo sé; pero, en mi modesta opinión, creo que tampoco. También yo... pesimista. ¡Joder...!

jueves, 14 de agosto de 2008

Los Ayuntamientos, en bancarrota


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


La Ley Reguladora de las Haciendas Locales fija los ingresos permanentes de los Ayuntamientos en tres soportes básicos: las transferencias procedentes de la participación en los tributos del Estado y las comunidades autónomas, los tributos propios –tasas, contribuciones especiales e impuestos- y los percibidos en concepto de precios públicos. Desde la restauración de los ayuntamientos democráticos, va a hacer ahora treinta años, el caballo de batalla en las negociaciones sobre la financiación de las entidades locales ha girado siempre en torno a la necesidad de establecer un porcentaje considerable de participación de éstas en los presupuestos generales del Estado. La reivindicación histórica de los municipalistas pasa por dividir la tarta presupuestaria del Estado en cuatro cuartos: dos irían a parar al Estado, uno a las comunidades autónomas y el otro sería para las entidades locales (ayuntamientos, cabildos y diputaciones). En la actualidad, este porcentaje de participación ronda el doce por ciento

La intensidad de esta vieja reivindicación municipal se ha visto minorada en los últimos años por la aparición de un hecho extraordinario que ha aportado cuantiosos ingresos a las haciendas locales. Es el derivado del auge inmobiliario. El “boom” de la construcción ha alimentado en los últimos años de forma generosa las arcas municipales. Por varios conductos: vía enajenación de suelo procedente de cesiones obligatorias, vía plusvalías y vía impuesto sobre construcciones, instalaciones y obras. Incluso vía I. B. I.

Una vez que la construcción se ha venido abajo, esos ingresos extraordinarios han vuelto a niveles de recaudación habituales y los presupuestos municipales empiezan a resentirse. Pero nos encontramos con un problema: el funcionamiento de los ayuntamientos se ha organizado como si el auge inmobiliario no fuera una situación coyuntural, sino estructural. Las plantillas municipales se han multiplicado, en ocasiones hasta la exageración, y los gastos suntuosos e improductivos han ocupado un buen capítulo presupuestario. ¿Y qué hacemos ahora, cuando tenemos dificultades hasta para pagar la nómina final de mes? Giramos otra vez la vista hacía el mítico 50-25-25, pero ésta es una operación negociadora de largo plazo, y el problema requiere de medidas de inmediata aplicación. Muchos ayuntamientos han echado mano de los tributos clásicos, como el I. A. E., el I. B. I., el Impuesto sobre Vehículos y las tasas públicas para darles una subida cuantiosa, incluso no faltan quienes se han sacado de la chistera impuestos que permanecían en el baúl de los recuerdos de la prehistoria. Pero ni con esas. Era mucho el dinero que entraba con el ladrillo.

Y entonces es cuando vuelve a la palestra el eterno debate de la financiación municipal. Es cierto que en España el porcentaje de participación de los ayuntamientos en los ingresos del Estado está muy por debajo de la media europea. Pero también es cierto que muchos ayuntamientos establecen sus prioridades de gasto en clave electoral más que en clave de rentabilidad social. En numerosas ocasiones incluso se asumen como propios gastos en competencias que corresponden a otras administraciones, solapando inversiones y duplicando servicios. Es urgente y necesario, sí, establecer una financiación adecuada de las corporaciones locales para que puedan afrontar con dignidad las competencias que la legislación les concede. Pero también habría que recordarle a muchos alcaldes y muchas corporaciones que no se metan en camisa de once varas, que con lo que tienen, tienen bastante. Y que los tiempos de bonanza hay que aprovecharlos no para hacer fuegos de artificio, sino para compensar los tiempos de penuria que después siempre vienen. Porque no se olvide: Siempre vienen. Como ahora.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Gallarderos sin Fronteras


Emilio Ruiz
Director de La Cimbra
info@emilioruiz.es


Hace cinco años un grupo de vecinos de Los Gallardos, miembros de la Asociación Cultural para el Progreso de Los Gallardos, Acuproga, crearon una simpática distinción: el Gallardero sin Fronteras. Anualmente, por el mes de agosto, la Terraza Carmona de Vera hace de singular escenario de la asamblea general de socios, de la que sale elegida la persona premiada con el galardón. Hasta este año, las personas que han tenido este reconocimiento social han sido nativos del pueblo, pero en esta ocasión la reconocida ha sido una ciudadana británica, Eileen Kennedy.

La colonia británica es cada vez más numerosa en la provincia de Almería, no siendo el municipio de Los Gallardos una excepción. El camping La Perulaca aglutina a más de medio millar de ingleses, que prácticamente viven aquí todo el año, por lo que están empadronados en el municipio. Forman como una especie de isla dentro del término municipal, y sus relaciones las establecen casi siempre entre ellos mismos. Otros británicos, como es el caso de Eileen, dieron pronto al salto del camping al pueblo, y aquí compraron casa e intensificaron convivencia con los gallarderos. Fruto de estas relaciones, hoy Eileen ya es Elena, y su marido no es otro que Juan, dos vecinos más del pueblo, que viven las costumbres gallarderas, alternan con los gallarderos y sienten sus preocupaciones. Elena y Juan se han convertido por aclamación popular en cónsules honorarios de sus paisanos de origen a la vez que los máximos propagadores de la necesidad de hacer de la vida diaria un momento de convivencia dentro del respeto al lugar de nacimiento y a la diversidad.

Quienes hemos sido protagonistas en alguna etapa de nuestras vidas del éxodo de la miseria, hoy nos sentimos orgullosos de alternar los papeles para convertirnos en reconocedores del valor de la integración de otros que ahora vienen. Las vueltas que da la vida.